The Objective
Hastío y estío

El PNV no pinta nada en el ‘Guernica’

«No encontrarán un partido que haya tenido representación en el Congreso con un mensaje más extremista»

El PNV no pinta nada en el ‘Guernica’

El presidente del PNV, Aitor Esteban. | Iñaki Berasaluce (Europa Press)

Al niño caprichoso que es ese partido político viejo que es el PNV, fundado en 1895, se le ha antojado que el Guernica pintado por Picasso se traslade de Madrid al Museo Guggenheim en Bilbao. A un servidor no le extraña que sean tan pedigüeños teniendo un «padre» tan complaciente como es Pedro Sánchez. Un «hijo», este sí, de extrema derecha, pero al que no le importa colmarle de regalos. Miren lo que han hecho y dicho a lo largo de su historia. No encontrarán un partido que haya tenido representación en el Congreso con un mensaje más extremista. Pidió gestionar los aeropuertos y los puertos de su territorio, y esa figura paterna «bonachona» no supo negarse ante esa mirada de cordero que le hubiera degollado si no lo hubiera hecho. Se encaprichó ese niño canoso con un palacete de París perteneciente al Estado español, y tras aprobarse en un Consejo de Ministros, fue concedido generosamente para alegría del chiquillo gravemente envejecido. 

Ese chaval con el espíritu de Benjamin Button, que nació con la decrepitud propia de sus ideas y con un nulo atractivo que Brad Pitt sí muestra en esta y en todas sus películas para alegría de las féminas, ha ido llevando sus querencias a objetivos más complejos. Fue así como le pidió a «papá Sánchez» la gestión de las prisiones vascas. El hijo vasco pensó que tendría que ofrecer algo a cambio. Prometer que se aplicaría más en los estudios y que le «aprobaría» todos los proyectos de ley que los socialistas llevasen a cabo. Que dejarían de refunfuñar cuando «los papás» estuvieran haciendo cosas de mayores y no les hicieran caso. Pero no hizo falta nada de eso, pues se han visto superados por un hijo al que han dado tanto poder que ahora no tolera ni la más mínima frustración. La gestión de las cárceles pasó a ser cosa del Gobierno vasco. Eso ha permitido el acercamiento de los presos etarras a los centros penitenciarios de la región, de lo que se han beneficiado varios centenares de miembros de esa banda terrorista. También acordó otros caprichos como la oficialidad de las selecciones vascas de pelota vasca y de surf. Pero lo vamos a dejar aquí porque los artículos tienen una extensión limitada, como no la tienen las cesiones a los nacionalistas vascos.

El último objeto de deseo por parte de los nacionalistas vascos es el Guernica. El Gobierno vasco, con el lehendakari Pradales a la cabeza, solicita el traslado del cuadro de Picasso al Museo Guggenheim de Bilbao para conmemorar los 90 años (1937-2027) del bombardeo en dicho lugar, excusándose en su reparación histórica, y proyectar un mensaje a favor de la democracia, la paz y la libertad, posicionando al cuadro como un símbolo de convivencia en el País Vasco. Todo esto sonaría muy bien, si no fuera porque no es verdad, ni son las verdaderas razones de su solicitud. Se busca exhibir una fuerza nacionalista que haga doblegar al Estado español hasta entregar un símbolo artístico, cultural e histórico de nuestro país como es esa obra pictórica. Tras esa petición, el Museo Reina Sofía de Madrid, que es donde reside la obra, desaconsejó rotundamente su traslado por motivos de conservación.

A un servidor le sorprenden muchas cosas de esa petición. Una de ellas es que lo hagan porque se cumplan 90 años, como si ese número fuera uno redondo. Uno está acostumbrado a celebrar efemérides a los 25, 50, 75 o 100 años, pero no cuando el protagonista es nonagenario. Pero es que en 2027 se le puede acabar el chollo pedigüeño al PNV si Sánchez pierde las elecciones generales que se celebran ese año. Tendría más sentido esperarse diez años y hacer la petición para el primer centenario, pero largo me lo fiáis, y más hablando del futuro en el mundo político, siempre impredecible. 

Pero la realidad del Guernica se impone sobre los argumentos manipuladores de los nacionalistas. El Gobierno republicano que había en España en ese momento encargó y pagó a Picasso, pintor malagueño que vivía en París, por un cuadro para una exposición internacional en la capital francesa. Pradales insiste con una petición que históricamente nunca ha sido manifestada por la sociedad vasca. Se han manifestado por el acercamiento de los presos, cuando no por su liberación, o por hacer oficiales las selecciones vascas en algunos deportes, pero no se manifiesta en sus calles un clamor porque un determinado cuadro esté en un museo de su región. Picasso dejó dicho que le gustaría que esa obra estuviera expuesta en el Museo del Prado, dejando claro que para él era un orgullo que el cuadro estuviera en la mejor pinacoteca del mundo. No ha sido así, pero al menos está en la misma ciudad donde el autor de la obra quería. Un autor malagueño, andaluz y español que vivió muchos años en París, y cuya relación con el País Vasco fue inexistente.

Una obra, el Guernica, tan frágil como las razones dadas por el Gobierno vasco para su traslado. Los técnicos del Museo Reina Sofía dicen que es una pintura inestable debido a los traslados pasados. Además, las vibraciones del transporte podrían causar nuevas grietas y desperfectos a una obra ya muy castigada. Esta frase anterior también sirve para explicar la relación entre el nacionalismo vasco y España, y para poner fin a este artículo.

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