Dame más gasolina
«’Dame más gasolina’, dice una parte de la canción, que el coche nos lleve lo más lejos posible de la vida cotidiana»

Decenas de vehículos durante la operación salida por las vacaciones de Semana Santa. | Eduardo Parra (Europa Press)
Estábamos en 2004 y no sabíamos lo felices que vivíamos en comparación con cualquier cosa de la actualidad. Una canción machacona empezó a colarse por todos los lugares ese verano; su título era Gasolina de un tal Daddy Yankee. Pertenecía a un nuevo género musical, o por lo menos en España no se conocía; se denominaba reguetón, música simple y de fácil consumo. Ejecutadas por personas que no habían dado una clase de canto en sus vidas, y con unos videoclips donde había poco presupuesto para vestuario, como lo demostraban las mujeres que aparecían en ellos y el poco tejido añadido a sus pieles. En ese momento, un servidor pensaba que movían tanto el culo como forma de protesta ante ese trato, pero con el tiempo se ha sabido que eso era empoderante. Se suponía que era una moda pasajera más, pero pasados más de veinte años se ha convertido en el género más comercial, consiguiendo que uno de sus baluartes, Bad Bunny, sea el artista de la Super Bowl en su última edición.
Pero este artículo no quiere hablar sobre el reguetón y su repercusión en el mundo durante estos años, tanto cultural como social. Un servidor está jugando con fuego en este artículo, y qué mejor tema que la gasolina para hacerlo. Prender fuego a esta gasolinera de palabras hasta provocar una explosión de consecuencias inenarrables. Y es que un servidor lleva leyendo, escuchando y viendo que el precio de la gasolina ha subido considerablemente a raíz del conflicto bélico en Irán. Por eso me sorprende que toda esa gente que se ha quejado, y con razón, de ese abuso, muchos de ellos, la mayoría, no se haya pensado dos veces coger el coche esta semana festiva. A las anteriores les hacía polvo su precio; tenían que pagar el dentista del niño, la letra del piso, esa cesta de la compra prohibitiva, pero esta semana se hace ese sobreesfuerzo que antes no parecía viable.
Y es que igual que de pequeño me molestaba el típico compañero del colegio que decía que no había estudiado nada y luego sacaba un 8, cuando en mi caso eso siempre significaba un suspenso. Ahora me molesta esa gente que se está siempre quejando porque dice que no le da la economía con lo caro que está todo, para después no privarse de nada. Un servidor siempre que ha ido justito de dinero ha tenido que abrocharse el cinturón hasta hacer una carnicería con mis tripas. No me he ido de vacaciones, no he comido fuera de casa, nada de ocio fuera de las cuatro paredes de mi casa, ni ir al cine, ni al teatro, ni a conciertos. Puede que sea cosa mía y me lo monte muy mal, o algo que los demás hacen y que para mí es paranormal, o directamente mienten, pues cuando se dice que se está al límite, no se puede ensanchar esa realidad.
«Dame más gasolina», dice una parte de la canción, que el coche nos lleve lo más lejos posible de la vida cotidiana. Pensar que de esa manera se dejan atrás los problemas. Un viaje a ninguna o a cualquier parte, quemar las naves con dicha gasolina y después ya rendiremos cuentas con quien haga falta. Un servidor, como podrían imaginarse, se quedará en su casa esta semana. No saldría de Madrid ni aunque me pagaran el viaje y la estancia. Por supuesto, no tengo coche, intento ser mínimamente coherente con mi cuenta bancaria, y es que la vida va sobre ruedas, sobre todo cuando no vas montado en uno de esos vehículos.
Otro día hablaremos de los que se han quejado del precio de los billetes de tren para esta Semana Santa después de los meses que llevamos de averías, parones y el fatal accidente de Adamuz, pero que no les importa pagar un pastizal por tener muchas posibilidades de pasar sus vacaciones en un vagón tirado en mitad de la nada. Hay muchas cosas que se escapan a mi entendimiento, pero mientras tanto me pongo la canción de Daddy Yankee, acaricio los mecheros que guardo de cuando fumaba y desde la ventana de la habitación veo el mundo arder. Como siempre.
