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Economía

Manual del 'business angel': tan clave es entrar en una 'startup' como salir en el momento justo

La asociación BIGBAN forma a inversores particulares para ahorrarles errores de bulto

Manual del ‘business angel’: tan clave es entrar en una ‘startup’ como salir en el momento justo

Alberto Andújar, director de BIGBAN.

Si un depósito bancario o una letra del tesoro pueden considerarse sin demasiados pestañeos una inversión conservadora, colocar los ahorros en una startup es harina de otro costal. Esa actividad queda normalmente en manos de las gestoras de fondos, pertrechadas con equipos de análisis que entienden las hechuras de un negocio, saben leer las métricas y evalúan con bastante precisión las opciones de que una empresa tecnológica dé sus frutos con el tiempo.  

BIGBAN es una asociación de inversores privados de ámbito nacional y «carácter independiente», explica su director, Alberto Andújar. Aporta a los socios información sobre el ecosistema, una red de networking, canalizar a través de un software específico el flujo constante de oportunidades, coinvertir {aprovechando la inteligencia del colectivo» y formarse. 

Este quinto elemento toma cuerpo a través de BIGBAN School, una propuesta breve de tres viernes y cinco horas por jornada donde se recorre el proceso de inversión «desde el scouting hasta los decks, pasando por el cálculo de rentabilidades y los aspectos más técnicos de un negocio», describe Andújar. 

Quien perfecciona sus conocimientos sobre el mundillo inversor suele provenir del ecosistema. A veces se trata de emprendedores deseosos de convertirse en business angels, a veces el perfil llega de la banca. No es un mundo para cualquiera. «Si la literatura en torno a la startup es muy envolvente y seductora (parece que sólo existen historias de éxito), el inversor tiene el culo pelado, ya sabe de qué va esto y no espera ninguna panacea».

Andújar, nacido en Valencia en 1996, cita dos errores típicos del business angel menos avezado. Uno es la desconexión entre la estrategia de inversión y el objetivo financiero (cuánto arriesga uno y cuánto quiere ganar). Dejarse llevar por el impulso suele acabar en desastre. 

Otra es «no contar con una estrategia de salida [de la compañía en la que se invierte]. Hay que saber cuánto tiempo quiere uno estar y con qué valoración aspira a marcharse». Este segundo aspecto, admite el director de BIGBAN, es el más complejo. 

Quién afina más el olfato

En el informe anual relativo a 2023, la asociación, con más de 200 miembros repartidos entre unas 20 provincias, saca a la luz la brecha que separa a los fondos y a los business angels. El 42% de estos últimos no ha tenido nunca un exit (el cogollo de este ajedrez: cuando sales, cobras) y un 35% registra un múltiplo de su inversión inferior a dos. Sólo el 18% de los business angels se beneficia de múltiplos superiores a siete. 

Para comprender que los business angels aún deben profesionalizar mucho su gestión, basta leer un par de datos sobre el desempeño comparativo de los fondos: la mayoría de ellos logra un múltiplo de entre tres y seis, según el informe, y un 10% de entre siete y diez: «La diferencia la marcan el seguimiento de la inversión y el trabajar desde el minuto uno con una secuencia clara de desinversión». 

Varios cambios y un vaticinio

Mucho ha llovido desde la fundación de BIGBAN en 2007. Andújar observa cómo la esfera de las empresas tecnológicas se mueve en la dirección correcta. «La palabra startup ni siquiera existía en España. Hoy hay menos riesgo y mayores rentabilidades en la inversión. La gran corporación ha comprendido que la gran carrera es la innovación y que esa carrera se gana sacando el departamento de I+D de la matriz. Son elefantes y necesitan liebres que se adelanten y vean qué soluciones funcionan».

Respecto al venture capital, aún lejos de las referencias del norte de Europa, Andújar pronostica una concentración del sector. «Hay muchos fondos, pero casi todos son pequeños. A una startup le viene bien porque su poder de negociación para alcanzar una buena valoración crece (las gestoras se pelean por las mismas buenas oportunidades), pero al fondo lo debilita. Habrá menos fondos y estarán más centrados en verticales específicos. Y todo esto ocurrirá en un futuro no muy lejano». 

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