The Objective
La semana por delante

Jarana judicial y el rojerío unido contra Moreno

«Nunca como esta vez, las televisiones han dedicado más tiempos y espacios a las procesiones de fe en España»

Jarana judicial y el rojerío unido contra Moreno

Ilustración generada con IA.

Ya con calor físico en casi toda España, otro calor en los tribunales y en las pendencias electorales domina ya estos primeros días de la Post-Semana Santa marcada por un regreso al espiritualismo descarado, quiéralo ese converso de última hora y, por tanto, un embustero, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, pasando la mano por el lomo a los católicos de Israel. Es verdad: nunca como esta vez, las televisiones españolas, y algunas europeas, han dedicado más tiempos y espacios a las procesiones de fe en España, y tampoco nunca han salido más fieles a la calle probablemente a demostrar que están hartos de la cutre bajamanería atea que se nos quiere imponer desde el Gobierno chequista de la Nación. Pero esos cuatro días de religiosidad espontánea a la que se ha incorporado una muchedumbre juvenil que destaca por su rechazo a la figura de su presidente, de todos sus cuates y también de sus interesados socios, ya se han acabado y volvemos a la realidad, que no al relato, de la actualidad más cercana, constituida mayormente por un par de cuitas judiciales y la continuación de una campaña electoral que se va a refrescar con un acontecimiento básico: los comicios andaluces del 17 de mayo.

Empezando por la primera jarana, mañana mismo se inicia un juicio, nada menos que en el Tribunal Supremo, en el que van a salir a relucir las vergüenzas de un exministro de Sánchez, también ex-secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, que presumiblemente se llevó una parte pingue de las comisiones que cobró en su nombre el delincuente de ida y vuelta, ahora en manos de la Fiscalía, Aldama. Efectivamente, José Luis Ábalos (Jose para sus rabizas) y su mozo de cuadra, Koldo, se llenaron los bolsillos en los momentos más terribles de la Covid 19, importando mascarillas desde China, muchas de ellas claramente defectuosas, desde dos organizaciones estatales, Puertos del Estado, y la desvergonzada Adif de entonces y de ahora. Es de suponer que a lo largo de las tres semanas muy largas que van de hoy mismo hasta el 29 de este mes, la treintena de testigos (Armengol y el ministro Torres entre ellos) que van a desfilar por la Sala II, reconozcan que ellos también participaban en los saraos mafiosos donde los complotados, entre ellos el avispado hijo Víctor, se repartían los diezmos que, en forma de tapabocas que no valían ni para limpiar cristales, llegaban en aviones para venderse aquí seis veces más caras. ¿Reconocerá el ministro -todavía- Torres, que muchos de estos adminículos volaban a Canarias donde todavía mandaba él? Y no se engañen: el mastuerzo quebrantahuesos de Koldo solo era una demandadera de los dineros mensuales que Aldama le entregaba para Ábalos. Con razón se quejó así el portero de noche: «A mí no me quedan más que las migajas».

El PSOE, metido hasta las cachas de Ferraz en esta basura, ya está intentando contraprogramar con otra boñiga: el ‘Caso Kitchen’, un episodio urdido en el Ministerio de Interior gracias a la complacencia o a la estupidez del ministro Fernández, sin duda el peor titular de Interior (Marlaska el primer clasificado) que han soportado los tiempos democráticos de España. En este conglomerado de policías, más o menos corruptos (algunos, como Villarejo, nada de cataplasmas, totalmente corrupto) aparece revoloteando un secretario de Estado de Seguridad, nada menos que un chico bueno, Martínez,  parece que de obediencia opsina en sus años mozos, que fue succionado por esta facción policial dispuesta a vender al Gobierno de Rajoy información primordial sobre sus objetores de todo jaez: izquierda e independentistas. ‘Kitchen’, cocina en su traducción española, lleva siendo manejada por Sánchez desde que este de mala manera llegó al poder. Como la Justicia Española es más lenta que un plantígrado con artrosis, el caso lleva calentito desde 2017, tiempo que ha utilizado la pléyade de conmilitones de Sánchez (ya sabemos que son un millar) para construir la respuesta de este infame Gobierno a todas las canalladas que lleva perpetrando el presidente desde la Moncloa. El proceso oral empieza hoy mismo en la Audiencia Nacional y ahí se juzgan todos estos delitos: malversación de fondos públicos, organización criminal, afectación de la intimidad, revelación de secretos y cohecho. Cada uno de ellos podría valer por sí solo para llevar a la cárcel a cada uno de los protagonistas.

