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Cultura

Tiempos místicos

De Rosalía y la primera comunión a la exposición sobre Picasso en la catedral de Burgos

Tiempos místicos

Ilustración generada con IA.

Hoy, lunes de Pascua, aún resuenan los ecos de una Semana Santa espectacular y multitudinaria, que, por razones diversas, cada vez atrae más atención. La semana en que los católicos rememoran la Pasión de Cristo coincidió, supongo que por mera casualidad, con el apoteósico éxito de la serie de conciertos ofrecidos por Rosalía en Madrid. Y, como es sabido porque se ha repetido hasta la saciedad, Rosalía se ha convertido en el icono de una supuesta resurrección del cristianismo en las manifestaciones culturales.

Se ha escrito mucho, desde todo tipo de ángulos y acerca de los detalles más nimios, sobre las actuaciones de la cantante en su Lux Tour. Entre las decenas de anécdotas recogidas, una me ha llamado poderosamente la atención. Rosalía se movía de un escenario a otro cuando de repente vio, entre el público, a un niño con una pancarta que rezaba «eres mi mejor regalo de comunión». La cantante se detuvo ante el niño Darío, que así se llama, y le dijo: «Qué bonico eres. Mira, la siguiente canción es para ti. La rumba del perdón, ¿vale? Venga, vámonos».

Si algo faltaba para subrayar la espiritualidad de la cantante catalana, para conectar sus mensajes y rituales con los del catolicismo, aquí está la pieza definitiva del engranaje: El niño Darío y el segundo de los siete sacramentos, el «signo sensible», según los católicos, «del efecto espiritual que Dios obra en las almas».

Más allá de la atención prestada por la megaestrella al niño que va a comulgar por primera vez y, por tanto, a iniciarse en la vida cristiana, hay otro detalle muy llamativo. Hace años, lo habitual era regalar con motivo de la primera comunión un reloj, alguna joya conmemorativa del evento o, incluso, una cuenta corriente con primer dinero para el futuro. Todos ellos símbolos de la iniciación en lo que se daba en llamar el «uso de razón».

Era de esperar que lo habitual hoy día fuera algo diferente, simbólico de la generación «low cost», como un móvil o un viaje a Disneyland París, pero lo que no me imaginaba es que el premio para quien recibe por primera vez el cuerpo de Cristo fueran unas entradas para un concierto, y, precisamente, de Rosalía.

Superado el efecto de Los domingos -aún hoy entre las películas más vistas en plataformas-, otro acontecimiento cultural delata el renacido interés por lo espiritual. ¿Habría imaginado el ateo Picasso que su obra sería exhibida en una catedral? Lo dudo. Y creo que es una muy buena noticia el éxito de público que está teniendo en la catedral de Burgos la muestra Picasso raíces bíblicas.

La exposición, que estará abierta hasta el 29 de junio, recoge un total de 44 obras del pintor, que se distribuyen entre seis capítulos de temática diferente pero con resonancias inequívocamente cristianas: educación religiosa, maternidad (tema elegido para el cartel con un cuadro de 1921), ‘vanitas’, Gólgota, ‘vera icon’ (la imagen verdadera, en latín) y la esperanza. 

«Quizá Picasso no se acercó a la Biblia más allá de las enseñanzas escolares, pero la Biblia se acercó a él», escribe Paloma Alarcó, conservadora del Thyssen y comisaria de la muestra, en la introducción del catálogo. 

Más allá de razones espirituales, el destino ha querido que Rosalía y Picasso hayan aparecido unidos en la reciente actualidad cultural. No por su trabajo, sino por unas palabras de la cantante a propósito del padre del cubismo. Aseguró que le gustaba la obra del pintor, independientemente de cuál hubiera sido su vida personal. Es más, insistió en que, de haberle conocido, podía haberle caído bien, o no.

Los adalides de la cancelación, que últimamente tienen a Picasso en el punto de mira, no tardaron en poner el grito en el cielo. «No tenía conciencia de que había casos reales de maltrato», se apresuró a manifestar la cantante que prefirió pasar por inculta antes que por políticamente incorrecta. «No estoy en paz con lo que dije -añadió en un tono casi místico-. Es verdad que me he equivocado, tenéis razón. Gracias por decírmelo. Es importante no hablar de según qué temas cuando no tienes todo el conocimiento».

Muchos reprochan a Rosalía sus espontáneas palabras iniciales sobre el artista malagueño y muchos le reprochan que cediera ante el fanatismo woke. El asunto desembocó en la enésima polémica cultural sin fundamento alguno. A unos y a otros debería Rosalía cantarles La rumba del perdón, la que le dedicó al niño de la primera comunión, a ver si aprenden a ser más tolerantes.

A punto de entregar este artículo, leo un titular del New York Times esta Semana Santa a propósito del furor católico que se extiende por todo Estados Unidos: «La repentina afluencia de conversos desconcierta incluso a los obispos». Ciertamente, vivimos tiempos místicos. 

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