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El Real Madrid de 'los niños' arrasa: juventud, divino tesoro

Desde las oficinas del Bernabéu se frotan las manos por haber confiado en su política de fichajes a corto medio-plazo, tener asegurado el presente y blindado el futuro

El Real Madrid de 'los niños' arrasa: juventud, divino tesoro

Vinicius y Tchouaméni contra el Espanyol. | Reuters

El 1 de septiembre está a la vuelta de la esquina. Una fecha que para el común de los mortales se traduce en la vuelta a la cruda realidad: atascos, papeleo acumulado, llevar a los niños al ‘cole’ y una ligera depresión post vacacional. En el ámbito futbolístico no se quedan atrás. El final de las vacaciones de verano coincide con la del mercado de fichajes y, por tanto, reina el frenesí. Entradas, salidas, ofertas de última hora y sorpresas sobre la bocina. Estas circunstancias suponen que, en estos instantes, se esté viviendo un inenarrable estrés en las oficinas de las grandes entidades deportivas. En todas menos en una: la del Real Madrid.

No pretendo sonar presuntuoso, pero me estaría haciendo un flaco favor si no les transmito el sentir que prevalece en la casa blanca. Sería muy peliculero contarles aquello de que no paran de sonar los teléfonos, que son constantes los viajes de incógnito y que varios representantes se encuentran apostados en los mejores hoteles de la capital, o viajando por el mundo, para cerrar una incorporación de última hora, pero la realidad es bien distinta. En estos momentos solo los nombres de Asensio, Mariano y Odriozola están encima de la mesa y, todos ellos, encuadrados en un capítulo de salidas que «aún son posibles».

Pase lo que pase con estos tres futbolistas, en el Madrid tienen claro que «no van a fichar a nadie». Desde la dirección deportiva aseguran que el capítulo de llegadas «está cerrado». Buena parte de esta decisión se fundamenta en el alto grado de satisfacción por el rendimiento de Rüdiger y Tchouaméni en el arranque de temporada, pero, sobre todo, porque consideran que «era la hoja de ruta establecida con antelación». Un plan que solo habría sido alterado si hubiera aparecido «una oportunidad de mercado apetecible». Pero no ha sido el caso. Además, se suma otra particularidad que refuerza esta línea argumental: las apuestas realizadas por los jóvenes talentos en el último lustro han salido a pedir de boca. Y esto, de momento, es suficiente para el Madrid.

Los meninos de oro

Desde Concha Espina se sienten «especialmente orgullosos» de haber tenido un olfato canino cuando se lanzaron a por Vinicius y Rodrygo. Más si tenemos en cuenta su precio: 45 ‘kilos’ cada uno. A Vini le costó arrancar. Nada más llegar, trataron de morderle (literalmente) en un mini derbi. Llegó a llorar sobre el césped del Bernabéu, la presión en los medios y las redes fue insoportable y, su relación de confianza con ZZ sufrió altibajos. Entonces llegó Ancelotti y todo cambió. Supo entenderle y moldearle hasta lograr que explotara. En su primer año de relación sus números se dispararon: 22 goles, 16 asistencias y un tanto definitivo en la final de la Champions contra el Liverpool le convirtieron en la estrella que actualmente es.

Lo de Rodrygo ha sido menos llamativo, pero igual de eficaz. Y eso que debutó en Champions en el Bernabéu con un hat-trick, pero luego se apagó. Al principio parecía ser más del gusto de Zizou que Vinicius. Aun así, su aportación en aquella época fue meramente testimonial. Patrón que parecía repetirse con la llegada de Carletto hasta que italiano y brasileño dieron con la tecla. Su memorable gol al Chelsea en los cuartos de final de la pasada Copa de Europa le convirtieron en el revulsivo ideal del equipo y, desde entonces, no paró de meter o dar goles. El domingo en Cornellá volvió a demostrarlo. Saltó al campo y puso la asistencia que significaba el tanto de la remontada de Benzema. Como diría Julio Iglesias: «La vida sigue igual».

Camavinga y Tchouaméni son «la transición dulce»

Camavinga y Tchoauaméni tienen la difícil tarea de hacer olvidar a la mítica CMK (Casemiro, Kroos y Modric). Parece osado para dos barbilampiños que cuentan con 19 y 22 años respectivamente, pero, la realidad nos apunta lo siguiente: la llegada de Eduardo primero, y de Aurélien después, precipitaron la salida de un Casemiro al que todavía restaban tres años de contrato. Segunda evidencia: frente al Espanyol los dos sustituidos para cambiar el signo del partido fueron Modric y Kroos. Se marcharon cariacontecidos y, desde el banquillo, observaron cómo el despliegue físico de sus subalternos revertía el resultado.

Ancelotti, que de esto sabe un rato, ya ha ido preparando el terreno, en privado y en público: «Tenemos que pensar en una transición que puede ser dulce o un poco más contundente. Los veteranos lo entienden muy bien porque los jóvenes han demostrado que merecen tener un sitio. Para manejar bien el vestuario, hace falta la comprensión de los veteranos y la paciencia de los jóvenes». El de Reggiolo tendrá que lidiar con esta situación. Modric y Kroos serán titularísimos si se encuentran en condiciones, y los días grandes serán inamovibles pero la savia nueva tendrá cada vez más importancia. Mientras, desde las oficinas del Bernabéu se frotan las manos por un triple motivo: haber confiado en su política de fichajes a corto medio-plazo, tener asegurado el presente y blindado el futuro. Juventud, divino tesoro. 

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