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Cultura

'Ferrari', retrato íntimo de una leyenda

Michael Mann regresa al cine con un film centrado en la crisis familiar y empresarial del fundador de la escudería italiana

‘Ferrari’, retrato íntimo de una leyenda

Adam Driver como Enzo Ferrari, en una escena de la película. | Moto Productions, Iervolino & Lady Bacardi Entertainment

Con la invención del motor, el siglo XX descubrió el vértigo de la velocidad. Los futuristas la celebraron de forma temprana en poemas y pinturas y Marinetti loó su belleza en el manifiesto del movimiento. El cine se sumó desde sus inicios a esta fascinación y ya en el periodo mudo abundan las trepidantes persecuciones motorizadas en slapsticks de figuras como Buster Keaton. Con el tiempo las películas de carreras se convirtieron en un subgénero que ha dado clásicos como Grand Prix, Quinientas millas y Le Mans. La segunda estaba protagonizada por Paul Newman y la tercera por Steve McQueen, dos estrellas que se aficionaron a pilotar coches de competición en la vida real (en la actualidad es Michael Fassbender el que parece priorizar su desempeño como piloto por encima de su trabajo como actor).

Entre los títulos más recientes del género destacan Rush de Ron Howard, sobre el duelo entre los pilotos Niki Lauda y James Hunt, y Le Mans ’66 de James Mangold, en la que Ford trata de destronar a Ferrari de su dominio absoluto en los circuitos. Uno de los productores ejecutivos de esta última es Michael Mann (Chicago, 1943), que ahora presenta Ferrari, su regreso al cine como director ya octogenario y tras ocho años de ausencia. Se trata de un proyecto en el que llevaba tres décadas trabajando, porque le fascina la figura de Enzo Ferrari (1898-1988), el creador de un imperio automovilístico basado en el lujo y la velocidad, cuyos emblemas son el intenso color rojo de sus vehículos y el caballo encabritado de su logo.

La película de Mann incluye, como las antes mencionadas, espectaculares imágenes de coches a toda velocidad. Pero en este caso se concentran en su media hora final, dedicada a la última edición de la Mille Miglia, la legendaria competición que dejó de celebrarse tras el accidente con 11 muertos de la edición de 1957 en el que se vio implicado un Ferrari. Hay que quitarse el sombrero ante lo bien que están rodadas estas secuencias, pero el espectador que acuda al cine con la expectativa de ver una clásica cinta de carreras es muy probable que se lleve una decepción.

Y es que Ferrari dedica la mayor parte de su metraje a las tribulaciones familiares y empresariales de Enzo Ferrari durante varios meses del crítico año 1957. Es por encima de todo el retrato íntimo de un personaje en crisis. Su hijo legítimo y heredero ha fallecido de distrofia en plena juventud y él acude cada día al cementerio a visitarlo; su matrimonio se tambalea; mantiene una vida paralela con una amante y un hijo ilegítimo de nueve años al que no puede dar su apellido; la empresa no es económicamente viable porque él invierte las ganancias en los bólidos de carreras. Además, sus pilotos se enfrentan de forma cotidiana a los accidentes mortales, ante la indiferencia de Enzo, al que solo parece preocuparle que sus motores logren más velocidad que los de sus competidores y que sus vehículos ganen premios en los circuitos.

Entre los pilotos de la escudería había un español, el aristócrata educado en Londres Alfonso de Portago, marqués de Portago, que tiene un papel relevante en la película. Otra figura destacada era Piero Taruffi, al que apodaban el zorro plateado por sus cabellos canos y al que en Ferrari interpreta Patrick Dempsey, una atinada elección, porque el actor pilota coches de carreras en la vida real. Estas dos figuras tuvieron un papel importante en la edición de 1957 de la Mille Miglie, la competición de resistencia que se desarrollaba entre Brescia y Roma, por carreteras locales y que atravesaba el centro de varias ciudades. Duraba cuatro días y los espectadores se agolpaban sin ningún tipo de medidas de seguridad en los bordes de las carreteras o tan solo protegidos por balas de paja en los tramos urbanos. Lo cual desencadenó la tragedia en esa edición.

Adam Driver y Penélope Cruz interpretando a Enzo y Laura Ferrari. | Moto ProductionsIervolino & Lady Bacardi Entertainment

Intensidad dramática

La decisión de Mann de concentrar la trama en unos pocos meses críticos en los que Enzo Ferrari debe afrontar diversas crisis, en lugar de hacer un biopic al uso tratando de resumir toda su vida, es inteligente, porque se gana mucho en intensidad dramática. A Enzo Ferrari lo interpreta muy bien caracterizado Adam Driver, en su segundo papel de italiano tras el de La casa Gucci de Ridley Scott. El actor logra transmitir el magnetismo y los tormentos íntimos del personaje. Lo acompaña Penélope Cruz —que habla en inglés con acento italiano— en el papel de la airada esposa, que protagoniza intensas escenas de celos y arrebatos pasionales, con aires de clásica mamma italian style.

El guion —póstumo— es del británico Troy Kennedy-Martin, que murió en 2009, y está basado en la clásica biografía de Enzo Ferrari escrita por el periodista americano especializado en automovilismo Brok Yates. Yates, un personaje muy curioso. Fue el creador en los años setenta de la carrera ilegal conocida como Cannonball Run, que atravesaba Estados Unidos de costa a costa y de la que se llegaron a celebrar cinco ediciones. A partir de sus andanzas, escribió después el guion de Los locos de Cannonball, modesto clásico en tono de comedia de principios de los años ochenta, protagonizado por Burt Reynolds y una larga lista de estrellas.

Ferrari no es un largometraje para los amantes de los thrillers de Michael Mann y es probable que decepcione a los entusiastas de las películas de carreras. Salvo en su palpitante tramo final, la cinta discurre con un ritmo sosegado, enfrascada en los conflictos íntimos de Enzo Ferrari, un hombre capaz de sacrificarlo todo por la obsesión de alcanzar más velocidad que los Maserati que le hacen la competencia. Hay una escena especialmente brillante en la que, durante una comida con sus pilotos, los anima a luchar por la victoria incluso jugándose y sacrificando sus vidas, porque —le dice con aires de iluminado en pleno éxtasis— dos vehículos lanzados a toda velocidad no pueden ocupar un mismo espacio y solo uno ganará la partida.

Cartel de la película.

Por lo que el propio Mann ha explicado, el próximo proyecto que baraja será una precuela de Heat, su obra maestra, en la que está previsto que Adam Driver interprete el personaje al que encarnó Robert De Niro.

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