Solo el 8% de los padres españoles quiere que sus hijos estudien una FP
La Formación Profesional se consolida como una de las vías educativas con mayores tasas de empleabilidad en España

Un joven mecánico. | DGA
Apenas un 8% de los padres españoles desea que sus hijos cursen estudios de Formación Profesional (FP). Así lo revela una encuesta reciente de la plataforma GoStudent hecha a más de un millar de familias europeas y que pone de manifiesto la escasa confianza de las familias españolas en la FP y los oficios como una opción de futuro profesional. Según el estudio, la Ingeniería y la Tecnología encabezan las aspiraciones parentales, con un 36%, seguidas de Medicina y el sector sanitario (25%), las profesiones digitales (21%) y los estudios vinculados a los negocios y el emprendimiento (15%). Los oficios —tradicionalmente asociados a la FP— quedan relegados a un segundo plano, pese a su elevada demanda en el mercado laboral.
Una percepción que contrasta con los datos oficiales. La Formación Profesional se ha consolidado en los últimos años como una de las vías educativas con mayores tasas de empleabilidad en España. De acuerdo con el Ministerio de Educación y Formación Profesional, los titulados de FP, especialmente en ramas técnicas e industriales, alcanzan algunas de las tasas de inserción laboral más elevadas del sistema educativo: superan el 70% de afiliación a la Seguridad Social a los tres años de finalizar sus estudios.
Pese a ello, este potencial sigue sin aprovecharse plenamente. El último informe del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) señala que cerca del 43% de las vacantes del mercado laboral español son de difícil cobertura, una situación especialmente grave en sectores clave como la construcción y la industria. De forma paradójica, muchas de estas plazas podrían cubrirse con titulados de FP, en un contexto en el que España continúa registrando tasas de paro juvenil elevadas en comparación con otros países europeos.
A nivel social, la Formación Profesional cuenta con una valoración mayoritariamente positiva. Actualmente, más de 1,2 millones de estudiantes están matriculados en FP y la mayoría de la población reconoce su utilidad para acceder al mercado laboral. Sin embargo, el prestigio social sigue siendo uno de sus principales obstáculos, especialmente entre los sectores con mayor nivel educativo y poder adquisitivo. Así lo refleja el último Barómetro de la Formación Profesional, elaborado por la Fundación por la Formación Dual CaixaBank, CaixaBank Dualiza e Ipsos Iberia. El 69% de los encuestados afirma tener una imagen «positiva o muy positiva» de la FP; tres de cada cuatro consideran que facilita una inserción laboral rápida, y el 60% la ve más adaptada a las necesidades del mercado que los estudios universitarios.
No obstante, el reconocimiento social continúa siendo una asignatura pendiente. Solo el 22% de la población percibe que la FP goza de un alto prestigio en su entorno, mientras que un 14% la considera «poco o nada prestigiosa». Esta percepción negativa es más acusada entre los ciudadanos con mayores ingresos, donde uno de cada cuatro comparte esta opinión, el doble que entre los hogares de rentas medias o bajas.
El peso de la familia en la elección de las carreras
El entorno familiar —y, en particular, el nivel formativo y profesional de los padres— desempeña un papel determinante en la elección de los estudios superiores. Un informe del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que analiza la relación entre el perfil socioeconómico de las familias y las titulaciones universitarias escogidas por sus hijos, revela que los estudiantes procedentes de hogares con progenitores con estudios superiores y ocupaciones de alto nivel tienden a concentrarse en grados vinculados a las Ciencias, las Ingenierías y la Arquitectura, mientras que aquellos cuyos padres desempeñan trabajos de nivel medio o bajo se orientan con mayor frecuencia hacia titulaciones de Educación, Artes y Humanidades.
En términos generales, el alumnado universitario presenta un perfil familiar más elevado que el conjunto de la población española. Casi la mitad de los estudiantes tiene padres con estudios superiores y más de cuatro de cada diez proceden de hogares con ocupaciones de alto rango, cifras significativamente superiores a la media nacional. Esta diferencia se acentúa en determinadas áreas de conocimiento, especialmente en Ingeniería, Ciencias de la Salud y Ciencias, donde la presencia de familias con alto capital educativo y profesional es claramente mayor.
El caso de Medicina es el que más llama la atención: más de dos tercios de los estudiantes matriculados tienen, al menos, uno de sus progenitores en una ocupación de nivel alto, y más de ocho de cada diez proceden de familias con estudios superiores. Los estudiantes con perfiles familiares medios y bajos se concentran en mayor medida en titulaciones como Educación o Artes y Humanidades. No obstante, el informe subraya que en otras ramas —como Ciencias Sociales, Derecho, Negocios, Informática, Agricultura o determinados estudios sanitarios— la influencia del origen familiar es menor y entran en juego otros factores, como el género del estudiante.
Las diferencias también se reflejan en el tipo de universidad elegida. Aunque las universidades privadas registran una elevada proporción de alumnado procedente de familias con alto nivel educativo y profesional, la mayoría de estos hogares opta por la universidad pública. De hecho, entre los estudiantes de perfil socioeconómico alto, más de ocho de cada diez cursan sus estudios en centros públicos, una proporción aún mayor entre quienes proceden de familias con ocupaciones medias o bajas.
La dimensión territorial refuerza este patrón. Las comunidades de Madrid, País Vasco y Navarra concentran un mayor número de estudiantes con perfiles familiares altos, mientras que los niveles medios y bajos son más frecuentes en regiones como Castilla-La Mancha, Extremadura y Canarias. Un desequilibrio que se acentúa por la movilidad académica: los estudiantes que se trasladan a otras provincias para cursar sus estudios proceden mayoritariamente de familias con mayor capital económico y educativo.
En cuanto al rendimiento académico, el informe señala que los alumnos de entornos familiares más favorecidos presentan, de media, mejores resultados y menores tasas de abandono. Pero, cuando se comparan estudiantes con calificaciones de acceso similares, las diferencias prácticamente desaparecen, lo que apunta a que el origen social influye más en las oportunidades y decisiones iniciales que en el desempeño académico en sí.
