La generación Z es la primera menos inteligente que sus padres, según un neurocientífico
El declive de estos jóvenes en algunas áreas cognitivas se debe, en su opinión, a la dependencia excesiva de la tecnología

Jóvenes con dispositivos electrónicos. | Freepik
La generación Z —integrada por aquellos que nacieron entre finales de los noventa y principios de los dos mil— constituye un grupo de edad especialmente señalado en el debate público: se les caracteriza frecuentemente como hipersensibles, menos resilientes, dependientes del teléfono móvil y escasamente comprometidos con el trabajo. Ahora resulta que también son menos inteligentes.
Eso al menos sostiene un destacado neurocientífico, el australiano Jared Cooney Horvath, que asegura que esta cohorte es la primera en tener un nivel cognitivo inferior al de sus padres. «Es la primera generación en la historia moderna que obtiene peores puntuaciones en las pruebas académicas estandarizadas que la anterior», explicó ante el Senado de Estados Unidos el pasado enero. «Y para colmo, la mayoría de estos jóvenes se creen demasiado inteligentes. Cuanto más inteligentes se creen, más tontos son en realidad».
Este hallazgo, en caso de confirmarse, supondría el fin del llamado efecto Flynn: el aumento sostenido del cociente intelectual de generación en generación. Este crecimiento en las capacidades cognitivas fue documentado por el investigador James R. Flynn, que demostró que las puntuaciones promedio de inteligencia han aumentado durante las últimas décadas del siglo XX en muchos países debido a factores ambientales como mejor educación, nutrición, acceso a información y estímulos cognitivos tempranos.
La investigación de Jared Cooney Horvath, experto en desarrollo cognitivo y aprendizaje humano y profesor de la Universidad de Melbourne, concluye que los nacidos a finales del siglo XX muestran un declive en áreas como la atención básica, la memoria, la lectoescritura, las habilidades matemáticas, la capacidad de resolución de problemas y el coeficiente intelectual general. La causa de ello no sería otra que la dependencia excesiva de la tecnología, que es un factor omnipresente en el día a día, incluso para el aprendizaje.
Las nuevas generaciones pasan demasiado tiempo con aparatos electrónicos: según apuntó Horvath, «un adolescente pasa la mitad del tiempo que está despierto mirando una pantalla». Además, los dispositivos digitales ocupan la mayor parte de la materia cerebral durante las clases y las tareas derivadas. «Los humanos estamos biológicamente programados para aprender de otros humanos y del estudio profundo, no para hojear pantallas buscando resúmenes con viñetas», indica el neurocientífico.
El uso de la tecnología en el ámbito educativo aporta múltiples beneficios, pero también conlleva importantes inconvenientes. Por ejemplo, la pérdida de la soltura en la escritura a mano debido a que la generación Z recurre cada vez menos al bolígrafo y al papel, desplazados por el uso constante de dispositivos electrónicos. Cerca del 40% de los nativos digitales muestra dificultades para mantener una caligrafía fluida, con el agravante de que la escritura a mano activa áreas del cerebro relacionadas con la memoria y la comprensión, y favorece un procesamiento más profundo del lenguaje. De ahí que países pioneros en la tecnología, como Suecia, estén dando marcha atrás en el uso de ordenadores en las aulas.
España, por el contrario, es el país de la Unión Europea con mayor adopción de las tecnologías en el ámbito educativo, tal y como indican los datos de la oficina de estadística comunitaria Eurostat. Seis de cada diez jóvenes españoles utilizan la inteligencia artificial. Según un estudio de Unicef, el 92% de los niños de 12 años dispone de un teléfono móvil, y la edad media de acceso al primer smartphone se sitúa en los 10,9 años.
Siguiendo la estela de Suecia, la Comunidad de Madrid se ha convertido en la primera región de España en eliminar el uso individual de dispositivos digitales (tablets, portátiles, móviles) en las etapas de Educación Infantil y Primaria. Y aunque de momento no existe una ley nacional, la mayoría de las comunidades españolas han aprobado en los últimos años normas para prohibir o restringir el uso de teléfonos móviles en los centros educativos.
