Casa Neptuna, residencia del arte latinoamericano
THE OBJECTIVE conversa con Verónica Flom, directora la Fundación Ama Amoedo, sobre su proyecto cultural

Casa Neptuna. | Tali Kimelman
Casa Neptuna, ubicada en José Ignacio (Uruguay), alberga la Fundación Ama Amoedo, una residencia dedicada a promover el arte latinoamericano y a tejer redes de conexión internacionales. Verónica Flom, su directora, nos cuenta cómo funciona el proyecto en este pueblo costero, que se ha convertido en un epicentro cultural. «El proyecto es una herramienta para elevar la visibilidad del arte, abriendo nuevas plataformas de encuentro, intercambios e institucionalización», afirma.
PREGUNTA.- La Fundación se crea en 2021 para desarrollar distintas iniciativas dirigidas a artistas; su fundadora, Amalia Amoedo, tiene una larga trayectoria como filántropa, mecenas y coleccionista de arte…
RESPUESTA.- La Fundación Ama Amoedo es una organización sin ánimo de lucro y su principal misión es generar un impacto duradero en el ecosistema del arte contemporáneo latinoamericano. Lo que se quiere es amplificar la presencia de artistas de la región y fortalecer su visibilidad a nivel global. Su enfoque se centra en América Latina, el Caribe y la diáspora, con especial atención a las escenas de Argentina y Uruguay. Su fundadora, Amalia Amoedo, durante más de 30 años ha apoyado activamente a artistas, agentes culturales y organizaciones. Actualmente es miembro del Comité de Adquisiciones del Círculo Internacional de América Latina del Centro Pompidou, París; del Comité del Fondo de Arte Latinoamericano y del Caribe del MoMA, en Nueva York; y del Comité Internacional y expresidenta de la Fundación arteba, en Buenos Aires, entre otras instituciones.
P.- Casa Neptuna, el lugar de la residencia, fue construida por el emblemático artista Edgardo Jiménez…
R.- Exacto. Anteriormente, había construido la icónica Casa Azul en 1971, la cual fue encargada por Jorge Romero Brest, crítico de arte y fundador del Instituto Di Tella. En los años sesenta, en Buenos Aires, el Di Tella fue el gran centro experimental de arte, del que surgió la generación de artistas de Marta Minujín, Dalila Puzzovio, Rubén Santantonín, Rogelio Polessello o el propio Edgardo Jiménez. Luego construyó la Casa Amarilla en 1981, en Punta Indio, Buenos Aires. Pasaron varias décadas hasta que la Fundación le encargó el espacio de Casa Neptuna. Él es, ante todo, un artista pop; sigue muy activo y mantiene el mismo entusiasmo, realizando exhibiciones y nuevos proyectos.
«Aparecen temas como el desarraigo o la migración porque el gremio del arte latinoamericano siempre ha sido muy nómada»
P.- ¿Cuáles son los criterios para elegir a los artistas y curadores que participan?
R.- La residencia Faara (Fundación Ama Amoedo Residencia Artística) está concebida para que los artistas puedan profundizar sus prácticas en un ambiente natural que favorezca la concentración. Cada edición cuenta con un jurado de curadores que selecciona a seis artistas para participar. No imponemos ninguna temática; las líneas de pensamiento y los cruces entre prácticas surgen del propio comité de selección. Lo que sí nos interesa es que sean artistas profundamente comprometidos con su disciplina y que la residencia llegue en un momento de sus carreras en el que puedan potenciar su crecimiento o aprendizaje. Han pasado artistas como Rita Ponce de León, quien buscaba precisamente un espacio para descansar la mente y volver a pensar su obra, sin la presión de producir para una exposición. Es cierto que aparecen temas recurrentes, como el desarraigo o la migración, porque no se puede obviar que el gremio del arte latinoamericano siempre ha sido muy nómada o se ha visto forzado, de alguna u otra manera, a ser parte de una diáspora.
P.- En Latinoamérica siempre se pensó que para desarrollar una carrera artística había que migrar; Europa y Estados Unidos siempre fueron el horizonte…
R.- Y por lo mismo la Fundación tiene un fuerte interés en tejer redes y consolidar vínculos. Hemos tenido artistas como Elena Damiani, que estudió y vivió algunos años en Europa y luego regresó al Perú, su país de origen, donde continúa desarrollando su carrera, o a Alejandra Cebar, una pintora argentina que vive y trabaja en Nueva York desde hace más de dos décadas. El intercambio y la interculturalidad nos estimulan mucho como institución.
