Yolanda y Pablo, dúo de milicia
«A Sumar le espera un futuro electoral que ya viene predeterminado por los éxitos inenarrables de Podemos»

Yolanda Díaz y Pablo Iglesias. | EP
La única explicación racional sobre el asombroso plante del socio minoritario del Gobierno, Sumar, al mayoritario del PSOE o sanchismo estricto, me ha parecido una adaptación a los tiempos modernos del mejor chiste de la política española. Me refiero a aquella extraordinaria portada de Hermano Lobo que hizo el gran Ramón todavía en vida de Franco (2 de agosto de 1975): «Nosotros o el caos», etcétera.
Resulta que los cinco ministros de Sumar se pusieron farrucos y bloquearon el Consejo de Ministros (y Ministras, claro) durante un par de horas como señal de protesta. La única explicación racional en línea con el chiste citado es que Sumar responda a la acusación socialista de actuar como la oposición: «La oposición también somos nosotros» y que la intención de la frase sea negar cualquier papel político al PP.
Basta con mirar la foto de los cinco díscolos, encabezados por su descabezada vicepresidenta, para hacerse una idea cabal de lo que se puede esperar de esta tropa: Yolanda Díaz, Pablo Bustinduy, Ernest Urtasun, Mónica García —madre mía— y Sira Rego —madre de la madre mía—. Cinco desechos de tienta en una ganadería generalmente descastada. Los cinco ministros inamistosos planteaban a su socio principal una maniobra muy del gusto de Sánchez: la del decreto ómnibus en el que proponer que las medidas de rebajas de impuestos fueran acompañadas por las medidas en favor de los okupas vulnerables. El desenlace no puede sorprender a nadie. Sánchez, sabedor de que un decreto guagua como el descrito se rechazaría, como ya lo fue anteriormente a pesar de llevar como bandera la revalorización de las pensiones, planteó dos decretos: uno con las rebajas de impuestos que pueda ser aprobado por Junts y el PNV, y otro con las medidas antidesahucios que tendría el voto favorable de los cinco pardillos ya citados y que sería derrotado con el voto negativo de los dos partidos nacionalistas, además del PP y Vox, naturalmente.
La previsión del resultado estaba al alcance de cualquiera, incluso de unos ministros sanchistas. ¿No lo preveían? Seguramente sí, pero les daba igual. Se trataba de hacer un poco de postureo, de amagar y no dar, un quiero y no quiero, si lo prefieren, porque en todos estos retos hay una línea fina, una raya en el agua que nunca traspasan estos indocumentados: romper el pacto de Gobierno. A la intemperie se nota mucho el relente y dónde van a ir ellos que más valgan.
O sea que Pedro Sánchez sigue teniendo a la cuadrilla donde le interesa, que es en el papel de pagafantas de sus acciones de Gobierno. Él va aguantando el tipo mientras absorbe los votos de sus socios, como acaba de hacer en las autonómicas de Castilla y León. A Sumar le espera un futuro electoral que ya viene predeterminado por los éxitos inenarrables de Podemos, que ya son extraparlamentarios en 11 comunidades autónomas. Pero ya decía Séneca que no hay viento favorable para el que no sabe adónde va y Pablo Iglesias está hermanado en la falta de brújula con Yolanda Díaz, que, al fin y al cabo, es una criatura suya: él la escogió para el estúpido papel que está desarrollando en la vicepresidencia segunda del Gobierno.
Yolanda y Pablo se han hermanado en sus dos viajes últimos: aún está fresca la tinta en el ridículo viaje de nuestra ministra de Trabajo a Los Ángeles para pasear palmito en la alfombra roja del Dolby Theater de Los Ángeles y apoyar la proyección internacional del cine español. No hay que alarmarse. Cuando toque explicarle al mundo la buena nueva de la subida del salario mínimo interprofesional, enviará al acto que sea a Ernest Urtasun. O a la ministra de Sanidad, total, a ellos qué más les da.
Total que Pablo ha empatado a Yoli encabezando la flotilla solidaria con Cuba. Él, Corbyn y Pisarello viajaron en avión —¡en avión!— mientras la ayuda y el resto de la tropa viajaron en barco desde México. Como el Granma, qué hermosa coincidencia.
Y ahí está él, en una suite de lujo del Gran Hotel Bristol, un flamante cinco estrellas en La Habana Vieja. Para hacerse cargo de la situación se entrevistó con sus congéneres del Partido Comunista de Cuba: hay falta de combustible, pero hay generadores fotovoltaicos. O sea, para garantizar la luz al hotel en el que se hospeda. Siempre sostuvo que los niños cubanos están correctamente alimentados, como su tronco Errejón mantenía que los venezolanos comen tres veces al día con la revolución bolivariana. Y una mentira que es cláusula de estilo: la gente se confiesa oyente de Canal Red y le dan las gracias. Hace años contaba que le paraban por la calle con idéntico propósito: agradecerle La Tuerka y Fort Apache porque «gracias a estos programas [tienen] argumentos». En fin, ya lo calificó Pedro Sánchez en el Congreso: «Miente más que habla», dijo, y es obligado reconocer que el yerno de Sabiniano es autoridad en la materia.
