Paco Arango: «Lo más importante de la vida no se enseña en los colegios»
Fundador de la Fundación Aladina, lleva más de 20 años acompañando a niños con cáncer y a sus familias
Hay personas que utilizan su éxito para acumular más cosas. Y hay otras que lo utilizan para cambiar la vida de los demás. Paco Arango pertenece claramente a este segundo grupo. Empresario, productor, director de cine y fundador de la Fundación Aladina, lleva más de veinte años acompañando a niños con cáncer y a sus familias en los momentos más difíciles de sus vidas. Una labor que nace casi por casualidad y termina convirtiéndose en el propósito de su existencia. Así lo cuenta en The positive, donde habla de solidaridad, sufrimiento, esperanza y las lecciones que ha aprendido de miles de niños a los que llama cariñosamente «pequeños guerreros».
Todo comienza cuando, rondando los 40 años, siente que necesita devolver parte de lo mucho que ha recibido de la vida. Tiene estabilidad económica, proyectos profesionales y una vida cómoda, pero algo le dice que debe implicarse más en ayudar a otros. Es entonces cuando entra por primera vez en el Hospital Niño Jesús de Madrid. Allí se encuentra con una adolescente que está recibiendo tratamiento y pasando un momento especialmente duro. Paco empieza a hablar con ella, consigue hacerla reír y ve cómo, durante unos minutos, la enfermedad deja de ocupar el centro de la escena.
Aquella experiencia le marca profundamente. «Salgo del hospital pensando que allí podía aportar algo», recuerda durante la entrevista. Lo que comienza como una visita puntual se convierte en una rutina. Después llegan más niños, más familias y más historias. Hasta que comprende que aquello ya forma parte de su vida. Así nace la Fundación Aladina, una organización que hoy trabaja en 22 hospitales públicos de España apoyando a niños con cáncer, financiando proyectos hospitalarios y acompañando emocionalmente a pacientes y familiares.
Durante la conversación, Paco comparte algunas de las historias que más le han marcado. Una de ellas es la de Gaby, una niña a la que acompaña durante cuatro años. Saben que el desenlace será difícil, pero eso no impide que construyan una relación profundamente especial.
Poco antes de fallecer, Paco organiza una gran fiesta de cumpleaños para ella en su propia casa. Hay música, mariachis y muchas personas que quieren compartir ese momento con la pequeña. «Esa noche me pidió que nos quedáramos allí para siempre», recuerda emocionado. Gaby fallece apenas un mes después, pero sigue ocupando un lugar muy especial en su memoria.
Historias como la suya explican por qué Paco insiste en que cada niño es único y por qué nunca habla de estadísticas cuando se refiere a ellos. «Todos tienen nombre, todos tienen una historia», explica.
La entrevista también deja espacio para hablar de uno de los proyectos más emblemáticos impulsados por Aladina: la construcción de una nueva unidad de trasplantes en el Hospital Niño Jesús. La iniciativa surge gracias a los beneficios de Maktub, una película inspirada precisamente en uno de los niños que conoce durante aquellos años. Aquel proyecto confirma algo que Paco lleva décadas defendiendo: que la solidaridad puede transformar realidades concretas cuando se convierte en acción.
Pero la conversación va mucho más allá de la labor de la fundación. Arango habla también de fe, un tema que aborda abiertamente en su último libro, Si no crees en Dios, te doy su teléfono.
A lo largo de estos 20 años vive experiencias que, según cuenta, han reforzado profundamente sus convicciones. Situaciones difíciles de explicar y encuentros que le han llevado a creer que existe algo más allá de lo que podemos ver. Sin embargo, lejos de plantear grandes discursos teológicos, Paco habla desde la experiencia cotidiana de quien ha pasado miles de horas junto a personas que sufren. Especialmente junto a padres que reciben la noticia de que su hijo tiene cáncer. En esos momentos, asegura, intenta transmitirles un mensaje sencillo: que el primer día es el peor, que no están solos y que los niños poseen una fortaleza extraordinaria. «Muchas veces son ellos quienes terminan cuidando emocionalmente a sus propios padres», afirma.
Después de convivir durante más de dos décadas con el dolor, la enfermedad y también con la recuperación de cientos de niños, Paco tiene una visión muy particular de la vida. Cuando Gonzalo Bans le pregunta qué le han enseñado los pequeños guerreros de Aladina, responde con una frase tan simple como poderosa: «La vida hay que comérsela con patatas».
Y cuando llega la última pregunta del programa, la que siempre cierra las entrevistas de The positive —«Al final del día, ¿qué es lo único que importa?»—, Paco tampoco duda. «El amor». Quizá por eso sigue entrando en hospitales 20 años después. Porque más allá de tratamientos, diagnósticos o estadísticas, ha descubierto que el amor sigue siendo una de las medicinas más poderosas que existen.
The positive es el espacio que THE OBJECTIVE reserva a las noticias menos habituales en los medios, aquellas que subrayan las bondades del ingenio humano, la fuerza de la innovación y el empeño de cientos de emprendedores por mejorar la sociedad y el planeta.
