The Objective
Hastío y estío

Los Girauta y la familia política

«Carlo, a sus 29 años, ha decidido romper amarras. No solo dimite. Se da de baja como afiliado tras 14 años de militancia»

Los Girauta y la familia política

Carlo Giacomo Angrisano Girauta. | NNGG PP

En estos días de marzo, cuando el invierno aún se resiste a soltar su garra helada y lluviosa sobre España, pero la primavera asoma con promesas de sol y templanza, uno no puede evitar pensar en las mutaciones políticas que, como hongos tras la lluvia, brotan en el paisaje de nuestra democracia. Ahí está, por ejemplo, la dimisión de Carlo Giacomo Angrisano Girauta, hasta la semana pasada secretario general de Nuevas Generaciones del Partido Popular. Ese vivero de futuros líderes donde se supone que se cultivan las esperanzas conservadoras. Pero Carlo, a sus 29 años, ha decidido romper amarras. No solo dimite. Se da de baja como afiliado tras 14 años de militancia y, en un vídeo que ha circulado como la pólvora en redes, pide «sin rodeos» el voto para Vox. «Por coherencia», dice. «Es hora de defender nuestras ideas y España sin miedo». 

Carlo no es un cualquiera. Es el sobrino de Juan Carlos Girauta, ese eurodiputado de Vox que parece haber hecho de la metamorfosis política su deporte favorito. Girauta, recordémoslo, militó en el PSC en los ochenta, pasó por el PP, estuvo en Ciudadanos como portavoz en el Congreso y, tras el hundimiento naranja, recaló en Vox para convertirse en uno de sus rostros más conocidos en Bruselas. 

«El PP ha dejado de defender los valores por los que nos afiliamos la mayoría de nosotros», proclama el sobrino. Fuentes del PP, con ese tono de «ya lo sabíamos» que tanto les gusta, aseguran que Carlo llevaba «hace mucho» sin pisar el despacho. «Se va antes de que le echen», ironizan. Y añaden, con un puntito de veneno: «No es una fuga de cerebros». Pero, ¿y si lo es? ¿Y si esta dimisión es el síntoma de una hemorragia mayor en la derecha española, donde los jóvenes, según todos los sondeos, se inclinan cada vez más por el verde de Vox en lugar del azul del PP?

Vox ha captado a esa generación que creció con la crisis del 2008, el procés catalán y la pandemia, y que ve en Santiago Abascal un líder sin complejos, dispuesto a decir lo que otros callan por miedo al qué dirán. Carlo, con su pedigrí familiar, encaja perfecto en ese molde. Su tío Juan Carlos, que abandonó Ciudadanos por considerar que apoyar el estado de alarma durante la pandemia era hacer de «bisagra» de Pedro Sánchez, ahora defiende en Europa las tesis de Vox contra el «globalismo» y la «agenda woke». ¿Coincidencia? No lo creo. Un servidor imagina cenas familiares donde se debatía si el PP era demasiado «tibio» con la inmigración, o si Feijóo debería endurecer su discurso contra Sánchez en lugar de tender puentes para que no le acusasen de «encamarse» con la extrema derecha. El diablo sabe más por viejo que por diablo, y el cándido Carlo, empalagado del azul celestial de la calle Génova, caería rendido ante el discurso de su tío. La política no deja de ser un gran circo y nadie como la familia Aragón en España ha sabido representarlo, así que no es de extrañar esa canción de los payasos de la tele que decía «no hay nada más lindo que la familia unida».

Esta dimisión llega en un momento delicado, a una semana de las elecciones en Castilla y León, donde PP y Vox se disputan el voto conservador. ¿Es una traición calculada? ¿O pura coherencia, como dice Carlo? Fuentes de Génova minimizan: «Vivía fuera del partido, hace tiempo que no ejercía sus funciones». Pero el daño está hecho. En un partido que presume de unidad, ver a su ‘número dos’ de las juventudes huir hacia el rival es como un puñetazo en el estómago. Y más cuando el PP intenta conquistar el centro, alejándose de lo que llaman «extrema derecha». Feijóo, con su estilo gallego de «ni sí ni no, sino todo lo contrario», ha evitado coaliciones con Vox en regiones donde podía, prefiriendo abstenciones o pactos puntuales. Pero los jóvenes, como Carlo, parecen cansados de esa ambigüedad. «Donde España se defiende sin complejos», dice en su vídeo, parafraseando lemas de Vox. ¿Es Vox el nuevo hogar de los descontentos? Abascal, con su partido cada vez más personalista; algunos lo llamamos «Partido Abascalista», atrae a estos perfiles: jóvenes sin miedo a la confrontación. 

Fuentes internas del Partido Popular admiten que Carlo «no pintaba nada» desde hace meses, pero ¿por qué no lo destituyeron antes? Sea como fuere, el PP pierde un líder, y Vox gana un mártir converso. Mientras tanto, en Bruselas, el tío Juan Carlos debe estar sonriendo. La familia, al fin y al cabo, es lo primero. Pero en política ya se sabe que las lealtades son de una fragilidad contrastada, un material sensible como las relaciones familiares. 

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