The Objective
Crónicas del caos

Sánchez perpetra una crisis constitucional

«Sánchez se subirá un día al estrado de las Cortes y provocará una confrontación descomunal con el Poder Judicial»

Sánchez perpetra una crisis constitucional

Pedro Sánchez. | Eduardo Parra (EP)

No dirán que no avisamos. Los muchos, muchísimos, seres angélicos que aún pululan por el centroderecha español no se creen, no metabolizan las advertencias del cariz más preocupante. Fíjense: si, como parece, todo el entorno de Sánchez sale trastabillado, muy perjudicado, de los procesos judiciales que le estallan a la vuelta de la esquina, este tipo disfrazado ahora de Pedri o Nico Williams montará toda una operación destinada a descalificar radicalmente a la Justicia y a sus protagonistas. Quienes conocen, aunque sea de forma oblicua, no directa, lo que se cuece en la mente psicopática y vengativa del yerno del putero Sabiniano, aseguran que, en el caso de que las sentencias dobleguen, por ejemplo, a su señora y a su hermano, Sánchez se subirá un día al estrado de las Cortes y provocará una confrontación descomunal con el Poder Judicial.

No se tratará entonces de una pirueta dialéctica más o menos rabiosa; no, eso ya se ha quedado atrás con las sucesivas artimañas fracasadas para asesinar a una justicia independiente; no, esta vez Sánchez, despojándose a lo chulo de su careta seudodemocrática, se vestirá del húngaro Orbán y en América del criminal nicaragüense Ortega, y pasará a ocupar sin más miramientos los resortes últimos de la libertad judicial. Ese discurso del Congreso, que seguro que ya se está preparando en la cocina de sus esbirros más encendidos, significará un enfrentamiento, un choque absoluto con el Poder Judicial, al que de entrada asfixiará financieramente sin escrúpulos. «Que se ganen el pan con otros», suele decir un enchufado de Bolaños. Para muestra basta un botón: ya, en esta prórroga legislativa, Sánchez ha barrenado la Constitución entera y ha decidido proteger y hasta blindar para los restos el aborto en nuestra norma suprema. ¿Ven, tontitos del haba, de qué estamos hablando? ¿Aprecian que este individuo ha consagrado como derecho el «No matarás» que nos enseñaron de púberes?

Esta previsión descrita va a ser de antemano rechazada por los que todavía confían en que este individuo «no llegará a tanto». Son los mismos que rechazaron la posibilidad de que Sánchez sacara a los asesinos más crueles de ETA a la calle; los que se hicieron cruces en su momento cuando comprobaron que el psicópata (lo diagnostican así los técnicos) ha despedazado el Estado dejándole en las raspas, o los que, imbéciles ellos, asisten impávidos a las mil fechorías, Rey incluido, que el todavía jefe del Gobierno comete contra una nación que se reconcilió en 1978 y que está a punto de zurrarse otra vez la badana en 2026. Nada se puede esperar de esos grupos sociales hibernados que, eso sí, cuando llegue el estruendo, mirarán al cielo gimoteando: «¡Por Dios, por Dios! ¿Cómo es posible tanta vileza?». Pues lo será. Afortunadamente, en la comunidad nacional están surgiendo movimientos de resistencia ni orgánicos ni partidistas —por supuesto— que, utilizando razones tan clásicas como los toros o las procesiones, están queriendo volver del revés a una sociedad postrada cuyo único objetivo es llegar al fin de semana con dinero suficiente para acudir a un restaurante más o menos de moda. 

Hace unas fechas, el cronista comentaba con un analista social y político de primera importancia el desastre democrático que causaría la crisis constitucional que Sánchez ya está preparando sin ambages y, todavía como pura hipótesis, ambos nos preguntábamos: «¿Qué puede suceder si algún juez especialmente aguerrido encuentra conductas dolosas en Sánchez y, en consecuencia, solicita el suplicatorio al Parlamento para su juicio posterior?» Ya sé que los citados pusilánimes seguirán diciendo: «Esto no va a suceder», pero, ¿y si sucede? ¿Se atreverá el Congreso de la Nación, por primera vez en su historia, a denegar dicho suplicatorio? Desde luego, muy bien deberá articular el magistrado en cuestión su dictamen para resistir los embates de la crisis constitucional que Sánchez montará para explosionar sin piedad el Estado entero.

¿Quién puede negar que una de las conversaciones más extendidas esta Semana Santa haya sido el temor a una terrible manipulación electoral? Pregunta al respecto: ¿Saben nuestros cobardicas que estos mismos días, en el entorno del candidato húngaro a vencer a Orbán, la posibilidad de un «pucherazo» aparece como una posibilidad cercana? Dado que el eurófobo Orbán parece destinado a perder el poder, nadie duda de su tentación a meter la mano en las urnas: «Si no lo hace, es porque no puede», me ha dicho sugestivamente el analista citado. El cronista, por su cuenta, lo remeda de esta forma: «En España, si Sánchez no lo hace, es también porque no puede». ¿O es que ya nadie quiere recordar cómo hizo trampas cutres en la elección para la Secretaría General de su partido? Quiera la Providencia que el millón y pico de nuevos españoles que Sánchez está nacionalizando con la celeridad del antiguo AVE no llegue a tiempo para que su voto en las próximas urnas generales sume tanto valor como el de los muchos centenarios que aún existen en España. De otra forma, estaríamos, como diría el mítico Pedrín en su tebeo de los sesenta: «Perdidos como conejos, nos han tendido un cepo».

Y, por Dios, no se engañen: si el húngaro Orbán pierde el domingo, la víctima en estos dominios será más Sánchez que el deudor Abascal. Si hay algo que una al presidente con el caballista de Vox, es su sintonía con Orbán, lo que es tanto como decir a Putin y con toda seguridad al chino, próximo anfitrión de Sánchez, Xi Jinping. Si alguna vez la política hace extraños compañeros de cama, es en esta ocasión en la que Orbán y el sujeto de aquí se han alineado inequívocamente contra Estados Unidos y a favor de Irán, donde los ayatolás tejen cartas y mensajes de agradecimiento a su compadre Pedro Sánchez. Para su júbilo, ya sabe dónde refugiarse. Antes triturará la Constitución e intentará dejar a España sin justicia ejerciente e independiente. Y por cierto, nuevo aviso: Sánchez ya ha advertido de que si la derecha gana las elecciones, durará sólo un par de meses. Atiendan ustedes a cómo la derribará.

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