Raquel Sastre

Etiquetas

Sobran etiquetas. Todas. No me refiero a las que lleva una camiseta de Zara, con las cuales puedes hacerte un juego completo de sábanas, sino a las que usamos para definir a las personas.

Opinión

Etiquetas

Sobran etiquetas. Todas. No me refiero a las que lleva una camiseta de Zara, con las cuales puedes hacerte un juego completo de sábanas, sino a las que usamos para definir a las personas.

Sobran etiquetas. Todas. No me refiero a las que lleva una camiseta de Zara, con las cuales puedes hacerte un juego completo de sábanas, sino a las que usamos para definir a las personas. Las etiquetas que le colgamos a alguien para referirnos a características concretas: Paco, pepero. Susana, atea. Sheyla, tronista. Con cada etiqueta podemos sacar un perfil de cada uno que ríete tú de los informes del «pequeño Nicolás».

Las etiquetas no me gustan por varias razones: porque tienen dos caras, porque penden de un hilo y porque se arrancan cuando ya no sirven. Las aborrezco porque, por una etiqueta, mucha gente opina si una persona es buena o mala. El otro día un amigo mío se sorprendía porque una conocida suya había resultado ser una completa imbécil. Y le extrañó muchísimo, ya que la chica parecía maja y era republicana. Como si al buscar «republicano» en la RAE pusiese como acepción «buena persona e inteligente sin un ápice de maldad en su corazón». Todos sabemos que esa definición sólo sale cuando buscas «Esperanza Aguirre». Por cierto, ¿sabéis quién fue canciller en una República? Hitler.

Estoy cansada de las etiquetas. Tengo amigos comunistas que la mayor obra social que hacen es no tirarse un pedo en el ascensor de su comunidad. Amigos de derechas que 3 tardes a la semana son voluntarios en «Cáritas». Conozco a ultra católicas que han pagado abortos a sus hijas adolescentes y a ateos que piensan que ser homosexual es una aberración. Porque una etiqueta no te define; eso lo hacen tus actos diarios. Porque puedes ser ateo y homófobo o católica y lesbiana. Porque, a pesar de escuchar a Melendi, puedes tener una carrera universitaria. Por todo ello, aprovecho para pedir la eliminación de todas las etiquetas, basta ya: ni la Virgen fue tan beata, ni yo tan promiscua como cuenta aquel equipo de fútbol con el que me lié.

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