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Análisis

El corazón del sanchismo, el talón de Aquiles de Pedro

«En la guerra del PSOE, un bando ya caído puede aún acabar con el otro. La presidencia del Gobierno es la pieza a abatir»

El corazón del sanchismo, el talón de Aquiles de Pedro

Pedro Sánchez junto con José Luis Ábalos en el Congreso. | Europa Press

¿Y si el trasfondo de lo que hoy conocemos es el fuego amigo de una guerra interna que se libra en el PSOE desde 2021? Fue el republicano Gabriel Rufián el que, en una sesión de control, advirtió antes del verano a Pedro Sánchez: «No nos hagan escoger entre corruptos cutres y corruptos prémium». Obviamente, se refería al PP, pero sin saberlo, ponía letra a la música de la batalla soterrada que se está viviendo en el núcleo duro del Gobierno entre «comisionistas y lobistas». Los primeros serían los cutres; los segundos, los prémium. Ese es el argumento que desde hace seis meses desliza José Luis Ábalos a todo aquel que le quiera escuchar. «Yo no me voy a comer solo esta mierda», advirtió recién estallado el caso Koldo, en una conversación informal. Eran los tiempos del ultimátum de Ferraz, de su ingreso en el Grupo Mixto, de la brillante interpretación de su obra, titulada: «Estoy solo, no tengo a nadie».

Los tiempos han cambiado para Ábalos. También ha cambiado su estado anímico. Ya no tiene la protección de un PSOE que prolongó su expediente de expulsión durante más de un año confiando en que no hubiera pruebas, ni audios, ni grabaciones. No solo las hubo de Ábalos sino también de Santos Cerdán, el sepulturero de Ábalos que también ha acabado en el hoyo. El cortafuegos sigue escalando, y donde antes Ábalos disparaba a Cerdán, ahora la pieza de caza mayor está tan arriba como la presidencia del Gobierno, y la quiere como trofeo. Como publicamos esta semana en THE OBJECTIVE, Koldo y Ábalos tienen mensajes de Sánchez que podrían «tumbar al Gobierno». Ábalos prepara su venganza, cegado por la ira de su condena, su ingreso en prisión y la convicción de que no ha hecho nada que no hicieran otros: «Yo no voy a ser la pieza que caiga para que otros se salven». Fue el mensaje que hizo llegar hace más de un año, aunque todavía no ha materializado su amenaza.

De momento, se ha limitado a colaborar con los medios y no con la Justicia, pero en la confianza, según los suyos, de que sus revelaciones en el primer ámbito acaben asediando a Sánchez en el segundo. Según transmiten sus entornos, el exministro sabe que, más allá de sus actuaciones teatrales, ellos ya no se libran de prisión, y lo que buscan es venganza. En el núcleo duro de Ábalos sostienen desde hace meses que «este es el fin de Pedro Sánchez», al que reprochan haber dejado solos a los outsiders de las primarias para venderse al entorno de José Luis Rodríguez Zapatero y José Blanco. De nuevo, los cutres frente a los prémium.

Ábalos y su «estructura heredada de Blanco»

Todo tiene una calculada hoja de ruta. En esta nueva fase de tirar de la manta en los medios, primero tocaron la moción de censura (el caserío), después las primarias (el pitufeo), y ahora a la mujer del presidente Begoña Gómez, por la financiación de su padre, Sabiniano Gómez, de las primarias de su esposo, y por su intervención en el rescate de Air Europa. Directo al corazón del sanchismo, directo al talón de Aquiles de Pedro. Begoña Gómez es el punto débil del hombre; sus aliados en el partido son la debilidad del presidente. Por eso, el siguiente paso es apuntar a quienes iniciaron la operación política de retorno al PSOE: Zapatero y José Blanco. Ábalos les culpa a ellos de su caída en desgracia para recuperar los mandos de la nave socialista y señala a quien ocupó su misma condición de ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE. «Ábalos heredó la estructura de Fomento, no tenía ni idea de las contrataciones y se puso en sus manos».

Ábalos nombró a la lucense Isabel Pardo de Vera presidenta de ADIF por recomendación de Blanco; mantuvo el subsecretario Jesús Gómez, investigado por el caso Koldo, que había estado con Pepe Blanco en el Ministerio; también al presidente de Renfe Isaías Taboas, que había sido secretario de Estado; a su jefe de gabinete, Sergio Vázquez Torrón, actual presidente de Ineco y «ahijado político de Pepe Blanco»; igual que Ricardo Mar, el segundo jefe de gabinete de Ábalos, que fue el director adjunto de gabinete de Blanco y posteriormente jefe de Relaciones Institucionales en ADIF. Según dijo el propio Ábalos en una entrevista en El Mundo en febrero del 2025, «nadie del equipo que yo tenía en el ministerio era de confianza personal, y para a atreverse a eso tienes que tener confianza personal». Con «eso» se refería a amaños en la adjudicación de obra pública.

«Esto es la guerra»

En julio de este año, antes del verano, una dirigente del PSOE me dijo: «Esto es una guerra entre secretarios de Organización». Cuatro meses después, uno de los bandos ha caído pero aún puede, moribundo, acabar con el otro. Mientras Ábalos sollozaba en el patio del Supremo a la espera del furgón policial que le llevaría a Soto del Real, fuentes próximas alertaban, tanto con rabia como con determinación: «Esto es la guerra». En realidad, la guerra se prolonga desde hace años, desde que Zapatero logró influir en Pedro Sánchez y éste rehabilito a «los que le mataron en las primarias». Volvieron los hijos pródigos: Óscar López, Antonio Hernando. Y con ellos, los suyos: Patxi López, Maria González Veracruz, Isabel Rodríguez… Casualmente, quien cayó entonces fue Ábalos, el fiel escudero del sanchismo. Dicen que «los problemas empezaron cuando Ábalos empezó a deshacerse de los hombres de Blanco del Ministerio», cuando Zapatero empezó a reunirse con Ábalos por el rescate de Plus Ultra, y cuando Pedro Saura llevaba el peso del rescate de Air Europa, del que «Ábalos no tenía ni puta idea». El ministro se beneficiaba de las vacaciones pagadas en el chalet de Marbella desvelado por THE OBJECTIVE, sí, pero mientras lo chusco y lo burdo campaba a sus anchas, los prémium hacían negocios.

La entrega de Sánchez al entorno de José Blanco y Zapatero fue un paso más en el blindaje, la bunkerización y el control de daños. En el mes de julio, tras advertir Ábalos su voluntad de entregar la cabeza del expresidente a la Fiscalía, Pedro Sánchez decidió incluir a dos ex de Acento en la Ejecutiva: Antonio Hernando y su mujer, Anabel Mateos, y colocó a una afín de Hernando, Rebeca Torró, en la Secretaría de Organización en lugar de Cerdán. «Se ha puesto en manos de los que buscaron la información de las saunas de su suegro», los que perpetraron el «golpe de estado» del Comité Federal del 1 de octubre de 2016, y los que, una vez desalojados de Ferraz, «montaron la trama del petróleo y los lobistas chinos», advirtieron entonces fuentes socialistas. Todos saben todo de todos y dependen unos de otros. Sánchez agoniza, cabecea, pero resiste hasta que se libre la fase final de la guerra, la que se antoja más cruenta. Como en el western de Duelo al amanecer, al final mueren todos.

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