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Laura Fàbregas

Gracias Luna

«Una vez leí que dar y recibir las gracias es un gesto fácil de hacer, y que nos hace más felices»

Opinión

Gracias Luna
Joshua Hoehne Unsplash

Gracias Luna. Esas palabras tan sencillas, pero tan exactas. Y es que no hace falta añadir nada más cuando a la mayoría —entre la que me incluyo— nos costaría dedicar nuestras vidas a la labor humanitaria.

Una vez leí que dar y recibir las gracias es un gesto fácil de hacer, y que nos hace más felices. Yo intento aplicarlo en mi vida: ser agradecida con quienes me ayudan por el camino. Con el portero, la vecina o un buen jefe.

Lo peor de las redes sociales es que son una vía de entrada al totalitarismo. Se acaba descalificando a una persona, como Luna, por sus ideas políticas. Cuando el respeto a los demás debería basarse, también, en reconocer una buena conducta, sin importar qué opina sobre Palestina o el PP. Disentir con ella no debería nublar la vista a nadie para apreciar su humanidad.

Pero el motor de Twitter es el odio, y en uno y otro lado suele haber demasiado indignado. Mi máxima es intentar reírme sin escandalizarme ni sentirme provocada. Y silenciar los comentarios de los odiadores para no amargarme la mañana. Pero a veces, parafraseando al cineasta Jonas Mekas, «es el bien y la belleza lo que necesita de nuestros cuidados», ya que «el mal y la fealdad se cuidarán solos».

No sé si son peores los odiadores, que ven acoso sexual donde solo hay un hombre desesperado en busca de ayuda y consuelo, o aquellos cuyo escepticismo sistemático ante el buenismo de la izquierda les lleva, al final, a la indiferencia y el cinismo.

A veces, más vale dar las gracias y callar.

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