Guillermo Garabito

Todos los amigos del presidente

Un político que llega a la presidencia sin pasar por las urnas… esto ya lo inventó Netflix. “La democracia está sobrevalorada”, decía. Sólo que Frank Underwood no es norteamericano sino de Tetuán, al menos en el remake español. El mandato de Pedro Sánchez es una serie que ha pasado del capítulo piloto y anda tratando de firmar desesperadamente la segunda temporada 

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Todos los amigos del presidente
Foto: JAVIER SORIANO
Guillermo Garabito

Guillermo Garabito

Valladolid, 1992. Columnista en ABC CyL. Colaborador en Onda Cero Valladolid. Escritor sin café.

Un político que llega a la presidencia sin pasar por las urnas… esto ya lo inventó Netflix. “La democracia está sobrevalorada”, decía. Sólo que Frank Underwood no es norteamericano sino de Tetuán, al menos en el remake español. El mandato de Pedro Sánchez es una serie que ha pasado del capítulo piloto y anda tratando de firmar desesperadamente la segunda temporada

En House of Cards a Underwood le bailaba la lealtad con el presidente Walker en el momento que tuvo a mano el poder y a Pedro Sánchez le bailó con Rajoy, y la cuestión catalana, cuando se vio presidente. Esa Cataluña que sólo le interesa por mitades; la mitad que le hace presidente. Esa mitad que recibe en Moncloa con lacitos amarillos, porque da fotos, claro. Concretamente la mitad que ha demostrado reiteradamente que las leyes se la traen al pairo. Underwood, al menos, sentenciaba que no tenía “paciencia con las cosas inútiles”.

Y luego cuestionan a Macron por decirle al crío aquel que le llamara “señor presidente o señor”. La Francia liberal llamando al orden al peuple. Quizá lo hizo el presidente francés consciente de la importancia del cargo, pero para Pedro Sánchez el cargo le suena a espejo en el que mirarse, a escaparate. A oportunidad, más que a responsabilidad. Un escaparate para construir su imagen presidencial de cara a 2020, –como Underwood-. Y lo que no calibró con la reunión de ayer es que la Moncloa no es sólo un altavoz para él sino también para sus invitados, como en el caso de Torra y su séquito de lazos amarillos.

Y como toda la ideología del nacionalismo cabe en un tuit, tuiteaba el director general del Govern que: el president Torra regalaba libros “a su homólogo español”. Qué homólogo… En vez de cambiar tanto tuit amistoso entre Sánchez, Moncloa, Torra y los independentistas quizá habría sido mejor responder con un escueto: “A mí me llamas señor presidente o señor”, como Macron.

Entre tanto, Sánchez les sigue acercando a los suyos, alquilando Moncloa para las fotos y rebajándose el puesto al nivel que más convenga al independentismo. Sánchez, como Underwood, no es más que un personaje aventado por la audiencia. Y consciente de ello quiere repartirse precisamente esa audiencia con Iglesias en RTVE. Y seguir haciendo méritos con la mitad de Cataluña que le hizo presidente. La otra… que le hubiera votado.

Desde que llegó a la presidencia, Sánchez –y los favores que debe–, quiere ser amigo de Torra a toda costa para vendernos la piel. Al menos el personaje de Spacey lo tenía más claro: “los amigos son los peores enemigos”. Que le pregunten a Susana.

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