Patricia Ramírez, psicóloga, sobre cómo abordar la pereza: «Lo que me genera más fatiga lo hago cuando estoy más despierta»
Si quieres descubrir la verdadera clave para no posponer lo que tienes que hacer, este artículo te interesa

Una mujer perezosa | Canva pro
La pereza y la procrastinación han sido tradicionalmente asociadas a la falta de voluntad, a la indisciplina o incluso a un defecto personal. Sin embargo, la psicología actual cuestiona de forma contundente este enfoque. Patricia Ramírez, psicóloga especializada en gestión emocional y rendimiento, defiende que retrasar tareas no es un problema de actitud, sino una respuesta emocional ante el malestar que estas generan.
Un planteamiento respaldado por la evidencia científica y que invita a cambiar la forma en la que nos hablamos cuando no hacemos lo que «deberíamos». Así lo recoge un capítulo especializado publicado por Academic Press, el Capítulo 8, Procrastinación, regulación emocional y bienestar, en el que se explica que retrasar tareas se debe en gran medida a la priorización de estrategias de regulación emocional a corto plazo para aliviar estados de ánimo desagradables frente a la consecución de metas a largo plazo. Es decir, posponer una tarea no refleja falta de voluntad, sino un intento de manejar las emociones negativas que esa tarea provoca.
¿Cómo no procrastinar, según Patricia Ramírez?
Una de las claves que señala la psicóloga es aprender a colocar las tareas más exigentes en el momento del día en el que el cerebro funciona mejor. «Intento siempre que aquello que me genera más fatiga, lo que me gusta menos y lo que requiere mayor concentración, ponerlo en el momento en el que cognitivamente estoy más despierta, que para mí es la mañana, y la primera hora de la mañana», explica. Este enfoque coincide con los estudios sobre cronobiología, que muestran que el rendimiento cognitivo varía a lo largo del día y que forzar tareas complejas en horas de baja activación incrementa el cansancio y la evitación. Un artículo de Sports Medicine – Open demuestra que el cronotipo de cada persona influye en estas variaciones: los matutinos rinden mejor por la mañana, mientras que los vespertinos tienen menor desempeño en esas mismas horas, lo que evidencia que el momento del día afecta de manera significativa la eficacia cognitiva.

Ramírez tiene claro cuál es su cronotipo. «Yo soy una persona con un ritmo circadiano matutino, entonces si me levanto a las seis de la mañana estoy como unas castañuelas y me puedo concentrar súper bien», afirma. Por eso, reserva esas primeras horas para el trabajo que más esfuerzo le supone y deja para la tarde actividades más creativas o menos demandantes a nivel atencional. La psicóloga insiste en que no se trata de madrugar por obligación, sino de conocerse y adaptar la agenda al propio funcionamiento biológico, algo que reduce la fatiga mental y mejora la eficacia.
No negociar con la mente que boicotea
Otro de los puntos clave de su discurso es la relación con la voz interna que invita a postergar. Ramírez lo ejemplifica con una rutina habitual, salir a correr por la mañana. «Cuando un día no me apetece, lo que hago es no negociar con la mente, entonces hablo poco con esa parte de la mente que quiere boicotearte», explica. Para ella, es fundamental desterrar etiquetas simplistas. «No me gusta poner etiquetas, no es una mente perezosa, es una mente que va buscando el placer y boicoteando lo que le requiere más esfuerzo». Una idea que encaja con la psicología evolutiva, que describe al cerebro como un órgano diseñado para evitar el displacer y conservar energía.
Cómo hacer más llevaderas las tareas que no apetecen
Cuando una tarea genera malestar y no puede evitarse, Ramírez propone varias estrategias prácticas. La primera es preguntarse si realmente es necesario hacerla. Si la respuesta es sí, entonces recomienda buscar un horario adecuado, eliminar distractores como el teléfono móvil y cuidar el entorno. «Hacer el momento atractivo, poner una vela bonita, perfumar el sitio, música clásica, tomar un café o un té, es decir, rodearnos de una serie de estímulos que conviertan ese momento en algo más placentero», detalla.
Aceptar lo inevitable sin dramatizar
Por último, la psicóloga defiende una aceptación realista de aquellas tareas que no se pueden esquivar. «Como es un poco decirte, jódete, lo tienes que hacer, lo tienes que hacer, para qué vas a retrasar algo que tarde o temprano vas a tener que hacer». No desde la dureza, sino desde la comprensión de que posponer solo prolonga el malestar. En una sociedad donde la autoexigencia y la productividad se han convertido en norma, el enfoque de Patricia Ramírez aporta una mirada más humana y eficaz. Entender la pereza como una señal emocional y no como un fallo personal permite relacionarse de otra manera con el esfuerzo y construir hábitos más sostenibles en el tiempo.
