THE OBJECTIVE
Hastío y estío

Begoña y Pedro en el día de los enamorados

«Es un matrimonio donde el poder del amor se confunde con el amor al poder. Un anillo para gobernarlos a todos»

Begoña y Pedro en el día de los enamorados

Ilustración de Alejandra Svriz.

Hoy es el día de los enamorados. Una cursilada más creada para desprestigiar lo que se supone que se quiere destacar. Cuando hay que poner el amor en el centro es porque este estaba dejado de lado. Sólo tiene sentido celebrar lo excepcional, lo milagroso, qué narices, me han convencido, hacen bien en festejar este día entonces. Inviten a su pareja a La Tagliatella, perfúmense con su colonia de Hugo Boss, pónganse su camisa menos arrugada y regalen a su pareja una rosa y una caja de bombones. A los postres «sorprendan» a su amor con un cofre de experiencias consistente en pasar un fin de semana en un hotel rural con visita a la bodega más cercana, donde incluye una cata y las ganas de morirse. Un lugar donde sentir el vacío existencial tanto por dentro como por fuera. 

También es verdad que el amor es un sentimiento tan personal que no hay dos personas que lo sientan de la misma manera, ni que sepan definirlo del mismo modo. En un momento de aburrimiento del que gocé ayer, me puse a pensar en cuantas personas podía decir que las amaba. Un conteo donde entraba el amor tanto familiar, como de amistad y pareja, como otras posibilidades. Después de tachar e incluir a otras el número que me salió finalmente fue el de 44. Un sudor frío me recorrió la espalda al pensar sí sería recíproco, y conocer la respuesta. 

Pero si hay una pareja en España que representa como ninguna otra el amor romántico es la de Begoña Gómez y Pedro Sánchez. Un matrimonio, el que forman, donde el poder del amor se confunde con el amor al poder. En definitiva, un anillo para gobernarlos a todos. Tolkien fue un principiante al lado de esta pareja a la hora de imaginar mundos que se hicieran realidad. El Falcon siempre supera a la ficción a la hora de viajar por lugares inimaginables. Han demostrado que tanto el amor como la política es cosa de dos, y que cuando van unidas se convierten en una materia tan delicada y sensible como indestructible. 

Pedro Sánchez quiso dar una muestra de ello cuando se retiró a pensar durante cinco angustiosos días si su amor al poder le compensaba el ultraje sufrido por su amada Begoña Gómez. Todos podemos corrompernos, pero no el amor. El amor no puede pensar que la persona por la que lo sientes caiga en esas bajezas tan lejanas al sentimiento más puro. Y es que el poder necesita del amor para sentirse inexpugnable. Sin este se debilita, y se convierte en algo tan vulgar como la fuerza sin control. 120 horas durante las que el sentimiento más universal y necesario estuvo secuestrado por su lado más vil, el del egoísmo.

No hay deliberación posible cuando el amor está de por medio. Si dudas de la prioridad del amor romántico, es porque hay otro más excitante y bello, por lo menos a sus ojos. Pero para qué elegir cuando puedes tenerlo todo. Tanto Begoña como Pedro vieron la luz al final de un túnel donde la muerte política se alejaba de la misma manera que llegó, de una forma inexistente. Que el amor es impredecible está claro, y que Pedro Sánchez no iba a abandonar la presidencia del Gobierno, también. 

Desde ese momento decidieron vivir en una cárcel de amor. Unos barrotes nada metafóricos se han incrustado en unas pesadillas que les dejan con los ojos bien abiertos. Cualquier probabilidad de pérdida de la libertad puede ser tomado como se quiera, menos de una amenaza fantasma. Darth Vader existe y es el Presidente del Gobierno de España. 

Un amor, el de ellos, cada vez más para adentro. Recluido en una intimidad que parece el entrenamiento de algo que podría ser irremediable. El amor bien podría ser tratado como una de las bellas artes. Algo a mostrar al exterior, y qué mejor lugar que la gala de los premios del séptimo de todos ellos. No se puede vivir de cine si el amor no te acompaña. Y Pedro Sánchez no fue con Begoña Gómez a la ceremonia de los Goya de este año, como sí lo hizo en otras ocasiones. Nadie con buen corazón quiere ver cómo se apaga el amor ajeno debido a la distancia y «al que dirán». El amor como los números primos sólo es divisible por sí mismo y por la (otra) unidad (de la pareja). Está claro que la presión social está afectando a esta pareja. Así que les recomiendo un cambio de vida. Dejen sus ocupaciones laborales y váyanse a vivir a otro sitio. Vuestro amor y los españoles se lo agradeceremos eternamente.

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