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Los fantasmas del padre de Djokovic

Una conspiración de Occidente contra Serbia es, según Papá Djokovic, la causa de los problemas de su hijo por negarse a la vacuna

Los fantasmas del padre de Djokovic

El padre de Novak Djokovic, Srdjan, en una rueda de prensa. | Zorana Jevtic (Reuters)

Djokovic y el Gobierno australiano han protagonizado un espectáculo lastimoso. El número uno del tenis se ha mostrado como un negacionista irresponsable, mentiroso y niño mimado que piensa que la reglas no rigen para él. El Gobierno australiano, aterrorizado por las encuestas y las redes sociales, no ha sido capaz durante una semana de aplicar sus propias leyes a una figura mundial. Pero dentro del esperpento que han montado destaca un personaje histriónico, el padre de Djokovic, que ha presentado el conflicto de Sidney como una conspiración de Occidente contra Serbia, «la guerra de los ricos contra los pobres», en sus propias palabras. En Australia algunos inmigrantes de origen serbio le hicieron caso y se echaron a la calle, provocando disturbios.

Invocar el nacionalismo balcánico es muy mala idea. Todos los nacionalismos radicales son perversos, lo sabemos muy bien en España, pero sobre todo lo saben en la antigua Yugoslavia, donde recientemente se ha producido la única guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, en la que nacionalistas serbios, croatas, bosnios o kosovares compitieron en brutalidad y sadismo. Pero el nacionalismo balcánico tiene un plus para cualquiera que tenga memoria histórica: fueron fanáticos nacionalistas serbios quienes provocaron la Primera Guerra Mundial, el inicio de la destrucción de Europa.

La mano negra

En el altar del nacionalismo serbio más extremista hay un ídolo: el teniente coronel Dragutin Dimitrievic, el caudillo que dirigió los peores desastres. Nacido en Belgrado en 1876, en el colegio le apodaron Apis (Abeja en latín) porque era trabajador y disciplinado y, sobre todo, porque tenía un aguijón que clavaba a cualquiera que se le enfrentase. Siendo un simple capitán, fue el líder del movimiento de oficiales nacionalistas y encabezó el golpe de estado contra el rey Alejandro I de Serbia. Este monarca era dictatorial y germanófilo, y se hizo especialmente impopular por casarse con una plebeya 12 años mayor que él. La gente decía que «ella» era quien mandaba, y que pensaba hacer subir al trono a unos de sus hermanos.

El coronel Dimitrievic
El coronel Dimitrievic, alias Apis, el ultranacionalista serbio que provocó la Primera Guerra Mundial. | Foto: Wikimedia Commons

En la noche del 9 de junio de 1903, un golpe militar planeado y capitaneado en persona por Apis asaltó el Palacio Real de Belgrado. No solamente mataron al rey y a la reina, sino que los mutilaron a sablazos y luego arrojaron sus cuerpos por una ventana. También asesinaron a los hermanos de la reina, el primer ministro, miembros del gobierno y militares leales al rey Alejandro.

Esta orgía de violencia puso fin a la dinastía reinante y subió al trono a Pedro I, que era de otra estirpe rival. El Parlamento serbio proclamó al capitán Dimitrievic «Salvador de la Patria».

A partir de ahí el poder de Apis, que por cierto había recibido tres balazos en el golpe, fue en aumento. Nombrado profesor de la Academia Militar se dedicó a educar en el fanatismo a los jóvenes oficiales, asegurándose una generación de mandos militares ultranacionalistas. En 1911 fundó una sociedad secreta, la Mano Negra, para utilizar el terrorismo como instrumento esencial de la política de estado. Cuando en 1913 fue nombrado jefe del servicio secreto militar, acumuló un poder tan grande que, en un año, fue capaz de provocar la destrucción de Europa.

Con la amalgama de terroristas de la Mano Negra y agentes del espionaje militar que tenía a sus órdenes, Dimitrievic proyectó los asesinatos del Emperador Francisco José de Austria, del Káiser Guillermo de Alemania, y de los reyes de Bulgaria, Grecia y Montenegro. Aunque no logró llevar a cabo estos regicidios, el atentado de Sarajevo, en el que murió el Archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austro-húngaro, fue suficiente para desencadenar la Primera Guerra Mundial. 

Borracho de sangre, Apis llegó a intentar el asesinato del propio rey Pedro I de Serbia, al que él mismo había subido al trono. Hasta ahí llegó en su delirio ultranacionalista. Descubierto, fue fusilado por sus compañeros de armas en 1917.

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