Noam Chomsky (97), filósofo, sobre la felicidad: «El único trabajo que debería dominar tu vida es el que harías gratis»
Este planteamiento invita a repensar la educación y la motivación, marcando un camino hacia una vida más plena

Noam Chomsky | Europa Press
A los 98 años, Noam Chomsky sigue desafiando las ideas convencionales sobre la vida, el trabajo y la felicidad. Para el filósofo y lingüista, la pregunta no es cuánto se trabaja, sino cuál es el trabajo que debería ocupar un lugar central en nuestra existencia. Su respuesta es clara y rotunda: «El trabajo que merece dominar la vida es aquel que harías incluso sin que te pagaran por él». Esta premisa, sencilla en apariencia, revela un análisis profundo sobre la conexión entre motivación, sentido y bienestar.
Chomsky sostiene que la desconexión entre trabajo y satisfacción personal no surge de repente en la adultez, sino que se inicia en la infancia. «Los niños son curiosos por naturaleza, quieren explorarlo todo, pero eso generalmente se les quita de la cabeza», señala. Las escuelas y estructuras sociales reemplazan la curiosidad por la obligación, y lo que era exploración se convierte en cumplimiento de normas. El resultado es lo que Frithjof Bergmann llamó «pobreza del deseo», una incapacidad aprendida para reconocer lo que uno realmente quiere hacer. El talento sigue allí, pero la dirección y la motivación se pierden en la inercia de cumplir expectativas ajenas.
Esta erosión de la curiosidad y la motivación tiene consecuencias directas en la vida adulta. Chomsky compara la educación con el aprendizaje por interés. «Si estudias porque tienes que aprobar un examen, puedes obtener buenos resultados, pero dos semanas después lo has olvidado todo», afirma. Cuando el aprendizaje nace del deseo personal, del error y de la experimentación, los conocimientos se consolidan y se vinculan a la experiencia vital, en lugar de ser simples instrumentos de aprobación externa.
Cuando el trabajo deja de ser empleo y se convierte en propósito
El mismo patrón se repite en el ámbito laboral. Un trabajo que solo busca satisfacer criterios ajenos deja de ser una expresión de habilidades y pasiones personales y se convierte en una rutina vacía de significado. La psicología experimental respalda esta idea desde los años setenta: Mark Lepper, David Greene y Richard Nisbett demostraron que recompensar una actividad placentera puede disminuir el interés intrínseco por ella. Niños que dibujaban por gusto perdían motivación cuando se les prometía un premio. La recompensa externa desplazaba al placer de la actividad misma, mostrando cómo el sentido se erosiona cuando la motivación se deslocaliza.
Chomsky ilustra este fenómeno con la figura del artesano. «Si produce un objeto hermoso por encargo, podemos admirar lo que hizo, pero despreciamos lo que es, una herramienta en manos de otros». La tarea es idéntica, pero pierde dignidad y sentido. Wilhelm von Humboldt había anticipado esta idea: el trabajo es plenamente humano cuando permite reconocerse en lo que se hace, no cuando reduce al individuo a una pieza intercambiable del sistema productivo.
«Autonomía y sentido por encima de salario»
El impacto de esta pérdida de sentido se refleja en las cifras del mercado laboral español. Según el informe de RRHH 2025 de Personio, el 36% de los trabajadores planea cambiar de empleo, citando no solo razones económicas, sino también falta de autonomía, desarrollo y reconocimiento.

La rigidez horaria de nueve a cinco y la vuelta obligatoria a la oficina generan resistencia, especialmente entre las generaciones jóvenes que buscan decidir cómo y cuándo trabajan. El peso de los títulos académicos también cede terreno frente a competencias y potencial, confirmando que la motivación y la pasión genuina tienen más valor que la mera obediencia a expectativas externas.
«No dejar que el trabajo ocupe toda la vida»
No obstante, Chomsky advierte sobre el riesgo de convertir la pasión laboral en un desbalance vital. Tras la muerte de su esposa, se sumergió casi por completo en el trabajo, relegando el ocio y la vida social. Reconoce que ese no es un modelo saludable: la felicidad no se encuentra solo en la dedicación plena a una actividad significativa, sino en equilibrarla con otros aspectos de la vida.
El mensaje final del pensador es claro: encontrar un trabajo que conecte con nuestras pasiones es fundamental, pero nunca debe reemplazar el resto de la vida. La verdadera felicidad no reside únicamente en cumplir metas profesionales, sino en mantener la autonomía, la creatividad y el deseo intactos, desde la infancia hasta la adultez.
En un mundo donde la presión por producir y competir crece, recordar que «el único trabajo que debería dominar nuestra vida es aquel que haríamos gratis» se convierte en un faro para quienes buscan sentido más allá del salario, en la autenticidad y la dignidad de cada acción cotidiana.
