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El futuro es offline

"Ya hay un creciente mercado de esto que podríamos llamar la revancha de lo offline"

Foto: Juri Gianfrancesco | Unsplash

Hoy día hablar de innovación es hacer ejercicios de transhumanismo. El homo sapiens del siglo XXI cambiará sus pies por las ruedas del monopatín, le crecerán dedos alongados para chatear mejor por Whatsapp, nacerá con caderas torcidas para salir mejor en el Instagram, comerá hamburguesas hechas de carne molecular vegana y hará todo esto con gafas de realidad virtual puestas sobre los ojos. Y así andará por la vida, como algo del más allá, un plus ultra de lo humano y del ridículo.

O, al menos, eso es lo que nos hacen creer los conferencistas de la época, esos evangelistas de lo que mi amigo Cristóbal llama la escatología para ateos. Quizás el mercado que más ha crecido en los últimos años en las grandes metrópolis es el de los foros, particularmente los de innovación. Brotan por cualquier excusa; hoy día pareciera que el futuro de todas las cosas, por más mínimas que sean, estuviera en discusión. ¿Cuál será el futuro de la televisión? ¿El futuro de las barberías? ¿El del andar por la acera? ¿El de las lavadoras de casa? ¿El del café del desayuno? ¿El de las zanahorias bebé? La respuesta siempre suele ser la misma: para sobrevivir, más tecnología.

Por razones de trabajo, en mi condición de catador profesional de canapés, me toca a ir con exagerada frecuencia a estos foros. Lentamente, entre la indigestión y el hastío, he ido desarrollando, sentado en mi butaca con el cartel de "Invitado", una serie de teorías heterodoxas. ¿Y qué si nada de esto será cierto? ¿Si al final nos hartamos de la tecnología, de tener tantas apps en el teléfono, de tenernos que aprender el manual de tantos aparatos nuevos? ¿De esperar a un futuro que cabe en el PowerPoint?

¿Y qué si el hombre del siglo XXI se parece más al del XIX que al del XX? ¿Si lo que busca es menos y no más tecnología? Hay ciertos datos que me respaldan. En el boom turístico que viven nuestros países, el sector que más ha crecido es el del turismo rural. Los mercadillos nunca han estado tan llenos de gente. Los precios de las artesanías y lo vintage ya se han recuperado tras el desplome de la burbuja. Ahora lo cool es la cámara analógica. La mortadela cortada por la máquina de comienzos de siglo. El café que uno mismo rostiza. El paseo de toda la vida por el campo.

Ya hay un creciente mercado de esto que podríamos llamar la revancha de lo offline. Incluso en la arquitectura. Letizia Caprile, fundadora de Kaura Studio, un estudio de arquitectura experiencial, apuesta por hacer espacios para ese futuro más humano.

“En la época de Whatsapp y de Amazon, ahora que ya supuestamente no hace falta salir de casa jamás, la gente nunca había estado más en la calle”. ¿Por qué? “Porque salen en búsqueda de aquello que (precisamente gracias a Amazon y a Whatsapp) ya no tienen –la interacción humana, una interacción que necesariamente sucede offline”.

Menos mal.

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