Marcela Sarmiento

El Rey León

Ante un momento tan íntimo que irónicamente ocurre ante los ojos de todos, es emocionante verlos mientras se entregan mutuamente respeto y amor. No importa quienes son o si estamos de acuerdo con lo que representan, pero no hay duda que un gesto tan espontáneo y puro resulta especial y conmovedor.

Opinión

El Rey León

Ante un momento tan íntimo que irónicamente ocurre ante los ojos de todos, es emocionante verlos mientras se entregan mutuamente respeto y amor. No importa quienes son o si estamos de acuerdo con lo que representan, pero no hay duda que un gesto tan espontáneo y puro resulta especial y conmovedor.

Imaginemos que quienes protagonizan ésta imagen no son Juan Carlos I y Felipe VI. Supongamos que son un padre y un hijo que ante un acontecimiento importante para ambos, se toman de los brazos acercan sus cabezas  y sin decir una sola palabra lo han dicho todo. Por lo menos quienes vemos la foto sacamos infinidad de conclusiones que se pueden o no ajustar a su realidad. Ante un momento tan íntimo que irónicamente ocurre ante los ojos de todos, es emocionante verlos mientras se entregan mutuamente respeto y amor. No importa quienes son o si estamos  de acuerdo con lo que representan, pero no hay duda que un gesto tan espontáneo y puro resulta especial y conmovedor.

Ahora volvamos a imaginar que tanto padre como hijo tienen opiniones y gustos opuestos sobre las cosas de la vida y  ese hecho los haya llevado a discutir y enfrentarse en el pasado. En momentos como éste no importa que tan difícil ha sido llegar hasta ahí. Tampoco tiene sentido pensar en lo que se avecina. Lo verdaderamente valioso  es la comunión entre los dos. Como cualquier padre e hijo se emocionan, se consuelan y se perdonan. Sólo basta un segundo para que la cámara capture un momento histórico pero al mismo tiempo cargado de tanta humanidad.

Mi hija pregunta sobre la escena en los titulares de prensa. El abrazo del rey y su hijo. Lo primero que se me ocurre es contar la historia de una película que hemos visto juntas en muchas  ocasiones. Sin entrar en los detalles sobre el  argumento de El rey león, que además está  cargado de drama y tragedia, me aventuro a recordar el relato que cuenta la historia de amor y devoción  que sienten mutuamente un padre y su hijo. No es cursilería. Es simple, auténtico y real. En cualquier familia, sin importar  su condición social o económica, se supone que el  heredero representará la valentía y liderazgo su antecesor. Es inexplicable pero el simple hecho de pensar que un hijo ocupe el lugar de su padre y aceptar el reto que eso conlleva, suaviza la percepción que se tenga de la nueva generación. Aún los más pequeños de la casa comprenderán el valor de la situación.

Ahora, confieso que he soltado algunas lágrimas mientras vemos juntas el dvd, especialmente en la escena inicial de la canción El ciclo de la vida. La salida de la cueva en lo alto de una montaña de un león llamado Mufasa con su cría en brazos,  la melena al viento, celebrando el nacimiento de su hijo  Simba ante sus súbditos, me resulta emocionante. Supongo que los sentimientos se disparan por la típica sensiblería de Disney. La percusión, los coros, los animales haciendo la venia ante la presencia del heredero. Todo en conjunto engancharía al cualquier espectador, como de hecho lo hace en la película y el musical.

Pero no siempre hay necesidad de tambores y protagonistas de cuatro patas  para que las historias nos puedan enternecer. En ésta ocasión no hubo música, ni dibujos animados. Sólo hubo un abrazo entre Juan Carlos y Felipe, y la promesa de un futuro mejor. El tiempo se encargará de poner en su sitio las cosas que ahora parecen no brindar garantías. Ante las nuevas perspectivas siempre será imprescindible dar una oportunidad a quién ha esperado durante tanto tiempo por demostrar su capacidad.
                                                           

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