Carme Chaparro

Cuando un niño debe morir

Morir de manera digna en España es algo que aún depende del compromiso personal del médico que nos atienda y del riesgo que esté dispuesto a asumir. Por eso aplaudo al Parlamento belga.

Opinión

Cuando un niño debe morir

Morir de manera digna en España es algo que aún depende del compromiso personal del médico que nos atienda y del riesgo que esté dispuesto a asumir. Por eso aplaudo al Parlamento belga.

Si ustedes están leyendo este texto es que están vivos.

Yo también. Evidentemente. Así que dejemos las cosas claras desde un principio: ni ustedes ni yo tenemos ni la autoridad ni la experiencia para discutir sobre el tema que nos ocupa. Porque ni ustedes ni yo hemos tenido tan cerca nuestra propia muerte que el final fuera inevitable. Tampoco ni ustedes ni yo hemos sufrido tanto, tanto, tanto, dolor como para siquiera ponernos en la piel de alguien que ya sólo sabe que dejar este mundo es la mejor de las opciones posibles. 

Lo pensaba Pilar, que estuvo diez días muriéndose en la cama de un hospital. Diez días en los que la muerte ya era inevitable y su dolor desagarraba el vacío clavándosenos en el alma. Diez días en los que sólo existía una espera ligada a un sufrimiento inhumano. Diez días de una vida alargada inútilmente, hasta que los médicos consintieron enchufarla a una bomba de morfina. Su corazón tardó cuarenta y ocho horas en decir basta. Y mientras veíamos su cuerpo deformado, agónico y moribundo coger aire en bocanadas cada vez más cortas y espaciadas, nos daba vergüenza pensar muérete, muérete ya de una vez, joder, deja de sufrir, descansa, no te mereces esto, no nos merecemos esto.

Morir de manera digna en España es algo que aún depende del compromiso personal del médico que nos atienda y del riesgo que esté dispuesto a asumir. Por eso aplaudo al Parlamento belga, que acaba de aprobar la despenalización de la eutanasia también para los niños. Si el sufrimiento físico es insoportable, y la muerte es inevitable, el menor podrá pedir morir con dignidad, previa autorización de los padres y de un equipo psicológico.

El amor es eso también. El amor es saber desprenderse a tiempo de nuestros seres queridos para evitarles sufrimientos inútiles. Incluso a los niños. O sobre todo a los niños. Y el Estado debería garantizar que no morimos como animales arañando sin esperanza el último aliento de vida.

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