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El virus de las cacerolas

"Cuesta conectar con el metalenguaje de estos políticos enredados en su propia burbuja, pero la situación debe de ser grave porque en el barrio de Salamanca muchos han dado uso por primera vez en sus vidas a las cacerolas"

Foto: J. Casares | EFE

Como este fin de semana tampoco nos han reclamado para hacer planes fuera de casa, no hemos tenido que tirar de excusas del estilo “estamos muy liados pintando la casa” o “tenemos que cocinar un cordero al horno” y hemos aprovechado para leer las memorias de Woody Allen. En un libro escrito de un tirón, el director neoyorquino se desquita contra la cacería que sufrió tras la denuncia por supuestos abusos sexuales y reflexiona sobre el séptimo arte. Son unas páginas escritas con honestidad y en las que se sorprende de haber tenido tanta suerte como cineasta.

Él, un pesimista incorregible, ve en el humor el único escudo contra este “universo violento y carente de sentido”. Pienso en este recurso, en la risa para soportar la estupidez de la gente, ahora que me siento a escribir y caigo en que dentro de la M-30 siguen incendiados con el estado de alarma. El presidente del Gobierno quiere prorrogarlo otro mes y la derecha lo acusa de atentar contra las libertad de los españoles. Al parecer, Sánchez quiere arruinar el país, o eso dice Casado. Abascal, porque él siempre alza más el brazo, señala que el Ejecutivo pretende suspender los derechos fundamentales con medidas represivas.

Cuesta conectar con el metalenguaje de estos políticos enredados en su propia burbuja, pero la situación debe de ser grave porque en el barrio de Salamanca muchos han dado uso por primera vez en sus vidas a las cacerolas. Quién es el Gobierno, quién es el Congreso, para decirles a ellos lo que tienen que hacer. ¿Coronavirus? Como escribe Woody Allen en ‘La rosa púrpura de El Cairo’: “Soy rica, no tengo por qué soportar esto”.

Pensar que a nosotros siempre nos cae la peor parte es una cosa muy española. Siempre tenemos los gobernantes más incapaces: unos comunistas, los otros fachas. No hay matices. La crisis del coronavirus iba a sacar lo mejor de nosotros, pero solo está destapando lo que estamos hartos de ver: que los políticos están dispuestos a intoxicarlo todo por unos pocos votos, incluso la salud de los ciudadanos, y que estamos lejos de esa sociedad madura que creemos ser.

Esta crisis tiene un alcance que nunca habríamos podido imaginar y nuestras miserias no son tan diferentes de las del resto de países del mundo. Leo en el ABC de hoy que Nueva York ha pasado del drama de los muertos al hambre, con dos millones de neoyorquinos en situación de inseguridad alimenticia. En Italia la Mafia aprovecha la crisis para hacerse con el control de los negocios en apuros. Bolsonaro, coincidiendo con el récord de contagios en un solo día, ha puesto al frente de Sanidad a un militar sin experiencia en Sanidad.

Más titulares de esta semana: Caracas amenaza a los académicos por revelar las cifras reales del Covid-19. Asociaciones sanitarias y sindicatos denuncian al Gobierno de Macron por delitos como homicidio involuntario. Rusia ya tiene más casos de Covid-19 que Reino Unido e Italia. Los rebrotes en China y Corea del Sur muestran los riesgos de la vuelta a la normalidad. La mayoría parlamentaria de Macron se tambalea por su gestión de la crisis. El plan de desconfinamiento de Johnson siembra la confusión.

Otra vez nos vuelve a faltar perspectiva. Y pensar que hasta hace no tanto había periodistas preguntando a escritores y artistas si íbamos a salir de esta crisis siendo mejores…

 

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