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Godwin

Lo que condiciona nuestro futuro es el tiempo: el tiempo que tardará Occidente en asumir que, quiera o no, le han metido en una guerra.

Hace una semana Europa se volvió a ver azotada por el fanatismo, esta vez de signo islamista. Tras diecisiete víctimas mortales y una manifestación que llenó las calles de París como sólo aquel que viviera la liberación del yugo nazi recuerda llega el momento de plantearse qué ha pasado, qué esta pasando y en qué condiciona nuestro futuro.

Lo que ha pasado es el ‘Lusitania’. El ‘Maine’. Pearl Harbor. Es un ataque a traición por parte de la un grupo de fanáticos que quiere imponerse por el terror. ‘Charlie Hebdo’ y su irreverencia no es más que la excusa.

Lo que está pasando es una guerra. Porque eso es lo que es la yihad: una declaración de guerra. El ataque de París es una mínima muestra de lo que el terror de Al Qaeda, Boko Haram y Estado Islámico imponen en su propio mundo. Los fanáticos, antes de exportar el horror, siempre lo ensayan en casa. Y el propio mundo musulmán trata de luchar contra ellos. La inmensa mayoría de las víctimas del islamismo son musulmanes. Conviene no olvidarlo.

Lo que condiciona nuestro futuro es el tiempo: el tiempo que tardará Occidente en asumir que, quiera o no, le han metido en una guerra. Que esa guerra ya existe fuera de nuestras fronteras, y que ignorarla es un acto de crueldad y de negligencia. Y que si bien es cierto que en el pasado reciente las invasiones de Irak y Afganistán levanten todo tipo de sospechas sobre el intervencionismo, piensen que sería de Europa si, por temor a ese mismo intervencionismo, Roosevelt, Churchill y Stalin hubieran pensado que Hitler era un problema de los alemanes, y no de todos. 

Y así es como llegamos a un punto inevitable –y de ahí el título de este texto-: el nazismo. Las diferencias que hay entre el fanatismo islamista y la barbarie nazi son apenas de matiz. Y de volumen de víctimas, al menos en este punto de la historia. Es por eso que la respuesta debe ser contundente y pronta: queda de poco a nada que negociar.  No es el momento de invocar a Chamberlain, sino a Churchill. Porque de la misma manera que los alemanes acabaron entendiendo que los aliados no tenían nada contra ellos, sino contra Hitler, el mundo musulmán empieza a entender que la cuestión no es contra su religión, sino contra los fanáticos. Los que les matan sobre todo a ellos, y también a nosotros.

No es tan difícil de entender, explicado así: París es Pearl Harbor, el Islam moderado –que existe- es a la vez la resistencia francesa y los judíos europeos, Occidente son las potencias aliadas y el fanatismo, Hitler y los suyos.

Sólo falta un nuevo Día-D.

¿Existirá? Debería. Y si todavía creen en una solución diplomática miren la foto y díganme qué se puede negociar con quien proclama como héroes a los Kouachi.

 

 

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