Adiós a la rutina coreana: descubre los tres hábitos clave para una piel radiante
Siguiendo las recomendaciones de la Dra. Molina, queda claro que un rostro saludable no es solo cuestión de cosméticos

Una piel radiante | Canva
En un episodio de Lo que tú digas, el canal de YouTube del periodista Alex Fidalgo, la Dra. Ana Molina, dermatóloga reconocida, compartió una reflexión que ha resonado profundamente entre los seguidores del cuidado de la piel. Sus palabras ponen en duda la eficacia de los suplementos, cosméticos caros y el colágeno como soluciones mágicas para lograr una piel radiante y en «rutinas coreanas de 20 pasos». En su lugar, enfatiza que la verdadera clave para una piel sana, fuerte y luminosa radica en la alimentación y hábitos de vida saludable. Pero, ¿qué significa exactamente esto y por qué es tan importante?
1. La alimentación: la base de una piel sana
El dicho «somos lo que comemos» cobra especial relevancia cuando hablamos de la salud de la piel. La Dra. Molina sugiere que en lugar de gastar grandes sumas de dinero en productos cosméticos con promesas exageradas, es más sensato invertir en una buena cesta de la compra llena de alimentos frescos y naturales. Algunos de los nutrientes más importantes para la piel incluyen:
- Antioxidantes: presentes en frutas y verduras, como los arándanos, las espinacas y los tomates, ayudan a combatir el daño de los radicales libres y el envejecimiento prematuro.
- Ácidos grasos esenciales: encontrados en el aguacate, el aceite de oliva y los frutos secos, contribuyen a mantener la piel hidratada y elástica.
- Proteínas de calidad: carnes magras, pescados y legumbres proporcionan los aminoácidos necesarios para la regeneración celular y la producción de colágeno natural.
- Vitamina C: presente en cítricos, pimientos y kiwis, es fundamental para la producción de colágeno y la cicatrización.
- Agua: la hidratación es esencial para mantener la elasticidad y luminosidad de la piel.
Cuando la alimentación es deficiente en estos nutrientes, es más probable que aparezcan problemas cutáneos como sequedad, pérdida de firmeza y signos de envejecimiento prematuro.

2. Ejercicio físico
Además de la dieta, la Dra. Molina menciona que la actividad física es una pieza clave en el rompecabezas del bienestar cutáneo. Ya que el ejercicio regular no solo ayuda a mantener un peso saludable y una buena circulación, sino que también tiene efectos directos sobre la piel:
- Aumenta la oxigenación y el flujo sanguíneo, lo que ayuda a nutrir las células de la piel y a eliminar toxinas.
- Reduce el estrés, un factor que contribuye a problemas cutáneos como el acné y la inflamación.
- Favorece la producción de colágeno de manera natural, ayudando a prevenir la flacidez y las arrugas.
3. El papel de los cosméticos: complemento, no milagro
Si bien existen productos dermatológicos que pueden mejorar la apariencia de la piel y ofrecer beneficios específicos, es importante entender que no pueden sustituir una mala alimentación o un estilo de vida poco saludable. El mercado de la cosmética está lleno de promesas de «piel perfecta en pocos días», pero la realidad es que ningún producto puede hacer magia si no hay un cuidado interno adecuado. Es preferible invertir en productos básicos, pero efectivos, como un buen protector solar, un limpiador suave y una crema hidratante adaptada a las necesidades individuales de la piel, en lugar de caer en la trampa de los cosméticos excesivamente caros que prometen resultados milagrosos.
Un enfoque integral para la salud de la piel
La opinión de la Dra. Molina nos recuerda que la piel es el reflejo de nuestra salud general. Un estilo de vida saludable no solo tiene un impacto positivo en la apariencia externa, sino que también mejora el bienestar físico y mental. La clave está en adoptar hábitos sostenibles a largo plazo:
- Seguir una alimentación rica en nutrientes esenciales.
- Realizar actividad física de manera regular.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol y tabaco.
- Mantener una rutina de sueño adecuada.
- Reducir el estrés y cuidar la salud emocional.