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Ya adelantó Epicteto, filósofo, el camino correcto hacia la felicidad: «Primero define quién quieres ser, luego vive como esa persona»

No somos ese momento de impulsividad en el que explotamos, sino las acciones diarias que elegimos con un propósito

Ya adelantó Epicteto, filósofo, el camino correcto hacia la felicidad: «Primero define quién quieres ser, luego vive como esa persona»

Epicteto | Canva pro

Ya lo advirtió Epicteto hace casi dos mil años: La felicidad no es un golpe de suerte ni una emoción pasajera, sino la consecuencia de vivir en coherencia con tus valores y, por tanto, con lo que dices y haces. «Primero tienes que decidir quién quieres ser, después debes actuar en consecuencia», recoge Flavio Arriano en sus Discursos, el testimonio más fiel de un maestro que nunca escribió, pero que enseñó a generaciones enteras a pensar antes de actuar, y esta era una de sus frases más comunes.

La frase, rescatada recientemente por Joseph Piercy en su libro El pequeño libro de la sabiduría estoica publicado por Deusto, adquiere hoy una dimensión inesperada. Cada día haces cosas que definen tu identidad sin darte cuenta: cómo te vistes, cómo te maquillas, de qué manera afrontas el día o cómo hablas a los demás. Son decisiones aparentemente menores, casi automáticas, pero todas ellas consolidan una versión de ti mismo.

La identidad se construye en los gestos cotidianos

Vivimos en piloto automático. Nos levantamos, elegimos ropa según la inercia del armario, respondemos mensajes con fórmulas aprendidas, reaccionamos ante el estrés con respuestas repetidas. La acción precede al pensamiento. Y ahí es donde el estoicismo levanta la mano y nos da una lección.

En el libro tercero de los Discursos, Epicteto insiste en algo esencial: antes de actuar, conviene examinar el juicio que guía esa acción. No se trata de reprimir la espontaneidad, sino de preguntarse qué idea está sosteniendo el gesto. ¿Te vistes para agradar a los demás, para protegerte, para encajar o para expresar autoridad? ¿Hablas con firmeza porque así eres o porque temes no ser escuchada? ¿Te maquillas por juego estético o por inseguridad? La diferencia no está en la acción visible, sino en el razonamiento previo que explica por qué haces lo que haces.

La importancia de vivir con propósito

Del piloto automático a la conciencia deliberada

Frente a la frase común hoy de «sé tú mismo», entendida como pura naturalidad, el estoico propone algo más exigente. Y es que no basta con dejarse llevar por lo que se siente en el momento. Para Epicteto, la identidad no es un descubrimiento pasivo, es una decisión moral. No dijo «descubre quién eres», dijo «decide quién quieres ser». Ese matiz transforma por completo la conversación.

En esa línea también dialogan otras voces clásicas. Séneca defendía que no hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige. Marco Aurelio, en sus Meditaciones, se recordaba a sí mismo cada mañana el tipo de persona que aspiraba a encarnar ante la adversidad. No era un ejercicio de rigidez, sino de conciencia.

Hoy, sin embargo, la cultura de la inmediatez premia la reacción rápida. Se valora la autenticidad entendida como impulso. Se confunde naturalidad con verdad. Pero reaccionar sin filtro no siempre equivale a ser fiel a uno mismo. A veces solo se trata de repetir patrones no cuestionados. Al final, con conciencia, introspección y trabajo sobre uno mismo, se llega a ser la persona que tienes en mente. No es al azar: es esfuerzo y constancia para convertirse en esa persona que tanto deseas.

Coherencia, la clave silenciosa de la felicidad

Negociamos con nuestra identidad a diario. Si tienes una reunión importante, eliges un conjunto que proyecte seguridad. Si sales a entrenar, priorizas comodidad y rendimiento. Si tienes un evento especial, eliges un maquillaje más especial. Esas elecciones no son superficiales, hablan de cómo quieres ser percibido y, sobre todo, de cómo deseas sentirte. La clave está en que esa construcción no sea inconsciente, sino consciente, que lo hagas por un para qué alineado contigo.

El piloto automático puede resultar cómodo, incluso necesario en ciertas rutinas, pero cuando se convierte en norma, erosiona la coherencia. Y la coherencia es, para el estoicismo, el camino hacia la serenidad. No porque elimine los problemas, sino porque reduce la fractura interna entre lo que piensas, lo que dices y lo que haces. Una idea que también defendía Mahatma Gandhi al afirmar que la felicidad se alcanza cuando pensamiento, palabra y acción están en armonía.

La propuesta de Epicteto no exige una transformación radical de un día para otro. Empieza en lo pequeño. Antes de responder con ironía, pregúntate si esa es la persona que quieres ser. Antes de aceptar un compromiso por presión social, cuestiona si encaja con tu escala de valores. Antes de vestirte para una cita, decide qué versión de ti deseas reforzar. En conclusión, el filósofo nos invita a desarrollar un grado de autoconocimiento necesario para elegir quiénes queremos ser, sin dejarnos llevar por los demás, por la rutina o por cualquier otra influencia externa.

Cada gesto cotidiano es una confirmación. No somos solo lo que sentimos en un momento concreto, sino lo que elegimos sostener a lo largo del tiempo con constancia. La identidad, lejos de ser una etiqueta fija, es una construcción ética en evolución. Y en tiempos de ruido, prisa y distracción, detenerse a examinar el juicio que precede a la acción puede ser el acto más revolucionario de todos.

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