THE OBJECTIVE
El archivo del buitre

El giro guardiolista y la recogida de cable de tertulianos con demasiadas ganas de aplaudir

Si los tertulianos fueran como los de la galaxia Pedrerol, ahora bien se podría poner un cartel grande de ‘retratados’

Érase una vez una política del partido A que se presentó a las elecciones de cierta comunidad asegurando que su objetivo era gobernar en solitario y acabar con el largo mandato del partido B. Por desgracia, los votantes no le dieron suficiente apoyo para gobernar en solitario y tenía que decidir entre la opción de pactar con un partido C (A y C sumaban más que B) y poder ejecutar un programa electoral que consideraba el mejor para su región o hacer honor a su palabra de que sólo gobernaría en solitario y, por tanto, a pesar de que el partido C le daba su apoyo si repartía sillones, la política del partido A decidió que su palabra era sagrada y que, por tanto, renunciaba a ocupar aquella poltrona y dejaba gobernar al candidato B, por ser más votado.

Esa y sólo esa hubiera sido la forma de actuar que hubiera justificado una movilización tertuliana de todos los comentaristas, columnistas y opinadores de lo ‘políticamente correcto’ a favor de María Guardiola. El momento en que ella hubiera comunicado que, a pesar de que Vox le ofrecía ser presidenta si repartía el botín, ella en conciencia consideraba que no podía cumplir su compromiso y era capaz de renunciar a una presidencia asegurada para que nadie la pudiera tachar de mentirosa, era el momento en que se hubiera justificado que todos los comentaristas diestros y siniestros, Bustos, Iragos, Escolares y Pilaresgomez, salieran en tromba a aplaudirla.

Lo extraño es que ese nunca fue el caso de María Guardiola. La presidenta del PP de Extremadura nunca se negó a pactar con Vox. Desde la misma noche electoral, dejó claro que quería el apoyo de los partidarios de Santiago Abascal. Por tanto, no era un problema ideológico profundo, era simplemente una cuestión de reparto: no quería repartir consejerías con nadie, un capricho un tanto extraño si sabía sumar y conocía la composición de la Asamblea de Extremadura.

Pero parece que la profesión tertuliana tenía tales ganas de aplaudirla, que a pesar de que la línea argumental de Guardiola era bastante insostenible, y que parecía fácil temer que esa posición se pudiera derrumbar en pocas semanas (al final, sólo duró una), no se contuvieron ni un día para presentar a María Guardiola como una heroína nacional por el gran mérito de, al parecer, querer gobernar con los votos de Vox, pero acaparando ella todos los consejeros bajo la amenaza de que si los verdes se negaban, forzaba una repetición electoral.

Antonio García Ferreras: «María Guardiola: nos encontramos que alguien que quiere respetar su programa electoral. Sorprende una posición tan firme».

Rodolfo Irago: «María Guardiola me parece impecable (…) es lo que el PP debe hacer (…) no caer en las agendas de Vox. Ojalá en todos los territorios hicieran lo mismo».

Nativel Preciado: «María Guardiola nos ha dado una lección de racionalidad política. Defiende unas ideas (…)».

Pilar Gómez: «María Guardiola ha sido totalmente consecuente. Hay que felicitar a los políticos que cumplen su palabra y María Guardiola es de los pocos que lo hace. (…) Hay que ser coherente y ha marcado un camino que es el que tiene que llevar Feijóo. Feijóo tiene que ser igual de claro que María Guardiola, porque no todo vale para entrar en La Moncloa».

Santiago Martínez-Vares: «María Guardiola es la verdad con patas (…) una mujer de principios y de palabra».

Daniel Gascón: «María Guardiola nos provoca, no sé si cierta admiración, pero mantiene su posición con coherencia».

Jorge Bustos: «La decisión de María Guardiola [de no establecer un gobierno de coalición con Vox] es valiente y coherente. Y supone cumplir el mensaje de campaña. (…) No quiere hacer el cambio en Extremadura a cualquier precio. (…) Me gusta la gente de palabra y valiente como ella».

Ignacio Escolar: «Yo creo que es bastante encomiable que la candidata del PP en Extremadura mantenga su palabra dada. (…) Creo que está muy bien lo que está haciendo María Guardiola en Extremadura».

Joaquín Prat: «Yo creo que el riesgo que asume le va a salir bien [a María Guardiola por su decisión de no hacer gobierno en coalición con Vox] y, por fin, por fin tenemos políticos consecuentes». 

Si los tertulianos políticos fueran como los de la galaxia Pedrerol, ahora bien se podría poner un cartel grande de ‘retratados’. Ninguno quiso esperar a ver si Guardiola renunciaba a ser presidenta de Extremadura por cumplir esos principios tan firmes que decía tener, única actitud que merecería tales elogios, recordando a aquel Felipe González que renunciaba a su cargo en el PSOE por no acatar el marxismo, o a aquel Pedro Sánchez que renunciaba a ser diputado para no abstenerse en la investidura de Rajoy.

Pero estos nuestros tertulianos parecían tener tal entusiasmo por romperse las manos ante la nueva lideresa de centro-chupi-guay extremeña que la canonizaron como la nueva esperanza de la política desde el minuto uno. Seguramente los tertulianos de cuota progresista la aplaudían viéndola como una herramienta útil para hacer daño a la derecha y los tertulianos de cuota pepera la aplaudían para sentirse ‘guays’ y anti-ultras, o quizá, simple y llanamente, porque llevan en los genes aplaudir todo lo que salga de Génova 13.

Mientras María Guardiola firmaba este viernes su gobierno de coalición con Vox, tendrá que pensar un nuevo relato para ser heroína. Quizá pueda vender que ha hecho un gran sacrificio: «He renunciado a ser elogiada por Toni Bolaño o Sardà, para poder servir a los extremeños sentándome en la poltrona». Visto lo visto, seguro que encuentra a alguien dispuesto a aplaudirla.

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