The Objective
Hastío y estío

Iceta: que me quiten lo ‘bailao’, pero no los pisos

«Por amor se hacen cosas inconcebibles, hasta delictivas. Y él lo ha querido demostrar así a su marido»

Iceta: que me quiten lo ‘bailao’, pero no los pisos

El exministro de Cultura Miquel Iceta. | Alberto Gardin (Zuma Press)

A Miquel Iceta le gusta invertir en vivienda con un dinero que nadie sabe de dónde ha salido. A él, que solo se le conocen ingresos «justificados» por la cosa de la política. Dichas cantidades son públicas y no salen las cuentas para haberse convertido en un multipropietario. A la izquierda no le gusta que se especule con esa necesidad básica que es tener un techo, por lo que un servidor llega a la conclusión de que Iceta es un facha, un capitalista, un ultraliberal, que se le coló en el partido en un momento de despiste. La estrategia del bailongo que va avanzando puestos en la discoteca para poder llegar a la barra, o en la agrupación política hasta llegar a ser líder de los socialistas catalanes o ministro del Gobierno de España

Y es que por amor se hacen cosas inconcebibles, hasta delictivas. Y él lo ha querido demostrar así a su marido. No poniéndole un piso, sino 27. Y es que la homofobia de la prensa de ultraderecha de este país no tiene parangón. Si los heterosexuales no han parado de delinquir, de robar, a lo largo de la historia, ¿por qué ellos van a ser menos y no poder hacer lo mismo?

Miquel Iceta acumula un patrimonio de 27 inmuebles con un valor total de más de diez millones de euros. Ha dejado en un juego de niños los 19 que tiene el Gran Wyoming. Dos hombres de izquierdas que juegan al Monopoly de verdad, y no al vulgar juego de mesa con el mismo nombre. La realidad supera a la ficción, y la ambición a los valores progres. El que fue nombrado en su momento ministro de Cultura y Deportes por pegarse unos bailes en un mitin mientras sonaba Queen de fondo ha resultado ser un inversor inmobiliario de categoría. El PSC critica a los grandes tenedores, le compra el espacio a Colau, para que el partido de esta siga sin pinchar ni cortar, pero que parezca que ya les dejan utilizar cubiertos que no sean de plástico. El filósofo y presidente de Cataluña, Salvador Illa, niega que Iceta pueda ser considerado de esa manera. Y es que la filosofía es el arte de dudar de todo y no tener certezas. La verdad es relativa, sobre todo cuando no interesa llegar a ella. 

La llegada a la fama de Iceta fue premonitoria. Estamos en la campaña electoral de hace 10 años de las elecciones catalanas. Nuestro protagonista es el candidato y le acompaña el secretario general del Partido Socialista, un Pedro Sánchez pletórico, que todavía no estaba ajado, la niña de los ojos de nuestro bailongo. Salen al escenario los dos «artistas» y suena de fondo Don’t stop me now de Queen. Iceta enloquece enfebrecido por la guitarra de Brian May y la voz de Freddie Mercury. Pareciera que le ha dado el baile de San Vito; se siente feliz, indestructible, extasiado por el momento. Mueve los pies y los brazos de la misma manera que baila el padre de la novia en una boda. El exguapo del partido a día de hoy ha ido a acompañarle al acto principal de la campaña, y él no puede evitar traducir el título de esa canción y decirle al oído «no me pares ahora».

Y eso fue lo que le dijo a su marido después de comprar el cuarto inmueble: «No me pares ahora». Cuando era diputado y ministro, en su declaración de bienes llegó a reconocer que tenía tres viviendas. Y así hasta llegar a los 27 inmuebles. Un servidor se pregunta por qué paró en ese número. Puede que lo hiciera porque es la edad a la que han muerto varias estrellas del rock a las que nuestro protagonista seguro que bailó. O en homenaje a Lorca en particular, y a la generación del 27 en general, como exministro de Cultura. 

Con estas noticias a Miquel Iceta se le han quitado las ganas de bailar. Es normal que, con la que le está cayendo, le tiemblen las piernas, y las extremidades inferiores deben estar en un perfecto estado de revista para poder llevar a cabo ese divertido arte. Ha pasado de bailar con Sánchez a hacerlo con la más fea. Va a tener que enfrentarse a una circunstancia muy adversa. Estoy seguro de que, ahora que le han pillado con el carrito del helado, hubiera hecho las cosas de manera diferente. Iceta se sabe atrapado por su pasado, y parece que se arrepiente parcialmente de él. «Que me quiten lo bailao, pero no los pisos».  

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