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El 'Método' ruso que cambió Hollywood

Un nuevo libro narra la historia de la técnica de interpretación que creó a las grandes leyendas del cine

El ‘Método’ ruso que cambió Hollywood

El método. Antón Chéjov leyendo 'La gaviota' rodeado de miembros del Teatro del Arte. A su derecha, Stanislavski.

¿Han visto Marathon Man de John Schlesinger? Si la han visto seguro que no han olvidado una escena en la que un nazi que cometió atrocidades en un campo de exterminio y ahora trafica con diamantes en Nueva York (Laurence Olivier) tortura en una sesión dental sin anestesia al pobre Dustin Hoffman, que se ha visto involucrado en el lío de los nazis y los diamantes sin comerlo ni beberlo. Pues bien, el rodaje de esa escena dio pie a una célebre anécdota. Hoffman decidió que para meterse en el personaje y sentir su tensión y angustia lo mejor era dar varias vueltas a la manzana corriendo para generar agotamiento físico. Harto de esperar, el veterano Laurence Oliver, cuando por fin la joven estrella norteamericana apareció sudoroso y jadeante, listo para filmar, le dijo: «Querido, ¿por qué no te dejas de chorradas y te limitas a actuar?»

La anécdota tiene su miga porque muestra la confrontación entre dos escuelas actorales: en un lado del ring, Laurence Olivier, el mejor actor británico de su generación y gran interprete de Shakespeare, forjado en los escenarios y capaz de meterse en un papel en cuestión de segundos. Frente a él, Dustin Hoffman, el prototípico producto del método del Actors Studio, que para meterse en el papel tiene que vivirlo, sufrirlo, comprender las motivaciones profundas del personaje y conectarlas con alguna vivencia propia.

Pues bien, acaba de aparecer en castellano El método. Cómo aprendió el siglo XX el arte de la actuación (Alianza Editorial) de Isaac Butler, que explica cómo esta técnica de formación actoral inventada por un hombre de teatro ruso a finales del siglo XIX acabó viajando a Estados Unidos y cambió Broadway y después Hollywood, y desde allí se extendió por las pantallas de todo el mundo. Vástagos del método son Marlon Brando, James Dean, Montgomery Clift, Marilyn Monroe, Shirley Winters, Paul Newman, Robert De Niro, Al Pacino y el mencionado Dustin Hoffman, entre otros muchos.

Antes de ser conocido como el método -así, a secas- fue el sistema Stanislavski. Su origen puede fecharse de forma precisa: en 1897, dos amigos del mundillo teatral discutieron durante una larga comida en Moscú sobre su oficio y la decadencia de los escenarios rusos. Consideraban que los actores declamaban de forma impostada, lo cual resultaba especialmente inadecuado para las nuevas formas de teatro realista de autores como Anton Chéjov. Los dos participantes de la conversación eran el director y profesor Vladimir Nemiróvich-Dánchenko y el actor y después director y pedagogo Constantin Stanislavski. Este último decidió idear un sistema de formación para actores para alejarlos de la mera declamación impostada y ayudarlos a meterse en la piel del personaje que interpretaban. Después, puso en práctica sus enseñanzas a través del Teatro del Arte de Moscú, muy vinculado con Chejov y su esposa, la actriz Olga Knipper.

Con la llegada de la revolución soviética, el medio teatral vivió años complicados y varios miembros del Teatro del Arte acabaron optando por el exilio. Uno de ellos, el polaco Richard Boleslavki, se instaló en Estados Unidos y llegó a dirigir varias películas en Hollywood. Además, trajo consigo el sistema Stanislavki. Este nuevo modo de entender la relación del actor con su personaje fue adoptado en los años treinta del pasado siglo por una compañía radicada en Nueva York, el Group Theatre, que estrenaba obras de intensa carga política del dramaturgo Clifford Odets. En el estreno de una de sus obras, ¡Despierta y canta!, en 1935 se aplicó por primera vez en Estados Unidos el sistema Stanislavski. Entre los miembros de esta compañía figuraban el joven director de origen griego Elia Kazan y los actores Stella Adler y Lee Strasberg, todos ellos cruciales en la expansión de este nuevo sistema de formación actoral en su país.

Miembros del Group Theatre en 1938, entre ellos Frances Farmer y Elia Kazan.

‘Un tranvía llamado deseo’

Strasberg se convirtió en la cabeza visible del Actors Studio, fundado en 1947 y por cuyas aulas han pasado muchas futuras estrellas del cine americano. Stella Adler se convirtió en su rival y montó su propia escuela con su nombre. Ella siempre cuestionó la interpretación que hacía Strasberg del sistema Stanislavski. El principal punto de fricción entre ambos era que para Strasberg el actor debía utilizar sus propias emociones y vivencias para meterse en el personaje. En cambio, a Adler esto le parecía un disparate; para ella había que entender las motivaciones profundas del personaje, pero nunca ir más allá. La plana mayor de los actores de Broadway y Hollywood a partir de la posguerra pasaron por las manos de Adler o Strasberg.

Por su parte, Elia Kazan dirigió a Marlon Brando en el estreno en Broadway en 1947 de Un tranvía llamado deseo en Broadway. Esas representaciones fueron un hito histórico y empezaron a forjar la leyenda de Brando. La protagonista -en el papel de Blanche Dubois- era Jessica Tandy, pero toda la crítica habló del joven actor que interpretaba a Kovalski con una fuerza y una carnalidad nunca vistas hasta entonces sobre las tablas. Unos años después el propio Kazan dirigió a Brando en la versión cinematográfica, en la que Vivien Leigh sustituyó a Tandy.

El método ruso creado a finales del XIX, que había llegado al teatro neoyorquino en los años treinta, acabó imponiéndose en las pantallas en la posguerra y lo cambió todo. Años antes de la irrupción de Brando en el cine, otra figura de esa escuela actoral, John Garfield, había empezado a abrir brecha en las producciones de Hollywood desde finales de los años treinta. En los tiempos de Brando se convertirían también en estrellas otros actores de gran intensidad interpretativa como Montgomery Clift y James Dean.

La aplicación de las técnicas del método ha generado muchas leyendas, algunas más veraces que otras. De Brando se decía que en el rodaje de La ley del silencio había pedido que en la escena de la paliza lo golpearan de verdad para meterse en el papel. De Al Pacino se cuenta que cuando interpretó en Serpico al policía que se atrevió a denunciar la corrupción del cuerpo, no salía en ningún momento del papel, ni en las pausas de la filmación ni cuando se iba a casa por la noche. Por su parte, Robert De Niro engordó 30 kilos para interpretar al boxeador Jake LaMotta en sus años de decrepitud en Toro salvaje. Y se cuenta también de él que durante varias semanas condujo un taxi nocturno por Nueva York para preparar el papel del perturbado Travis Bickle de Taxi Driver. Hay quien considera esos planteamientos un punto circenses y en algunos casos incluso peligrosos para la salud. Lo cierto es que con la aplicación del método el arte de la actuación cambió para siempre.

Cómo aprendió el siglo XX el arte de la actuación
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