José Carlos Rodríguez

Monarquía, pandemia y profilaxis

«Desde que Nietzsche proclamó la noticia de que Dios ha muerto, las monarquías cristianas son sistemas políticos republicanos. Eso es lo que podrá salvar la monarquía en España, que Felipe VI y sus sucesores actúen como republicanos ejemplares»

Opinión

Monarquía, pandemia y profilaxis
Foto: Abraham Caro Marin| AP Photo
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Juan Carlos I abandona España para siempre. La Casa Real ha hecho pública una carta en la que el Rey emérito hace referencia a «acontecimientos pasados de mi vida privada», que ni niega ni califica, y cuya repercusión motiva su decisión de exiliarse.

Esta es la última medida de profilaxis adoptada por la Casa Real en plena pandemia. El 15 de marzo le retiró los fondos de la institución. El mismo día, el rey renunció a la herencia económica de su padre, y de cualquier valor «cuyo origen» no fuera conforme a «la legalidad y los criterios de rectitud e integridad que rigen su actividad institucional y privada». Fue muy probablemente Felipe VI quien le obligó a su padre a donar los millones saudíes a Corinna, por no mancharse con ellos.

La pandemia, claro está, es la corrupción. Juan Carlos I ha protegido a los partidos políticos más corruptos de España, y ha ejercido la diplomacia económica, esa que ignora minuciosamente Pedro Sánchez, con gran provecho propio, además del de numerosas empresas españolas.

Felipe VI, el mismo día de su proclamación como Rey de España, dijo que la institución estaría marcada por la ejemplaridad. En estos años ha solicitado auditorías externas para las cuentas de la Casa Real, ha publicado los convenios suscritos, ha reducido su asignación como jefe del Estado, y ha reducido la Casa Real a su estricta familia.

La monarquía vincula la jefatura del Estado a una familia. La persona del rey estaba dotada de un carácter sagrado, aunque no divinal. Hoy hasta la monarquía electiva del Vaticano parece haber perdido esa condición. La inviolabilidad del rey son los restos de un halo de protección moral que rodeaba a la persona como encarnación de la propia nación. Hoy esa protección es sólo legal, de modo que el rey debe defender su institución desde las cualidades más excelsas que se pueda esperar de un dirigente: honradez, respeto y defensa del orden legal y de las libertades, y un insobornable amor por España. En verdad, desde que Nietzsche proclamó la noticia de que Dios ha muerto, las monarquías cristianas son sistemas políticos republicanos. Eso es lo que podrá salvar la monarquía en España, que Felipe VI y sus sucesores actúen como republicanos ejemplares.

Fuera nació, y fuera pasará los últimos días de su vida. «Morir en el exilio debe ser lo peor que le puede pasar a un hombre», dijo Juan Carlos de Borbón a José Luis de Vilallonga. Ahora está dispuesto a pasar por ello como su última contribución a la monarquía, y a España.

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