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Pablo Iglesias

Bill Gates y el optimismo histórico

Hoy las finanzas son más poderosas que nunca a costa de la destrucción de la democracia.

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Bill Gates y el optimismo histórico

Hoy las finanzas son más poderosas que nunca a costa de la destrucción de la democracia.

Es un terreno común entre los científicos sociales reconocer al marxismo como una de las metodologías de investigación histórica más solventes. Entender las claves de las leyes de la historia derivó, sin embargo, en un arriesgado optimismo histórico de los marxistas. Para muchos de ellos el desarrollo de las fuerzas productivas conduciría inexorablemente al socialismo. La lucha política, decían, estaría llamada en todo caso a acelerar un proceso inevitable. Sin embargo, ese siglo XX que para Hobsbawm empezó en 1917 acabó con la caída del muro de Berlín y con un orden político-económico global que el geógrafo David Harvey define como de dominio político del Partido de Wall Street.

En los años 70 empezó a consumarse la contrarrevolución de los hombres de negro que acabaron el sistema de Bretton Woods (capitalismo monopolista en el marco del Estado-nación) y con el sistema de convertibilidad fija del dólar en oro. Estados Unidos asumió dejar de ser la referencia industrial y usó su poder financiero para recibir mercancías baratas procedentes de todo el mundo para alimentar una economía que se basaría principalmente en el consumismo. Este nuevo modelo de poder se llamó neoliberalismo y apostó por la expansión del crédito, combatió la subida de los salarios de los trabajadores y a sus sindicatos así como los sistemas de protección social. Más allá de retóricas sobre la libertad y sobre las virtudes del libre comercio y las privatizaciones, aquel fue ante todo un proyecto de clase dirigido a reforzar el poder de las élites financieras. El principal lema del Partido de Wall Street es que el Estado no está para proteger ni para ceder poder a los que viven de su trabajo, sino que se debe a las instituciones financieras.

Hoy las finanzas son más poderosas que nunca a costa de la destrucción de la democracia y el empobrecimientos de millones de personas. Por eso los multimillonarios están de fiesta y Bill Gates se jacta de que en 2035 ya casi no habrá pobres; lo que traducido a la realidad significa más bien lo contrario.

Pero cuidado con el optimismo histórico Mr Gates; la historia tiene sus leyes pero no hay demiurgo del tiempo que pueda contener la audacia de lucha política.

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