Maggie O'Farrell, escritora: «Hay una felicidad que es como un cristal fino y que siempre corre el riesgo de romperse al menor descuido»
La felicidad se presenta como algo frágil, sensorial y profundamente humano en los libros de la exitosa novelista

Las reflexiones sobre la felicidad de Maggie O'Farrell | Contacto
Maggie O’Farrell es una de las escritoras más exitosas de la actualidad. La británica, de 53 años, ha logrado algo poco común: combinar una gran calidad literaria con una conexión emocional profunda con el lector. Su estilo, preciso y emocional, transforma experiencias íntimas —la pérdida, el amor, la enfermedad o la memoria— en relatos universales, mientras que su capacidad para construir personajes complejos y vivos hace que sus historias perduren y que incluso se conviertan en películas, como ha sucedido con Hamnet, una novela que, además, ganó el Women’s Prize for Fiction en 2020 y ha sido un fenómeno internacional con millones de ejemplares vendidos.
Hay un tipo de alegría que no hace ruido. Es la alegría de saber que no necesitas nada más de lo que el mundo ya te ha dado
A este éxito se suman otros títulos que también han sido bestsellers, como Sigo aquí, sus memorias sobre experiencias cercanas a la muerte, que permanecieron durante semanas en las listas de más vendidos en Reino Unido, o Retrato de casada. Incluso obras anteriores, como La primera mano que sostuvo la mía, ganadora del Costa Novel Award, ya habían consolidado su reputación como una autora capaz de aunar éxito comercial y prestigio literario.
La felicidad para Maggie O’Farrell
La obra de Maggie O’Farrell propone una idea de la felicidad que se aleja radicalmente de los discursos simplificados o optimistas. En sus libros no hay fórmulas ni certezas tranquilizadoras, sino una exploración profunda de lo frágil, lo corporal y lo imprevisible. Para ella, la felicidad no es un estado continuo, sino algo que aparece —a veces casi sin ser visto— en medio de tragedias que hay que esquivar.
La vida es una moneda que se lanza al aire cada mañana. La buena vida es saber que, por hoy, ha caído del lado que te permite seguir caminando
O’Farrell sugiere que vivimos como si la vida real estuviera siempre por empezar, como si lo importante nos esperara más adelante. Sin embargo, su literatura desmonta esa ilusión. En sus libros, defiende que la buena vida está hecha de los momentos intermedios, de todo aquello que solemos pasar por alto.

En este sentido, su obra es también una reflexión sobre la resiliencia, ya que desvela que la felicidad no es la ausencia de dolor, sino aquello que logramos construir sobre él. Podríamos decir que la novelista escribe sobre una «felicidad precaria». No se trata de una meta estable, sino de un equilibrio delicado que se mantiene, casi milagrosamente, en medio del caos.
La vida como milagro cotidiano: Sigo aquí
En este libro de memorias, Maggie O’Farrell formula con mayor claridad su concepción de la vida. A través de 17 episodios en los que estuvo cerca de morir, redefine la buena vida como el hecho —improbable y extraordinario— de seguir aquí.
- Sobre la gratitud de existir, escribe: «Estamos aquí, después de todo; somos el resultado de una improbable cadena de circunstancias. Existimos, y eso es suficiente». «Estamos todos a un solo paso, a un milímetro, a un segundo de una vida distinta».
- Sobre la intensidad del presente: «Vivir es una ocupación de tiempo completo, un estado de alerta constante, una gratitud que a veces pesa tanto como el plomo».
La felicidad no es un destino al que llegas y te quedas. Es más bien como el rastro de un avión en el cielo: hermoso, claro por un momento, y luego se desvanece para recordarte que estuviste allí, que volaste
En estas páginas, la buena vida no se mide en logros, sino en la conciencia del propio pulso. Tras sobrevivir a una encefalitis infantil y a numerosas situaciones límite, su visión adquiere una dimensión casi biológica, en la que vivir es, prácticamente, resistir. Aparece aquí el concepto del «casi». Maggie O’Farrell asegura que solo comprendemos la alegría de estar vivos cuando entendemos lo cerca que estamos de no estarlo.
La felicidad se sitúa en ese espacio entre un peligro y el siguiente. En este libro, la buena vida se convierte en una victoria diaria frente al azar:
- «La vida es una serie de respiraciones que tomamos por sentado hasta que una de ellas falla».
