El temporal arranca la cabeza a la estatua de Fernando VII en Sevilla
Esta pieza es la única neoclásica de Sevilla y una de las pocas que se conservan en España a día de hoy

Estatua de Fernando VII. | Raúl Caro (EFE)
La escultura colosal de Fernando VII que se conserva semioculta desde hace justo un siglo junto a la Torre de Don Fadrique en Sevilla ha sufrido escarnios de toda índole a lo largo de su historia, el último a manos de la naturaleza, cuando la última dana que ha azotado Sevilla derribó un árbol que cayó sobre ella, cortándole la cabeza.
De algo más de dos metros de altura –llegó a medir seis metros sobre pedestal– y de dos toneladas de puro bronce, la escultura presidió lugares públicos de Barcelona, París y Sevilla desde que en 1831 la modelara Pierre Joseph Chardigni por encargo del Conde de España y capitán general de Barcelona, Roger Bernard Charles de Espagne, absolutista que combatió al francés, o sea a sus compatriotas, en la Guerra de la Independencia.
También es la única estatua neoclásica de Sevilla y una de las pocas que se conservan en España, según ha dicho a EFE la historiadora del Arte Teresa Lafita, autora, entre otros, del estudio Fuentes y Monumentos Públicos de Sevilla (ABC de Sevilla, 1998), quien alaba el valor artístico de la pieza y rechaza que se la califique de «escultura maldita»: «El término ‘maldita’ es demasiado fuerte; puede que el personaje histórico que representa fuese maldito y algo de eso haya quedado en su figura en bronce, pero se trata de una pieza única, de un gran valor artístico, al margen de cualquier otra consideración y del propio devenir histórico».
Una estatua arrinconada
Fue Teresa Lafita, durante una investigación de 13 años de duración, quien en 1998 halló en París, en el Archivo de Escultura del Siglo XIX del Museo del Louvre, el documento que acreditaba la autoría de Chardigni, que hasta ese momento se había olvidado por completo.
La escultura desde 1926 permanece sobre el suelo, al aire libre, situada en un recoveco de los jardines medievales de la Torre de Don Fadrique, en un espacio integrado en el actual centro cultural del Convento de Santa Clara de Sevilla, en un sitio que contradice el espíritu con el que fue concebida, arrinconada en un lugar por completo descontextualizado, tanto que Lafita considera que es allí, donde lleva justo cien años, donde debe permanecer.
El Convento de Santa Clara fue el originario Museo Arqueológico de Sevilla a finales del XIX y por eso terminó acogiendo la escultura, pero el lugar que ocupa es un rincón casi secreto de los jardines que, aunque habitualmente están abiertos al público, ahora permanecen cerrados por las obras de restauración del convento.
La ajetreada historia de la escultura acredita la opinión de la investigadora: en 1926 el Arzobispado de Sevilla se la vendió al Ayuntamiento, como parte del mobiliario que quedó en el Palacio de San Telmo -actual sede la Presidencia de la Junta de Andalucía-, una vez que los herederos de los Montpensier donaron este palacio a la Iglesia, que lo reconvirtió en seminario.
La escultura errante
En 1893, María Luisa Fernanda de Borbón ya había donado el parque que lleva su nombre a la ciudad de Sevilla, su palacio de San Telmo al Arzobispado, y antes, en 1868, cuando estalló La Gloriosa, la cambió del lugar que ocupaba en sus jardines y la llevó a una glorieta en la que se veía menos para librarla de las iras revolucionarias. Pero si la escultura data de 1831, su peregrinaje comenzó en 1835, cuando ‘La Bullanga’, revuelta popular contra el absolutismo, la derribó del pedestal que ocupaba en Barcelona.
En 1840, la viuda de Fernando VII, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, la acarreó en su exilio en Francia, y en 1861 Napoleón III compró su palacio y consideró oportuno regalarle la escultura a la hija de la reina regente, María Luisa, quien decidió llevársela a Sevilla y ponerla en los jardines de su palacio.
En alguno de los disturbios revolucionarios, la estatua fue derribada y arrastrada, por lo que le faltan varias piezas, como las dos manos, que decenios más tarde un famoso orfebre sevillano compró en El Jueves, mercadillo de antiguallas que se celebra en Sevilla ese día de la semana.
