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“Da igual, si le quedan cinco días”

Los debates han sido hasta ahora actos de caza en los que el objetivo era siempre el presidente del Gobierno

Foto: Juanjo Martin | EFE

Si los debates sólo sirven para sacar a unos cuantos millones de españoles de las dudas entre tal o cual partido, o la comodidad de la abstención, no está clara la utilidad de los dos que han celebrado Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias. Sí nos han dejado más elementos de juicio. No todos los que merecemos, porque nos hemos quedado sin conocer las posiciones de Vox, y sin ver cómo se desenvuelve su líder, Santiago Abascal. No es lo mismo concitar la adhesión de centenares o miles de personas en un local que lidiar con los otros líderes políticos. Si bien, viendo que el nivel del debate no ha sido muy alto, parece que le haya venido bien quedar fuera.

El debate de Atresmedia ha sido más largo, pero menos encorsetado y más vivo que el de RTVE. Y se han tratado algunos temas que habían quedado fuera en el primer (des)encuentro, y de la campaña. Los debates han sido hasta ahora actos de caza en los que el objetivo era siempre el presidente del Gobierno. Ahora que nadie puede ganar las elecciones, y que los bloques se dividen en cuatro o cinco partidos, eso no ha cambiado.

La cuestión es Sánchez sí, o no. En TVE salió magullado, pero entero. En el segundo debate se le ha visto nervioso y faltón, sin responder a las acusaciones y preguntas, con unas ganas evidentes de estar en cualquier sitio menos ahí. En TVE tardó cinco segundos en pronunciar el sintagma “la derecha”. Y no ha parado de ondear ese espantajo; no ha hecho mucho más. No ha logrado convencer a nadie, porque él mismo no se lo cree, que él es el presidente del Gobierno. Miraba los papeles todo el rato, para enterarse de cuál ha sido su obra política. Como si se pusiera a leer su tesis, que Rivera tuvo el ingenio de regalarle por San Jorge. Sánchez da la impresión de estar donde no le corresponde. Y así es muy difícil ganar un debate, o unas elecciones.

Ha recibido ataques muy duros por parte de Casado, que se postula como única alternativa a Sánchez, y de Rivera, que quiere convencer a los electores de que el socialista no podrá contar con su apoyo. Y que ha intentado recabar votos de ex votantes socialistas moderados. El mejor momento del debate es cuando ha mostrado un gráfico en el que se veía a una gran mayoría de la Cámara votando en contra de una ley, presumiblemente socialista. Y muestra que entre los puntos rojos están Casado, Rivera, y Bildu. En ese momento, dice Rivera: “Jajaja. Es un trilero”. A lo que responde Casado: “Da igual, le quedan cinco días”. Lo cierto es que no le han hundido, aunque sí han incidido en lo fundamental, que Sánchez es “una matriuska”, en palabras de Casado, que guarda dentro a Podemos más los secesionistas catalanes y vascos.

Pablo Iglesias, por cierto, ha sacado de su armario el modelo de hombre moderado y con visión de Estado para evitar la fuga de votantes hacia el PSOE. Ha estado mucho mejor que Sánchez, lo cual no es difícil, y ha respondido con eficacia a su propósito.

Rivera fue el mejor en el primer debate, y Casado en el segundo. No se ha dejado avasallar por Sánchez ni por Rivera, ha planteado sus propuestas, y ha respondido a todas las cuestiones que se le han planteado. Ni siquiera los denodados esfuerzos de Ana Pastor por callarle han sido efectivos.

Lo triste es que tengamos que estar tan pendientes de unos debates entre políticos, porque en España la sociedad civil no es capaz de plantear sin su concurso, en serio, los grandes debates que siguen ausentes sobre nuestro país.

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