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Ya lo confirmó Noam Chomsky, filósofo: «El optimismo es una herramienta a disposición de todos para conseguir ser feliz»

La felicidad no es un destino seguro, pero es un horizonte alcanzable si utilizamos las herramientas a nuestro alcance

Ya lo confirmó Noam Chomsky, filósofo: «El optimismo es una herramienta a disposición de todos para conseguir ser feliz»

Noam Chomsky | Instagram

A sus 97 años, el pensador estadounidense ha reflexionado sobre política, lenguaje y poder, pero también ha dejado una huella profunda en la manera de entender la autonomía personal. Aunque nunca escribió un tratado específico sobre la felicidad, sus ideas ofrecen claves sólidas para construir bienestar emocional con criterio propio.

El filósofo propone tres caminos complementarios para alcanzar la felicidad; ninguno está por encima del otro, pero todos son esenciales para construir una vida plena. Y es que su legado nos invita a replantear cómo vivimos, trabajamos y tomamos decisiones. Aplicados al día a día, estos tres ejes pueden acercarnos a una existencia más coherente, equilibrada y satisfactoria.

1. El optimismo como estrategia, no como ingenuidad

Cuando Chomsky afirma que el optimismo es una estrategia para hacer un futuro mejor, no apela a una actitud naïf ni a un pensamiento mágico. Habla de una posición activa ante la realidad. El optimismo, en su planteamiento, es una herramienta práctica que empuja a actuar.

Adoptar una mirada optimista implica asumir que nuestras decisiones tienen impacto. Supone rechazar la resignación y apostar por la capacidad individual de transformación. Esta perspectiva conecta con lo que la psicología contemporánea identifica como sensación de agencia, es decir, la convicción de que nuestras acciones influyen en los resultados.

Lejos de la apatía, el optimismo exige resiliencia, metas con sentido y compromiso. Es una postura que fortalece la motivación y reduce la parálisis que genera la incertidumbre. No se trata de negar los problemas, sino de enfrentarlos con la certeza de que intervenir vale la pena.

2. Autonomía intelectual, la base del bienestar

Otro de los pilares del pensamiento chomskiano es la autonomía. Para el filósofo, nadie va a verter la verdad en nuestra mente. Comprender el mundo requiere curiosidad, análisis y pensamiento crítico. Esta defensa de la independencia intelectual tiene implicaciones directas en el bienestar emocional. Cuando una persona construye su propia visión de la realidad, desarrolla una identidad más sólida y menos vulnerable a la manipulación externa. La coherencia entre valores y decisiones refuerza la autoestima y la sensación de control.

Numerosos estudios en psicología respaldan esta idea: la percepción de autonomía es un factor determinante en la satisfacción vital. Un ejemplo claro lo ofrece un estudio empírico publicado en Social Indicators Research, que analizó datos de la European Quality of Life Survey, con más de 36 000 participantes en 33 países. El análisis encontró que las personas que perciben mayor autonomía, es decir, que sienten que tienen mayor control y libertad para decidir cómo vivir su vida, reportan niveles significativamente más altos de satisfacción con la vida, incluso cuando se controlan otras condiciones sociales y materiales. Chomsky lo planteó desde la filosofía política y lingüística, pero su alcance es profundamente personal. Pensar por cuenta propia no solo es un acto político, también es un acto de cuidado emocional.

3. Trabajar en lo que despierta curiosidad

En una sociedad que vincula éxito y felicidad con rendimiento constante, Chomsky propone una pregunta incómoda: ¿qué harías si no existiera la recompensa económica? Ordenar la vida en torno a aquello que despierta interés genuino transforma la experiencia cotidiana. Cuando las actividades diarias están alineadas con la curiosidad y la motivación interna, el trabajo deja de vivirse como una carga y se convierte en una fuente de energía y propósito.

Felicidad

El filósofo advierte, además, que la desconexión con nuestros intereses suele comenzar en la infancia, cuando la curiosidad natural se sustituye por estructuras rígidas y obligaciones externas. Recuperar esa curiosidad es, en su planteamiento, un acto de coherencia personal. Y es que no se trata de ignorar la realidad material, sino de no perder de vista aquello que nos moviliza de verdad. La coherencia entre vocación y acción fortalece la identidad y reduce el malestar que produce la rutina vacía.

Una felicidad construida desde dentro

Las tres ideas convergen en un mismo punto: la felicidad no se impone desde fuera, se construye desde dentro. Optimismo activo, autonomía intelectual y alineación con la curiosidad personal forman un triángulo que sostiene una vida con sentido. Chomsky no ofrece recetas rápidas ni fórmulas universales. Su propuesta es más exigente y, precisamente por eso, más sólida. Pensar, elegir y actuar con conciencia. Apostar por una mirada optimista que impulse el cambio. Defender la libertad de criterio como base de la identidad.

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