
Oliver y Benji
Evoluciona el rol de Leo, muda la faz, se recoloca inteligentemente y se lo reconoce el barcelonismo: marca Neymar y el público grita “¡Messi, Messi!” alzando y bajando los brazos, rindiéndose a su talento.
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Evoluciona el rol de Leo, muda la faz, se recoloca inteligentemente y se lo reconoce el barcelonismo: marca Neymar y el público grita “¡Messi, Messi!” alzando y bajando los brazos, rindiéndose a su talento.


El fútbol es un carrusel de “boteprontos”, de canguelos puntuales, de euforias desbordadas y de locuras colectivas que afectan por igual a socios, aficionados y directivos.



Un modelo. Un modelo de futbolista. Literalmente. Futbolista y modelo. Pero de esos que ya no quedan. De los que sienten el fútbol de verdad, de los que les gusta más la pelota que a un tonto un lápiz, de esos que sacrifican su bien personal en favor de todo el equipo.

Nadie sabe cuando va a morir. Tenemos una fecha predestinada, pero no sabemos cómo ni cuándo se dará. Puede que sea en el momento menos esperado, haciendo algo que nos gusta o incluso en el mejor momento de nuestra vida.

Al Cholo le han sancionado. Por las collejas que le dio al cuarto árbitro, por las protestas, “por contravenir el buen orden deportivo”, que no sé qué es, y por quedarse en la grada después de la expulsión.


Una copa de ésas de pretemporada ganada, y la otra por disputar a partir de dentro de unas horas, contra el Atlético. De nuevo se discute la portería, y se alaba a Kroos, se espera algo más de James, se hacen cábalas con Di María…

Messi, Neymar y Suárez. Pronunciado de corrido, impresiona. Si los tres afinan, si eliminan algún pólipo de las cuerdas vocales y si se aprenden bien las letras pueden convertirse en el mejor trío delante del mundo.


Su Mundial debería resultar más gratificante que el de los futbolistas. Pero también será un último hurra de muchos, y el porvenir también está aquí plagado de dudas. Los espejismos se van desvaneciendo.



El Barça debe graduarse de nuevo, ajustar dioptrías y evitar lo que pueda deslumbrar en exceso. Llegar a entrenar sin legañas y dirigir con los ojos bien abiertos. Escuchar, no oir. O lo que es lo mismo: trabajar, trabajar y volver a trabajar.


Ahora toca esperar cuatro años para Rusia 2018, larga agonía que hace cada edición aún más especial porque las mejores cosas de la vida se hacen esperar. Gracias fútbol. Danke Deutschland. OBRIGADA BRASIL.

Este Mundial de Fútbol en Brasil es histórico. Qué equipos, qué emoción, qué figuras, qué nivel de fútbol. A puertas de la final, nos quedamos con un principio: cualquiera le gana a cualquiera.




“Alfredo cambió la historia de este club y del fútbol”. Un emocionado Florentino Pérez resumía en rueda de prensa lo que para el Real Madrid y para el mundo del fútbol ha sido, es y será Don Alfredo Di Stéfano.

Estamos a puertas de unas semifinales a las que se ha llegado desde el punto de castigo máximo en la que la personalidad, los arrestos y la genialidad de un técnico, como es el caso de Van Gaal, aúpan a los porteros a la gloria.



Cuando es tu equipo el implicado en el partido y se respiran los últimos alientos del juego, perdiendo por un gol a cero, lo último que piensas es que tu combinado nacional le dará la vuelta a la tortilla. Pero puede suceder.

¿Quien se había imaginado un Mundial así? Ni por el lado futbolístico, ni mucho menos por el lado social y político. Yo me esperaba un caos total en Brasil y seguramente que a todos ustedes ya se les cayeron todas las quinielas.




El azulgrana es el futbolista que más partidos ha jugado en la historia del Barça: 723. Pero el nuevo entrenador, al no dejarle demasiado claro si en su guión iba a ser actor principal o secundario, convirtió automáticamente la duda en respuesta.


Una capa roja que cubrió a Río de Janeiro momentáneamente. Un infierno temporal. Tanto rojo junto. Muchos les pueden tener cautela al rojo, yo los entiendo. A pesar de esto, la situación ha estado bastante calmada.


El problema de perder como perdimos es que la diferencia de goles es tan abismal a favor de los neerlandeses que estos, ganando hoy a Australia, tienen asegurada la primera plaza pase lo que pase en la última jornada ante Chile.


Es además una religión mundial (ahora se dice global). En efecto, la Iglesia Católica y la FIFA son las dos únicas organizaciones que tienen representantes en todos los países, incluso los que no pertenecen a la ONU.

Arranca un Mundial desbordado de polémica, pero nada me dio más pena ajena que los insultos de los casi 65 mil brasileños en el estadio hacia la presidenta de Brasil. Decían a unísono “Hey! Dilma vai tomar no cú”. (Traducción: Hey! Dilma, que te den por el… Tú sabes donde). Una y otra vez. Me gustaría saber cómo reaccionaba la gente en el palco presidencial. Jajajajajajajaja y más jajajajajaja.
