Irene Cacabelos

Despropósitos de año viejo

Dicen que ya es 2014 aunque apenas he notado la diferencia.

Opinión

Despropósitos de año viejo

Dicen que ya es 2014 aunque apenas he notado la diferencia.

Dicen que ya es 2014 aunque apenas he notado la diferencia. Bueno, salvo por los tres kilos de rigor que me he traído de Galicia, y no en la maleta precisamente. Frivolidades aparte todos esperamos mucho de este año. Y lo esperamos porque nos lo han prometido. De hecho pienso tirar de hoja de reclamaciones si me defraudan los doce meses que tenemos por delante.

De momento, y no es por ser aguafiestas, la cosa pinta bastante mal. Lo digo porque a pesar de la obligada desconexión navideña, las portadas y los titulares de la prensa apenas han variado desde Nochebuena. Vamos, que empieza el año como terminó el anterior y eso no sé si es buena señal.

Ya se sabe que los propósitos de año nuevo están para incumplirlos aunque muchos esperamos que en 2014 el Gobierno haga una excepción y cumpla alguno de los suyos. Bajar impuestos, crear empleo y luchar contra la corrupción podrían estar bien para empezar, sobre todo porque harían feliz a mucha gente, incluso a su electorado que anda un poco descontento a tenor de las encuestas.

Tampoco es difícil imaginar a qué se debe el descontento. Basta tirar sutilmente de hemeroteca para ver que tales propósitos de año nuevo no constituyen novedad alguna. Básicamente porque son los mismos de 2012 y de 2011, incluso me atrevería a decir que Rajoy ha hecho un «copy-paste» de su programa electoral a la hora de formular sus promesas de Nochevieja. 

Conclusión: que el Gobierno se toma sus buenos propósitos con la misma determinación que yo me tomo los míos. Ni me he apuntado al gimnasio ni en la academia de inglés. La diferencia es que a mí no me ha votado nadie para que lo haga.

Así que, aprovechando que esta noche vienen los Reyes Magos quiero incluir esa petición en mi carta: que los buenos propósitos se hagan realidad. Al menos alguno. Y creo que no es mucho pedir. Por si acaso me aferro al optimismo y me quedo con la imagen y las cifras que nos trae The Objective desde Filipinas. Ni terremotos ni tifones han podido con el ánimo de sus habitantes y un 94% encara sin miedo y con esperanza el año nuevo.

Sinceramente, no se me ocurre un propósito mejor. Al menos está en nuestra mano cumplirlo.

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