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Juan Antonio, médico del trastorno del sueño, sobre la siesta: «Si es de 20 o 30 minutos, mejora la memoria y el estrés»

Más allá de cerrar los ojos, es un mecanismo de recuperación integral que influye desde la memoria hasta el estado emocional

Juan Antonio, médico del trastorno del sueño, sobre la siesta: «Si es de 20 o 30 minutos, mejora la memoria y el estrés»

Siesta | Canva pro

Juan Antonio, especialista en trastornos del sueño, asegura que la siesta, esa pausa en medio del día, puede ser tanto un aliado como un enemigo del bienestar, dependiendo de cómo se haga. «Si es de 20 o 30 minutos, mejora la memoria y reduce el estrés», explica, destacando que no todas las siestas son iguales y que su duración y contexto marcan la diferencia.

La relación del ser humano con la siesta tiene matices históricos y culturales. Escritores, artistas y figuras públicas han practicado la siesta de formas muy distintas, dejando lecciones involuntarias sobre sus efectos. Camilo José Cela, por ejemplo, era famoso por su siesta prolongada, conocida coloquialmente como la de «pijama, padre nuestro y orinal». Esta práctica consistía en un descanso largo, que se extendía varias horas. Según los especialistas, este tipo de siesta puede ser perjudicial para la mayoría de las personas. «Cuando dormimos demasiado durante el día, alteramos el ciclo natural del sueño nocturno», advierte Juan Antonio. «El resultado es un descanso fragmentado y, además, un estado de ánimo alterado al despertar, con sensación de pesadez y cierta irritabilidad».

En el extremo opuesto, Salvador Dalí experimentaba con la llamada «siesta de la cuchara». Se sentaba con una cuchara entre los dedos y, al empezar a dormirse, la cuchara caía haciendo un clic que lo despertaba de inmediato. Era un descanso ultracorto, apenas unos instantes de relajación profunda. Este método permitía recargar energía sin afectar el sueño nocturno, pero, advierten los expertos, requiere una disciplina poco práctica para la vida cotidiana y no garantiza beneficios cognitivos duraderos.

La siesta ideal: 20 a 30 minutos

Entre estos dos extremos, Juan Antonio identifica la siesta ideal, aquella que se adapta al ritmo del cuerpo humano sin interferir con el sueño nocturno ni generar efectos negativos. «La siesta perfecta dura entre 20 y 30 minutos como máximo», dice. Esta duración corta permite que el cerebro se recargue sin entrar en fases profundas de sueño, que son las responsables de la somnolencia y la confusión al despertar tras siestas prolongadas. Durante estos breves periodos, se produce un aumento de la memoria y de la capacidad de aprendizaje, una especie de reset mental que mejora el rendimiento durante la tarde.

Siesta de 20 minutos

Beneficios fisiológicos de la siesta corta

Pero los beneficios no se limitan al ámbito cognitivo. Estudios publicados en la revista Obesity y realizado con más de 3,000 participantes en España, concluyó que las siestas breves de menos de 30 minutos se asociaron con un 21 % menos de riesgo de presión arterial elevada en comparación con quienes no dormían siestas durante el día. Según Juan Antonio, incluso una siesta breve puede ser un instrumento preventivo frente al agotamiento mental acumulado a lo largo de la jornada laboral. «Es un pequeño descanso que ayuda a equilibrar cuerpo y mente, siempre que se haga correctamente y en el momento adecuado del día», puntualiza.

Cómo hacer la siesta correctamente

El especialista recomienda que la siesta se realice preferentemente después de la comida y en un entorno tranquilo y oscuro. Evitar ruidos, luces fuertes o interrupciones es fundamental para que los beneficios se materialicen. Además, enfatiza que no todos los días requieren la misma necesidad de descanso; escuchar al propio cuerpo y respetar sus señales de cansancio es clave para sacar el máximo provecho de la siesta.

Contrario a la idea de que dormir durante el día es un signo de pereza, la ciencia respalda que estas breves pausas son una estrategia de recuperación mental y física. Juan Antonio destaca que, lejos de ser un lujo, la siesta puede ser una herramienta de productividad, creatividad y regulación emocional. «No se trata de dormir por dormir, sino de descansar de manera inteligente», subraya.

El contraste entre las siestas de Cela y Dalí muestra cómo las prácticas extremas pueden influir de manera diferente en la salud. La siesta prolongada puede llevar a un estado de somnolencia crónica y malestar, mientras que las siestas mínimas, como la de Dalí, aunque curiosas, son difíciles de sostener en la rutina diaria. La recomendación de los especialistas es encontrar un punto intermedio: un descanso breve, medido, que permita recargar energías sin comprometer el ritmo natural del sueño.

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