En esta semana de folloneo, alborotada y pendenciera no va a faltar de nada porque si las noticias de este cronista son aceptables, el juez Peinado le va a propinar un disgusto a la escuálida pareja Sánchez-Gómez, abriéndole un juicio oral a la señora por todos los aprovechamientos de que ha dado cuenta durante estos años. La osada «influencer» Begoña al grito de «Soy la mujer del presidente» se apropió de títulos y de becas sin otro aval académico que su palmito consorte. El juez Peinado que, por mucho que digan no da puntada sin hilo ni indicio sin razonar, no tiene la menor intención de cobrar la pensión sin haber concluido el Sumario. Cada vez este hombre descascarillado por la obscena propaganda oficial, se parece más a aquel héroe de la Judicatura que instruyó la golfería de «Filesa, Malesa y Time Export», Marino Barbero, que no midió bien sus fuerzas y pereció infartado de asco entre los legajos de la instrucción. Bolaños recuerda muy bien el caso. Peinado es a Barbero como Barbero a Peinado. Que se sepa.

Pero la segunda convulsión de la semana también va a dar para mucho. Prendida ya con alfileres el rojerío casposo de los ultracomunistas andaluces (nada menos que ocho partidos repartiéndose una bolsita de escaños) está pendiente, por la derecha absoluta, que su partido-bandera, Vox, termine de decidir si pretende que las elecciones se repitan en Extremadura, Aragón, Castilla y León y posiblemente en Andalucía. Abascal, en plena «razzia» contra todo el bicho que le dé por plantarle cara, lleva meses -digo, meses- ensayando una pirueta que al contrincante más sensato le llevaría a propinarle un mordisco en la carótida, O sea, como si tratara de los hábitos comunes en la democracia española, habla, hasta negocia y negocia, pero cuando está a punto de firmar un pacto, proclama: «Amigo, aquí le falta un papel». Debería revivir Larra para reescribir un «Vuelva usted dentro de cuatro meses», Así están las cosas cuando el plazo para constituir Gobierne vence el día 20 en Mérida, capital de Extremadura, y  el 7 de mayo en Zaragoza, capital de Aragón. Abascal envía cartas a sus militantes que le escribe su «negro» de cabecera, Kiko Méndez Monasterio (bueno, también el del papá de los Ariza) y alarga los procesos al estilo de aquel presidente, Lendoiro, del Deportivo de La Coruña, que vencía a sus interlocutores por agotamiento. Abascal debe saber, no obstante, que Fejóo es gallego y que a paciencia no le va a ganar el antiguo militante, bien remunerado, del Partido Popular.

Y fin: esta semana no hay sesión de control en el Congreso con lo que nos quedamos de saber de primera mano dos acontecimientos: el primero, si Sánchez ha sido contagiado en Doñana. ¡Dios no lo quiera! ¡Que no tiene el cuerpo para más achaques! Por alguna alergia, que por allí pululan muchas. El segundo es conocer, en fotografía a todo color, cómo llega de morenaza de Méjico la vicepresidenta Yolanda que hoy estrena cifras de paro. España entera, expectante, desea saber cuál será su próximo viaje a nuestra costa, más que nada para ir entregándola el venidero confiscamiento fiscal. Jaleo, jarana, alboroto, follón y pendencia esa es la nueva actualidad de España a bordo del cohete borracho, el petardo explosivo de Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

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