P.- Los otros dos proyectos son Faara Conecta y Faara Sur…
R.- Para nosotros, es fundamental estar anclados en el sur y en Latinoamérica, y desde aquí pensar y reflexionar sobre el arte contemporáneo. Faara Conecta fue creado con la intención de permitir que artistas —y próximamente también curadores— participen en residencias en diversos contextos culturales. En 2023 y 2024, hemos hecho colaboraciones con Delfina Foundation en Londres y con Casa Wabi en Puerto Escondido. En 2025, hemos establecido nuevas alianzas con ISCO en Nueva York y con Pivô en San Pablo. Se trata de tender puentes entre escenas locales e internacionales. Faara Sur es quizá el proyecto más experimental: abarca una producción más interdisciplinaria y está destinada a conectar artistas, escritores, cineastas, poetas y otros profesionales de la cultura. A diferencia de Faara, es más flexible: puede durar una semana o más y se enfoca en el desarrollo de un proyecto específico. Uno de los residentes fue Edgardo Giménez, quien trabajó junto a la curadora María José Herrera en la curaduría de su muestra para el Malba. También ha participado el cineasta Emiliano Mazza de Luca, quien colaboró con Alejandro Díaz La Sierpe, director del Museo Torres García, en el guion de una película sobre Joaquín Torres García, que ya fue estrenada.
P.- Por Casa Neptuna han pasado artistas como Liliana Angulo Cortés, Andrés Bedoya, Seba Calfuquero y curadores como Manuel Segade, Miguel A. López o Federica Baeza…
R.- La residencia dura seis semanas, tiempo durante el cual los artistas viven y trabajan juntos. De esa convivencia suelen surgir colaboraciones que enriquecen aún más el espacio. Otra forma de tender puentes es a través del jurado. Cada año invitamos a un comité de tres curadores que selecciona a los seis artistas de la residencia. En la quinta edición participó Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía; compartió jurado con Pablo León de la Barra, del Guggenheim, e Inés Katzenstein, directora del Instituto Cisneros y curadora de arte latinoamericano del MoMA. Este diálogo entre curadores es muy enriquecedor. Para los artistas, la idea también es poder abstraerse de lo cotidiano y entrar en otro ritmo. La Fundación ofrece, además, una remuneración económica, porque también nos interesa que funcione como una beca: seis semanas dedicadas exclusivamente a pensar y trabajar en profundidad.
«Este año apoyamos la muestra de Marta Minujín en el Museo Reina Sofía, cuya inauguración está prevista para noviembre de 2026»
P.- La Fundación fue uno de los colaboradores oficiales de la edición pasada de la Bienal de Arte de Venecia, ¿qué otros eventos están apoyando?
R.- Estar presentes en esa edición fue muy importante porque la curaduría la llevó, por primera vez, un latinoamericano: Adriano Pedrosa. Se incluyeron numerosos artistas de la región, tanto históricos como contemporáneos. Es el tipo de evento en el que nos interesa estar involucrados. También estamos dedicando tiempo a nuestros viajes de investigación curatorial, donde invitamos a curadores institucionales e independientes a viajar a Argentina y Uruguay para conocer e investigar la escena local. Realizan visitas de estudio, recorren museos, galerías y talleres, además de conocer las ciudades. Muchas veces, estas experiencias derivan en futuras muestras o proyectos internacionales. Este año, estaremos también apoyando diversas exhibiciones, entre ellas la muestra de Marta Minujín en el Museo Reina Sofía, cuya inauguración está prevista para noviembre de 2026.
P.- José Ignacio se ha constituido como un epicentro cultural; además de Ama Amoedo, está la Fundación Cervieri Monsuárez, la Pablo Atchugarry, además de tener ferias de arte o festivales de cine y fotografía…
R.- En los últimos años, José Ignacio ha desarrollado muchas actividades y espacios culturales donde convergen fundaciones e instituciones que buscan fortalecer el ecosistema del arte latinoamericano. Este Arte es una feria internacional de arte contemporáneo que se celebra anualmente en enero. La Fundación Cervieri Monsuárez organiza exposiciones y programas de arte y es un importante espacio cultural. El José Ignacio International Film Festival se ha convertido en una maravillosa plataforma para cineastas jóvenes y consagrados. La fundación creada por el escultor uruguayo Pablo Atchugarry promueve las artes plásticas, la música, la literatura y otras expresiones creativas. También está Focus José Ignacio, Festival Internacional de Fotografía, con exhibiciones distribuidas por varios espacios públicos. Se ha generado una sinergia muy interesante y lo más valioso es que no se trata de un fenómeno estacional, sino que las actividades se desarrollan durante todo el año, por lo que ya se puede considerar un epicentro cultural.
