La amiga de Ábalos que leía libros de trenes
«Porque en Logirail, como en tantos otros rincones de la Administración, basta con conocer al maquinista adecuado»

Claudia Montes a su llegada al Supremo. | Sergio Pérez (EFE)
Había una vez una miss que, en lugar de desfilar sobre la pasarela con sonrisa disimuladamente forzada, se pasaba las mañanas en la biblioteca de Oviedo consultando volúmenes polvorientos sobre raíles y locomotoras. Se llama Claudia Montes, «Miss Asturias mayor de 30 años 2017», militante del PSOE y, según ella misma, amiga de José Luis Ábalos. La cosa no tiene desperdicio. Porque si el enchufismo tuviera un manual de instrucciones, este sería el capítulo titulado «Cómo convertir un mitin de partido en una plaza fija en Logirail sin que nadie se dé cuenta». O eso dice ella.
Todo empezó en mayo de 2019, en un mitin del PSOE en Gijón. Allí estaba Claudia, madre soltera, sin trabajo y con dos meses de alquiler sin pagar, contándole sus penas a dos compañeras de partido. Ábalos, entonces ministro de Transportes, se acercó de manera caballerosa y se comprometió a ayudarla. De esos que te envían enlaces de ofertas de empleo en empresas públicas como quien te pasa un meme. «Mira, Claudia, aquí hay algo que te puede interesar». Ella, confiando en su amigo, mandó el currículum. Y en diciembre de ese mismo año ya estaba contratada en Logirail, filial de Renfe, como encargada comercial de un proyecto de trenes turísticos en Asturias. Juró ante el Supremo el otro día que tenía experiencia anterior como encargada en puestos similares y que se había formado para ello.
Pero he aquí el detalle que eleva la historia del mero cotilleo al terreno del esperpento puro: llegó a su lugar de trabajo en un bajo y se encontró con una silla, una mesa y poco más. Y lo más importante, sin nada que hacer. Algo muy parecido se relata en el magnífico libro Oposición de Sara Mesa, que les recomiendo. ¿Y qué hace una miss con inquietudes ferroviarias cuando el puesto público le da para vivir, pero no para trabajar? Plantarse en la biblioteca de Oviedo a leer libros de trenes, algo que dijo ella en el juicio.
Un servidor se imagina la escena y no puede evitar partirse de risa. ¿Buscaba en la sección de transportes o se desvió a la de narrativa? Leyó Historia de los ferrocarriles españoles de Francisco Wais y terminó fantaseando con que los AVE eran metáforas de la carrera política de Ábalos. Porque, según su versión, no tenía nada que hacer en la oficina, así que se fue a «formarse». A culturizarse sobre el negociado por el que la habían contratado.
Ella insiste en que no fue enchufada. Que Ábalos nunca le dijo: «Claudia, te he enchufado». Que Koldo García se presentaba como su jefe, pero que ella no sabía nada. Que todo fue a sus espaldas. Que ella trabajaba, ¡vaya que si trabajaba!: leyendo en la biblioteca. Un servidor ha pasado bastante tiempo en bibliotecas leyendo, pero el único pago que recibí por hacerlo fue el conocimiento y el entretenimiento, que es mucho, pero que no llena la nevera ni paga las facturas.
El caso es que mientras los contribuyentes pagábamos su nómina, Claudia se formaba. Porque ir a la biblioteca en horario laboral era «trabajar». Su contrato no se renovó en 2022. Empezó a ver irregularidades, según contó ella después. Advirtió a Barbón y a Óscar Puente. Nadie le hizo caso. Ahora declara en el Supremo como testigo del caso mascarillas. Niega haber sido enchufada, pero admite que Ábalos «algo hizo». Admite también que Koldo era su jefe. Una miss que lee libros de trenes en la biblioteca mientras España se pregunta cómo demonios se llega a cobrar un sueldo público sin tener ni mesa donde apoyar el café.
Claudia Montes lo niega todo con la elegancia de quien ha desfilado en pasarela. No fue enchufada. Estaba preparada. Se formó. Leyó. Y si alguien movió los hilos, fue a sus espaldas. Ábalos comportándose como un auténtico caballero. Koldo, un jefe lejano con una mirada que le asusta. La biblioteca como oficina alternativa. A un servidor le gustaría creerle el testimonio. Pero luego recuerda que estamos en España, en 2026, y que el PSOE lleva años demostrando que el mérito es un concepto discutido y discutible. Que las amistades de mitin valen más que cualquier oposición o estudios.
Y mientras Ábalos y Koldo se sientan juntos en el Supremo y se comentan las jugadas, los contribuyentes nos preguntamos si seguimos financiando estas pequeñas odas a la amistad socialista. Porque en Logirail, como en tantos otros rincones de la Administración, no hace falta saber de trenes. Basta con conocer al maquinista adecuado.
