The Objective
Ricardo Dudda

Que vuelvan los esnobs

«La izquierda ha perdido la hegemonía cultural. Hoy la tiene la derecha. Reivindicar la nueva entrega de ‘Torrente’ se ha convertido en un gesto democrático y populista»

Al mismo tiempo
Que vuelvan los esnobs

Ilustración generada mediante IA.

Hace no mucho, en la izquierda estaba de moda alabar la telebasura. Defender La isla de las tentaciones o Sálvame tenía cierto estatus: te visibilizaba como alguien popular, antielitista, hiperdemocrático. He leído posts en los que se comparaba a la cantante de música urbana Bad Gyal con Nietzsche, o artículos sobre el programa First Dates en los que se citaba a Eva Illouz. No valía simplemente defender la telebasura porque era entretenida. Había que intelectualizarla para justificar su visionado. Además, algunas celebrities como Jorge Javier Vázquez o incluso Belén Esteban (el primero más explícitamente) mostraron su apoyo a la izquierda, lo que facilitaba la cosa. Quizá lo que hacían no era un producto muy enriquecedor, pero al menos estaban en el lado correcto de la historia.

Esa intelectualización de lo pop sigue, pero hoy resulta cada vez más extraña. Muchos insisten, claro, sobre todo quienes hicieron carrera de ello. Pero el discurso empieza a estar agotado y su efecto es cada vez menor. Taylor Swift ya no es un icono feminista emancipador incuestionable. Ver programas del corazón y escribir análisis sociológicos sobre ellos ya no cuela. Hoy defender la telebasura es como defender el socialismo chica chulísima de Yolanda Díaz.

Hoy una escritora joven y progresista como Sara Barquinero, que acaba de publicar La chica más lista que conozco, dice cosas tan sensatas (y que habrían sido tan polémicas hace años) como esta: «Al querer democratizar la cultura la hemos banalizado. Aunque ahora mucha gente se haga la tonta y lo repita por ahí, no es lo mismo el reguetón que Chopin, La isla de las tentaciones que una película de David Lynch, ni la autoayuda que la filosofía».

Hay un diagnóstico claro. La izquierda ha perdido la hegemonía cultural. Hoy la hegemonía la tiene la derecha. El problema es que la derecha ahora quiere replicar el fenómeno. El estreno de la nueva entrega de Torrente es un ejemplo de que la derecha también quiere su basura: reivindicar la saga de Santiago Segura se ha convertido en un gesto punki, edgy, provocador. Pero también en un gesto democrático y populista. Porque no solo es un producto que desafía la «corrección política», sino porque es lo que quiere la gente.

«No le van a dar nunca un Goya, ni a él ni a los suyos, pero sus películas son un acontecimiento popular», escribía en Abc Ángel Antonio Herrera (mítico colaborador de programas como Tómbola o ¿Dónde estás, corazón?). «Va a provocar mucho escozor en la gente que está muy radicalizada políticamente», decía Juan Soto Ivars en su canal de YouTube. No gustará a los críticos (no ha tenido ni promoción ni preestreno para críticos), no gustará a la izquierda, no ganará un Goya. Le gusta a la gente. Y hay que estar con la gente.

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