- «A veces me pregunto si la verdadera felicidad no es más que la ausencia de miedo, o si es algo más activo, un tipo de agradecimiento feroz por el simple hecho de que tus pulmones sigan llenándose de aire».
- «Aprendí que la vida es una moneda que se lanza al aire cada mañana. La buena vida es saber que, por hoy, ha caído del lado que te permite seguir caminando».
La felicidad de lo cotidiano: Hamnet
En Hamnet, la felicidad adopta una forma más íntima y silenciosa, profundamente ligada a la naturaleza y a la vida doméstica. Aquí, la buena vida no está en la ambición ni en el reconocimiento, sino en lo tangible, en lo que se puede tocar, oler y cuidar:
- «Hay una felicidad que es como un cristal fino: clara, hermosa, pero que siempre corre el riesgo de romperse al menor descuido».
- «Ella es un jardín en el que él puede caminar; ella es una casa en la que él puede vivir».
A través de Agnes, O’Farrell propone una forma de vida basada en los sentidos. Su felicidad reside en el conocimiento íntimo del mundo natural: las plantas, el clima, los ciclos invisibles… Aquí emerge una idea fundamental: la inteligencia del cuerpo. Vivir bien implica estar conectado con lo sensorial, con aquello que no necesita palabras. La protagonista encuentra plenitud cuando actúa, cuando percibe y cuando cuida.
Hay una felicidad que es como un cristal fino: clara, hermosa, pero que siempre corre el riesgo de romperse al menor descuido
La vida doméstica aparece, además, como un refugio frente al ruido exterior:
- «Ella entiende que la vida no se mide por los años, sino por la intensidad de la luz que uno es capaz de ver en las cosas pequeñas».
- «Ella no es alguien que pueda ser contenida por cuatro paredes. Su felicidad tiene el olor del romero y la textura de la tierra húmeda; necesita el cielo abierto para saber quién es».
- «Hay un tipo de alegría que no hace ruido. Es la alegría de observar cómo crece algo que tú has plantado, de entender el lenguaje secreto de las abejas y de saber que, en ese instante, no necesitas nada más de lo que el mundo ya te ha dado».
La felicidad como rastro y memoria: La primera mano que sostuvo la mía
En La primera mano que sostuvo la mía, O’Farrell explora la felicidad desde la juventud, y la buena vida aparece como expansión, como descubrimiento del propio lugar en el mundo. «Esa sensación de que el mundo es ancho y de que tú eres el centro, de que todo lo que ves te pertenece de alguna manera porque tienes el poder de observarlo», escribe.
La vida no se mide por los años, sino por la intensidad de la luz que uno es capaz de ver en las cosas pequeñas
En esta obra, la felicidad no es estable, sino fugaz, construida a través de vínculos y recuerdos:
- «La felicidad no es un destino al que llegas y te quedas. Es más bien como el rastro de un avión en el cielo: hermoso, claro por un momento, y luego se desvanece para recordarte que estuviste allí, que volaste».
- «Amar a alguien es aceptar que tu felicidad ahora depende de un hilo que tú no sostienes. Es aterrador, pero es la única forma de vivir que merece la pena».
El arte como espacio de libertad: Retrato de casada
En esta novela, centrada en Lucrezia de’ Medici, Maggie O’Farrell introduce otra dimensión de la buena vida: la autonomía interior. Cuando el mundo exterior es opresivo, la libertad se desplaza hacia dentro.
La vida es una moneda que se lanza al aire cada mañana. La buena vida es saber que, por hoy, ha caído del lado que te permite seguir caminando
La obra establece un contraste claro entre la riqueza material, que puede ser una forma de vacío, y la creación —observar, mezclar pigmentos, imaginar—, que la autora presenta como la riqueza auténtica:
- «Cuando tiene un pincel en la mano, el tiempo deja de ser una amenaza. Ese es el único momento en que ella es verdaderamente dueña de su destino, donde el mundo exterior desaparece y solo queda la verdad de lo que ella elige crear».
- «Vivir bien es, a veces, el acto de resistencia de mantener un jardín secreto en tu mente, un lugar donde nadie más pueda entrar y donde tus pensamientos sean libres».
Los libros de Maggie O’Farrell, como vemos, son profundamente honestos. Vivir bien, en su universo, implica aceptar la fragilidad y, aun así, elegir amar, crear o prestar atención a las pequeñas cosas. Su idea de la felicidad es una manera de habitar el mundo con plena conciencia de su inestabilidad y, precisamente por eso, hacerlo con una intensidad mayor.
