The Objective
Hastío y estío

Lamine, las ofensas religiosas y las suyas

«Lamine debería saber eso de que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra»

Lamine, las ofensas religiosas y las suyas

Lamine Yamal. | EFE

Un servidor puede comprender que a Lamine Yamal le molestaran los cánticos de parte de la grada en el último partido jugado por España ante Egipto en Barcelona. No está bien menospreciar las creencias religiosas de los demás. Lamine, su padre y su abuela son musulmanes y durante ese partido se pudieron escuchar frases en contra de esa religión. Algo que está igual de mal que hacerlo con el credo católico, judío o cualquier otro. Pero sabemos que vivimos en un mundo sesgado donde el criterio interesado es el que decide lo que está bien y lo que está mal ante el mismo hecho. Los católicos y los judíos, sin ir más lejos, son atacados en la actualidad en muchos lugares del mundo y por un sector muy determinado ideológicamente, que clama con lo de Lamine, pero que calla con estos casos. Una doble vara de medir que a un servidor le repugna. Lo que está mal, lo está, lo haga quien lo haga. Esto tendría que ser algo muy evidente, de Perogrullo, pero no es que no sea así, sino que se resalta lo contrario. Por cierto, a mi Real Zaragoza hace una semana en La Coruña en su partido contra el Deportivo, parte de la afición se dedicó, como cada año, a insultar gravemente a la Virgen del Pilar, a desear poner una bomba en nuestro estadio y otra para acabar con Aragón. Esto es algo que también le cantan en los campos del Osasuna, Real Sociedad y en Bilbao. Pero por lo que sea, la repercusión pública es nula. 

Hay gente que en esta Semana de Pasión se flagela por lo ocurrido en ese estadio. Son precisamente los que no se van a acercar estos días a una procesión porque les provoca alergia. Se ofenden y empatizan con el sentimiento ajeno, pero luego atizan sin piedad el de otros. Se habla de que somos una sociedad polarizada, pero yo creo que está envilecida, ahogada por un fanatismo del que no puede salir nada potable. 

Un odio bidireccional del que se libran pocos. Lamine y su padre tampoco ayudan con algunas de sus actitudes, ni están libres de este pecado. Han tirado varias piedras con las que sepultar sus actos. Su padre increpó a una mesa informativa de Vox en plena calle. Los insultó y les dijo que se tenían que marchar. Un servidor, como ya ha repetido varias veces por aquí, no vota a ningún partido, pero respeta al ciudadano que lo hace, y en este caso a los varios millones que lo hacen al partido de Abascal. Las calles son de todos, y no de quien decida el padre de un jugador de fútbol, por muy bueno que sea este con el balón en los pies. Por cierto, Lamine no abrió la boca con este hecho, y el que calla otorga. 

Lamine, que ahora se victimiza con los hechos ocurridos en el estadio de Cornellá, y utilizo la palabra «víctima» porque es la que utilizó él para referirse a Vinicius cuando le preguntaron qué le parecía la actitud del brasileño cuando le insultan en los terrenos de juego. El jugador brasileño del Real Madrid sufre insultos racistas a los que, según el jugador barcelonista, no debería hacer caso y seguir jugando como si nada pasara. Saber abstraerse porque es un profesional. Pero ahora a Lamine, al sentir esos insultos en su piel, le duelen profundamente y no se pone esa piel dura, de cocodrilo, que aconseja a Vinicius, sino que se le saltan las lágrimas como a aquel animal.

Lamine debería saber eso de que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yamal es ese chaval que, cuando España perdió en el último mundial contra Marruecos, al día siguiente en el vestuario del equipo donde jugaba, se reía de sus compañeros españoles de manera burlona y humillante, mientras besaba el escudo de la camiseta de la selección marroquí que llevaba puesta. En una entrevista le preguntaron por qué eligió España antes que Marruecos. Contestó que él juega en el Barcelona, un equipo que juega en Europa, donde el fútbol es más influyente y tiene más repercusión, y que esa era la misma razón para elegir España, para poder ganar Eurocopas, y porque a nivel internacional el fútbol europeo es el más importante. No habló de sentimientos ni de patriotismo, como sí demostró tener con su beso al escudo marroquí o su dolor ante los cánticos contra su credo religioso.

No olvidemos tampoco su reacción tras ganar la Eurocopa y la visita a la Moncloa de la selección para mostrar el título. Se hizo viral la actitud de Carvajal cuando le tocó darle la mano al presidente Sánchez. No se puede negar que no hubo mucha efusividad en sus formas de saludarle, sino una frialdad y un desdén evidente. Fue tratado por los medios progubernamentales y su ejército enfurecido en las redes sociales como un peligroso ultraderechista. Pero es que si ustedes ven la manera como lo hizo Lamine, las diferencias son mínimas, por no decir idénticas. Pero nadie dijo nada en esa izquierda identitaria, woke y manipuladora. Un servidor quiere que quede claro que no le parece bien lo que se dijo en ese campo sobre una religión determinada, pero estaría bien que, si nos rasgamos las vestiduras, lo hagamos con todas hasta hacer jirones nuestros ropajes y mostrar un alma desnuda, auténtica y sin sesgos. Que nos duelan todas las cosas con la misma intensidad cuando la razón es la misma, y no según a quién se lo hagan. Y Lamine, deja de victimizarte cuando tu currículum moral tiene ya tantos tachones, contradicciones, equivocaciones, cuando no directamente amoralidades, como para dar lecciones al resto. Y todo esto con solo 18 años. Una edad perfecta para empaparse de conocimiento y cometer errores. Un aprendiz de víctima y verdugo que tiene mucho margen de mejora.

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