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Cansinos Assens, retratos de posguerra

«Literatura de la intimidad, estilo vivo, claro, donde siempre se va más allá de las apariencias. Muy recomendado»

Cansinos Assens, retratos de posguerra

El escritor sevillano Rafael Cansinos Assens.

El sevillano que casi no salió de Madrid, Rafael Cansinos Assens, maestro de los raros, de los simbolistas en esteticismo y del vario perder, murió en esa ciudad a inicios de julio de 1964 con 81 años. Murió en un ancho olvido (recuerdo una necrológica de González Ruano) que, si pudiera decirse así, él mismo había buscado y cultivado. Unos versos del poema que Manuel Machado escribió a la muerte del gran bohemio Alejandro Sawa —ambos bien conocidos de Cansinos— mucho le cuadrarían a Rafael: «Y es que él se daba a perder, / como muchos a ganar. / Y su vida, / por la falta de querer / y sobra de regalar, / fue perdida». Cansinos empezó tratando con los mejores, fraterno de Juan Ramón, de Villaespesa, de Darío, de Gómez de la Serna, de Carmen de Burgos, de Emilio Carrere (tantos más) y desde 1901 estaba dentro del modernismo, y era escuchado en los divanes del Café Colonial. Escribió muchas críticas, porque leía y sabía mucho, y comenzó a adentrarse en su raíz judaica al publicar —en 1914, algo tarde— los salmos suntuosos de El candelabro de los siete brazos, prosas líricas numeradas con los nombres del alifato hebreo (Alef, Beth, Guimel…) 

Sin dejar de serlo, el poeta, prosista, novelista muy cercano al modernismo, se hace edecán de las vanguardias, del ultraísmo, esencialmente con Huidobro o Isaac del Vando-Villar, aunque algo satirizará ese mundo en su singular novela, de 1921, El movimiento V. P.. Ensayos singulares y adelantados son Estética y erotismo de la pena de muerte (1916), precursor de los gustos de Bataille, o Valores estéticos de las religiones (1925). Traducciones de muchas lenguas que nunca cesarán y la merecida fama de crítico, de muy pulido estilo, en libros como Poetas y prosistas del Novecientos (1919), Los temas literarios y su interpretación (1924) o los cuatro sapientes tomos de La nueva literatura (1917-1927). Cuando llega la República y la Guerra Civil, Cansinos Assens es muy conocido, pero se empeña —como en su obra El divino fracaso— por vivir cada vez más al margen, cada vez más en su mundo de sabio elegante y alto, solterón que convive con sus hermanas y que trabaja incansable hasta salir de noche al Café a charlar y pasear, haciéndose un impagable retratista de Madrid. Quienes conocíamos y admirábamos a ese Cansinos (he resumido mucho) de los textos raros, la voracidad literaria y el estilo tendente al manierismo, quedamos no solo admirados sino fascinados, cuando en 1982 su hijo Rafael Manuel —nacido en 1958, cuando su padre era ya mayor— publica el primer tomo de La novela de un literato, memorias, emblemas y recuerdos, trazados con asombrosa vitalidad como viñetas o estampas, del mundo literario que conoció y vivió de mano primerísima. Dos tomos más —componiendo una memoria literaria casi única— se editarían en 1985 y 1995. Hombres, ideas, efemérides, anécdotas … (como se subtitula el conjunto) no solo es un monumento a la literatura viva y al sendero del «ocultamiento» del propio Rafael, sino que nos presenta a un prosista distinto, a un Cansinos nuevo.

Frente al autor de estilo florido aparece ahora —póstumo y así debió pensarlo— un escritor de estilo directo, coloquial, enormemente cercano e intimista, con calidad de retrato que rehúye el adorno. Si ello era así en las memorias literarias (La novela de un literato) aún brilla más esta nueva escritura en los Diarios que la Fundación ARCA, tan bien llevada por Rafael Cansinos Galán, comenzó a publicar en 2023, Diario de la posguerra en Madrid 1943 y que han seguido con el de 1944 y ahora con el final, 1945-46. Obra admirable y no corta, Cansinos deja ver en estos diarios de un hombre triste, solo, con una novia llamada Josefina, a la que ve sobre todo en los veranos, un amor, con vetas sensuales, pero diríamos hoy que, recatado, deja ver la atmósfera y las imágenes de una ciudad gris, represiva, dominada por la dictadura del C. (Caudillo) pero viva entre vecinos que luchan por sobrevivir y seguir adelante; y Cansinos escribe estos diarios (como la Novela de un literato) en cuadros o escenas generalmente cortas, que aumentan la rapidez y vitalidad de este moderno estilo cansiniano. Alguien que vuelve de Sitges, por ejemplo, trae noticias de la vida allí del famoso Ruano, como un bajá, «con su mujer, su querida, y sus queridos…» En un indeterminado día de julio de 1946 —se ha descrito muy bien la turbación del Régimen al fin de la II Guerra Mundial— Cansinos deja de escribir su diario al que, prácticamente, no retornará. Queda claro —sin ser dicho, pues Rafael ama una cierta distancia— que la muerte de la amada Josefina (él sigue viviendo con su ahora única hermana, muy piadosa) algo tiene que ver con el silencio. Se acabaron los paseos por el Retiro, tan fecundos, incluso durante la tremenda sequía de 1945, que dejó a la ciudad casi sin luz ni agua…

Aunque parece querer no comprometerse con nada (desde luego no es comunista ni falangista, ni rojo ni azul) descubrimos muy pronto el talante liberal y demócrata de Rafael, que, en su rincón de inmenso trabajador y talento de la literatura, aguarda una España distinta, renovada, más rica y próspera, en la que todos quepamos, también los judíos y aquella Sefarad que él echó de menos, porque sentía el tirón, en su vida, hacia el refinamiento y hacia los múltiples perdedores. Diarios de la posguerra en Madrid. Literatura de la intimidad, estilo vivo, claro, donde siempre se va más allá de las apariencias. Muy recomendado.

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