La genuflexión de Letizia y Sofía al Papa, a examen: «Los besos de la reina emérita son muy 'old school'»
Las dos reinas han sido las protagonistas de la llegada del Pontífice a Madrid, así como en la misa en La Almudena

Las reinas Letizia y Sofía saludando al Papa. | EP
El papa León XIV llegó, este mismo sábado, a la ciudad de Madrid. El Pontífice aterrizó en la capital con los Reyes esperándole en la escalerilla del avión. En ese momento, la reina Letizia, que estaba haciendo uso del privilegio de blanco, recibió a León XIV con una genuflexión y acercando su cara hasta el anillo del Pescador, tal y como marca el protocolo. Un gesto que repitió en la Plaza de Cibeles cuando se volvieron a encontrar para la misa del Corpus Christi. Este lunes, le ha tocado su turno a la reina Sofía, quien ha estado presente en La Almudena para una de las últimas misas del Pontífice. Como no podía ser de otra manera, la reina emérita recibió al Papa a las puertas del Campo Santo, donde no faltó tampoco su genuflexión.
Dos momentos con dos mujeres como protagonistas que, inevitablemente, nos llevan a analizar el saludo que profesaron ambas al sumo pontífice. Ha sido la experta en protocolo, Ana Polo, quien ha realizado, a través de X, una comparativa entre ambos saludos que, sin duda, han sido de lo más comentado a través de las redes sociales y con la que se puede arrojar luz sobre la manera de comportarse de ambas. «Los besos en la mano a la old school de la reina emérita; girando la boca en el último segundo para no dejar marcas ni babas en la mano», escribe Ana Polo. Y es que es así como se solía hacer antiguamente, algo que ella misma considera como «un arte en extinción».
Los saludos de la reina Letizia al papa León XIV
Los encuentros y saludos que la reina Letizia ha protagonizado con el papa León XIV, como decíamos, han sido muy analizados, ya que combinan de forma milimétrica el estricto protocolo de la Iglesia con sutiles pero significativos gestos de reverencia y respeto institucional. El primer saludo entre ambos se produjo en la Basílica de San Pedro en Roma, con motivo de la misa de inicio de pontificado de León XIV, cita a la que acudieron los reyes Felipe VI y Letizia encabezando la delegación española. Letizia ejerció de forma impecable el «Privilegio de Blanco» —el privilège du blanc—, una prerrogativa histórica del Vaticano concedida en exclusiva a las reinas católicas —por la que pueden vestir de blanco ante el Papa mientras las demás mujeres deben ir rigurosamente de negro—. Para esa ocasión, lució un diseño de la firma Redondo Brand.
Fue un encuentro de apenas un minuto tras la liturgia. Letizia estrechó la mano del pontífice e inclinó la cabeza con mucha solemnidad. En el plano de las interacciones, fue la reina Letizia quien asumió el papel de realizar las presentaciones rápidas del resto de los miembros que los acompañaban, en un ambiente cordial y directo en idioma español. El segundo gran saludo ha tenido lugar con motivo del histórico viaje apostólico del papa León XIV a España. Los Reyes le dieron la bienvenida a pie de pista en el aeropuerto antes de los actos oficiales en el Palacio Real de Madrid.

Letizia volvió a hacer uso de su derecho protocolario vistiendo un favorecedor diseño lady de guipur blanco. Su elección de moda acaparó los titulares especializados por su elegancia y adecuación a la solemnidad del encuentro. Lo más comentado de este segundo saludo fue la marcada reverencia realizada por la Reina. Aunque las normas del protocolo de la Corona española dictan que los Reyes no tienen que inclinarse ante nadie, la tradición histórica marca que ante el Santo Padre sí procede realizar una flexión de rodilla en señal de profundo respeto a su investidura como líder espiritual.
Letizia, que en raras ocasiones realiza este tipo de reverencias de rodilla, no dudó en ejecutarla ante León XIV, un gesto de deferencia que evidenció la excelente sintonía de la Casa Real española con la Santa Sede y la relevancia de la visita del Pontífice. Además, en los encuentros posteriores en el palacio donde se unieron la princesa Leonor y la infanta Sofía—, la reina volvió a actuar con gran naturalidad e inclinó la cabeza con respeto en cada interacción. Como decíamos, la otra gran protagonista ha sido la reina Sofía, quien estuvo junto al Papa en la Catedral de La Almudena, donde recibió a León XIV.

Fiel a las tradiciones eclesiásticas más solemnes de nuestro país, la reina Sofía llegó a la catedral vestida de riguroso blanco, usando el privilegio de blanco por ser una reina católica. Tras la llegada del Papa, la reina emérita recibió al Pontífice con una genuflexión, en la que inclinó su cabeza de una forma más ladeada. Al ingresar al templo, Sofía avanzó con paso lento y semblante serio. Realizó una profunda inclinación de cabeza ante el altar mayor y el Santísimo Sacramento. Posteriormente, saludó con enorme calidez, pero manteniendo la distancia protocolaria, al cardenal arzobispo de Madrid y al nuncio apostólico, quienes encabezaban la liturgia. Fue un saludo con las manos entrelazadas y un leve gesto de cabeza, evitando cualquier efusividad dada la naturaleza del funeral.
Durante los minutos previos al inicio de la misa, Sofía también cruzó miradas y breves inclinaciones de cabeza con el resto de autoridades civiles y miembros de la aristocracia y la Iglesia que abarrotaban los bancos de la Almudena. Quienes presenciaron el momento destacaron la entereza y la dignidad de la reina emérita, quien mantenía una relación de profundo respeto intelectual y afectuoso con el fallecido pontífice emérito, haciendo que su presencia y sus gestos de saludo de ayer tuvieran una carga emocional muy evidente.
