La manera de caminar revela el estado de ánimo, según un estudio
Se ha descubierto que la forma e intensidad de mover las extremidades al andar da información emocional

Gente andando. | Freepik
Las expresiones faciales o el tono de voz tienden a reflejar el estado de ánimo de una persona porque, a través de ellos, se pueden percibir emociones sin necesidad de que el individuo verbalice lo que siente. Por ejemplo, un rostro alargado o un tono de voz apagado o monótono suelen asociarse con la tristeza. Del mismo modo, una sonrisa amplia acompañada de un tono de voz animado se entiende como sinónimo de alegría. Sin embargo, ahora se ha descubierto que no serían las únicas señales corporales que permiten percibir la disposición de los demás.
Recientemente, un estudio ha determinado que la amplitud del movimiento corporal transmite emociones. En concreto, la manera en la que se balancean los brazos y las piernas al andar reflejaría el ánimo de las personas. «Caminar es uno de los movimientos corporales más familiares y practicados por los seres humanos», indica la autora principal del estudio —Mina Wakabayashi— en declaraciones recogidas por el diario británico The Guardian, «por ello, los cambios en el estado emocional pueden reflejarse de forma natural en [la] forma [en que uno se desplaza]».
Los resultados muestran que los balanceos de brazos y piernas más amplios y energéticos tienden a percibirse como manifestaciones de enfado o agresividad, mientras que aquellos reducidos o apagados se asocian con mayor probabilidad a la tristeza o el miedo. Con esta identificación, se amplía el listado de señales que los humanos emplean para evaluar rápidamente las emociones de las personas y quedan señalados los movimientos que comunican mejor cada tipo de sentimiento.
Para la investigación, realizada por el Instituto Internacional de Investigación de Telecomunicaciones Avanzadas en Kioto (Japón), los científicos pidieron a un grupo de actores —equipados con ropa ajustada y marcadores reflectantes— que caminaran una distancia corta mientras reflexionaban sobre acontecimientos de su vida que les habían provocado ira, felicidad, miedo o tristeza. Con ello, se crearon vídeos de puntos de luz desde un lateral y el frente, en los que solo se capturó la manera de desplazarse, sin expresiones faciales ni otras señales corporales.
Posteriormente, un grupo de voluntarios visualizó las grabaciones hechas e indicó las emociones que les evocaba cada manera de caminar. Como resultado, se reconocieron todos los estados de ánimo representados con un nivel de exactitud mayor que el que se obtendría por casualidad. Del mismo modo, se llevó a cabo otro experimento en el que se analizaron los movimientos específicos que revelaban las emociones de los participantes. Para ello, los investigadores grabaron a individuos que expresaban emociones neutras y manipularon las imágenes para exagerar o atenuar el balanceo de los brazos y piernas. Tras ello, se observó que un balanceo más pronunciado se interpretaba como agresivo, mientras que uno menos marcado se interpreta como triste.
Es probable que, además de en la manera de desplazarse, las emociones influyan en muchas otras maneras en las que los humanos utilizan sus cuerpos. Por ello, los investigadores que han realizado este estudio quieren explorar estas influencias en trabajos futuros. «Ser capaces de inferir emociones a partir del lenguaje corporal puede ayudarnos a comprender rápidamente a los demás durante las interacciones sociales, incluso sin palabras», afirma Wakabayashi, que añade que esto podría servir también para adaptar la forma de acercarnos a los demás.
Pero las ventajas de este trabajo no se limitan a las relaciones interpersonales y la transmisión/recepción de información destacada mediante gestos simples, sino que va mucho más allá. En caso de que los científicos logren predecir con fiabilidad el estado de ánimo de los individuos a partir de sus movimientos, esto podría contribuir a la identificación de personas vulnerables o que constituyen una amenaza mediante cámaras de seguridad. Asimismo, entre otros muchos beneficios, podría derivar en dispositivos portátiles que monitoricen el estado mental de los sujetos.
