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El asunto ese de las primarias

Foto: Fernando Alvarado | EFE

Todo dirigente de un partido tiene derecho a hacer su equipo como más le convenga, con el que se sienta cómodo, seguro, con personas que le inspiren confianza. Tiene incluso el derecho a equivocarse, como ocurre con algunas incorporaciones y eliminaciones que les pasarán factura, allá ellos. A lo que no tienen derecho es a engañar al personal, y el asunto de las primarias es una total, absoluta y rotunda tomadura de pelo.

No  en el PP, partido que restringe el proceso de primarias poco más que al presidente del partido y a los presidentes regionales. Pero el PSOE, que presume de más democracia interna que cualquier otro partido, pues elige a través de primarias a todos y cada uno de sus dirigentes, así como a las cabezas de lista electorales, se ha convertido con Pedro Sánchez en un ejemplo de dictadura interna en el que el presidente del partido hace y deshace a conveniencia. Conveniencia que consiste, siempre, en colocar a quienes le caen bien y descolocar, mandar a casa, a los que le caen mal o han sido elegidos por los que le caen mal. Pedro Sánchez se ha cargado de un plumazo la ejemplar democracia interna socialista.

Pablo Casado en cambio ejerce su mando en plaza como se ha hecho siempre en el PP,  de forma presidencialista. Ha levantado  algunas ampollas porque ha barrido de un plumazo a personas que eran referencia en el partido  y además no ha tenido en cuenta la experiencia, que siempre es un valor en política. Lo ha hecho de golpe, en carne viva y sin anestesia, para acumular todas las críticas en lugar de prolongarlas en el tiempo con “ahora quito, ahora pongo”, a medida que pasan las semanas. Se dispone a iniciar una etapa nueva con caras nuevas, sin lastres. Tiene derecho a hacerlo porque preside el partido y, además, porque a falta de primarias no ha desbaratado las propuestas que llegaban de las sedes repartidas por toda España.

En el caso de Sánchez, en cambio, hay delito: sí ha desbaratado esas propuestas regionales y provinciales, ha aplicado el aquí mando yo en un partido en el que estatutariamente mandaba la militancia que  elegía a aquellos que debían representarla en las instituciones nacionales y regionales. Le ha importado poco, nada, lo que decidía el partido,  dejando muy claro que en el partido solo  manda él. Con un mensaje absolutamente claro: aquel que le levante la voz, está sentenciado.

Viva la democracia sanchista…

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