The Objective
Crónicas del caos

El PNV exige la fantasmal Euskal Herria

«Ha calculado que este es el momento para el chantaje (fiesta del Aberri Eguna) gracias a la clamorosa debilidad de Pedro Sánchez»

El PNV exige la fantasmal Euskal Herria

Imanol Pradales. | Diego Radamés (Europa Press)

El Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) que el PNV celebra este domingo con dos maketos en la dirección: Pradales Gil y Esteban Bravo, no va a ser como otros años una convención silvestre plagada de discursos encomiásticos, chistorra y chuletón, no se engañen. Esta vez es el anticipo de otro pacto interesado entre Sánchez y los mencionados nacionalistas que va a permitir al primero seguir disfrutando de los votos imprescindibles del partido de Arana.

No hay más que leer (lo siento por el castigo que les transmito) los medios del peneuvismo para conocer hasta qué punto en este ejercicio se trata de dar un paso más para asentar en poco tiempo un estado independiente. Se trata, ni más ni menos, de la oficialización del término identitario Euskal Herria, escrito mejor así que unido en un solo vocablo. El objetivo es sustituir lo más pronto posible esa ficción imaginativa que parió Arana: Euskadi (él la empleó con la zeta en vez de con ese), lo cual no tiene nada de inocente, antes bien, la iniciativa está perfectamente diseñada, encierra además un componente, un conflicto nacional e internacional de proporciones considerables.

Recuérdese el vocablo escrito, Euskal Herria es la plasmación política y social de la reunión en un solo escudo, por ejemplo, de las cuatro provincias españolas, las tres propiamente vascongadas, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, Navarra, y de las tres francesas Laberdi (Lapurdi), Baja Navarra (Nafarroa Behera) y Sola (Zuberoa). En estas últimas, la asimilación de la susodicha Euskal Herría es francamente minoritaria. También lo es en España, salvo, claro está, en los enclaves hipernacionalistas.

Pero el PNV sabe que lo saca ahora adelante o nunca podrá con ello. Ha calculado que este es el momento para el chantaje (fiesta del Aberri Eguna) gracias a la clamorosa debilidad de Pedro Sánchez, un tipo que, a mayor abundamiento, no tiene la menor intención de defender la integridad de la Nación Española si eso tiene que hacerlo a costa de renunciar a las voluntades decisivas de los parlamentarios nacionalistas en Madrid.

A este individuo le trae por una higa que Navarra pierda su esencia secular y termine por incorporarse (los pasos van muy adelantados) a la comunidad autónoma vasca, el embrión de un Estado independiente propio. Si la cesión le permite seguir contando con la adhesión de los diputados peneuvistas y los filoterroristas de Bildu, no dudará en permitir la oficialidad de la fantasmal Euskal Herria.

A él: ¡qué más le da si lo único que conoce bien del Viejo Reino de Navarra son las fechorías, las corrupciones que han perpetrado durante muchos años los Chivites de turno (ahora en el poder foral) y los Cerdanes, el patrón ahora en libertad provisional! Por ahora, los dos complotados, Sánchez por un lado y el dúo maketo Pradales-Esteban por otro, entienden que una cosa es la oficialización del término y otra distinta el reconocimiento administrativo, al nivel que sea, incluso el internacional, que no guarda la menor posibilidad de prosperar.

Eso, como suelen decir los castizos, nos va a salvar. Pero el empeño no ceja, está claro, y se va a concretar en esta anual celebración dominical del PNV que pretende galvanizar los decaídos ánimos de los devotos que cada día en sus propios pueblos constatan cómo los etarras y sus hijos les están comiendo la merienda, de modo que, como suele prever Jaime Mayor Oreja, toda una autoridad en la materia, es más posible que en las próximas elecciones regionales los militantes de Otegui se hagan con el Gobierno regional y antes, incluso con muchos más municipios de los que ahora mantienen todavía.

A estas alturas son muy pocos los españoles que dudan de que Sánchez se va a doblegar a la exigencia del PNV. En puridad, ni siquiera se puede afirmar «que se vaya a doblegar» puesto que ya hemos asegurado que para él la cesión no le produce urticaria, es únicamente una forma de conservar el sitial que okupa (por favor con «k») en La Moncloa. A él no le incumben ni los fundamentos, ni los principios de la Ética Política puesto que hace mucho tiempo que ha prescindido de ella. Sólo le interesa su futuro personal, el sentirse como referente mundial del progresismo leninista.

Está a punto de perder cuatro elecciones sucesivas y se presenta por doquier como un vencedor irrebatible. Para continuar de esta guisa antidemocrática, es imprescindible que continúe cediendo al PNV todo lo que le exijan, desde edificios propiedad del Estado (el último el Palacio de La Cumbre en San Sebastián) a conceptos inequívocos de integridad territorial como el que estamos denunciando. Él está despedazando los intereses de España y se está vendiendo a los mercachifles del PNV dispuestos a dejar en las mismas raspas a nuestra nación multisecular.

La postrera acción, pero no la definitiva, de los nacionalistas es oficializar «en el Estado», como afirman estos desvergonzados, esta fantasmal Euskal Herria que hoy resulta más cercana que nunca, lo verán, en las homilías de este presente Aberri Eguna. Así se completa por ahora el cúmulo de traiciones que ha perpetrado un sujeto que, si la Historia es justa, puede que termine de ocupa, que no de «okupa», en una de las más confortables prisiones españolas. Llegado el caso, seguro que ni siquiera le visitaría alguno de los cómplices a los que en este momento está entregando España.

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