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Ignacio Vidal-Folch

Por si llega la Tercera Guerra Mundial, repaso la segunda

«Klemperer y Jünger son mis lecturas (mejor dicho, mis relecturas) de estos días en que observo con preocupación la situación general»

Opinión
Por si llega la Tercera Guerra Mundial, repaso la segunda

Ernst Jünger, 1920.|Wikimedia Commons

Un joven periodista de Apostrophe le preguntó a Jünger

–En los años 40, cuando usted estaba en París, formando parte del Ejército de ocupación alemán, se puso a leer la Biblia de principio a fin. Eso por lo menos es lo que cuenta en sus diarios, ¿es así?

–Sí, es cierto.

–¿Y por qué precisamente la Biblia y no cualquier otro texto, si usted visitaba tanto las librerías y hacía compras muy sustanciosas?

Y Jünger responde:

–Leí la Biblia porque la situación en que me encontraba era tan apurada que para encontrar algún amparo no bastaba con la literatura ni con la ciencia. Se requería algo más.

El periodista le pregunta: 

–¿Qué era lo que se requería?

La religión

Los Diarios de Jünger durante la segunda guerra mundial, muy bien traducidos por Andrés Sánchez Pascual y muy bien editados por Tusquets, están agotados y son imposibles de encontrar en una librería. Sería una lástima que las nuevas generaciones se los perdiesen. Creo que son una brújula muy útil en tiempos atribulados, además del valor de su constante amenidad. Hay lectores perezosos y desatentos que consideran que la sostenida negativa del autor al sentimentalismo es el signo de un alma glacial. Qué le vamos a hacer si la gente ya no sabe leer.

Del primero de los dos volúmenes de que constan esos diarios hay algunos ejemplares de segunda mano accesibles en Iberlibro, al precio de 150, 175 o 200 euros y más, depende de la librería que los anuncie allí. A eso hay que sumar los gastos de envío. El segundo volumen, ignoro el motivo, está más barato, pero en cualquier caso también cuesta lo suyo. Ahora podríamos repetir la cantinela de los vendedores ambulantes de antaño: «Sí, 200 euros. Y no es caro… ¡porque es bueno!» En fin, cabe suponer que esos libros titulados Radiaciones I y Radiaciones II volverán a las librerías en fecha no muy lejana. 

Un problema de escasez editorial parecida, y referente a la misma época histórica (la Segunda Guerra Mundial), que son los formidables diarios de Víctor Klemperer Quiero dar testimonio hasta el final, también muy bien traducidos por Carmen Gauger, lo han resuelto los editores de Galaxia Gutemberg poniéndolos otra vez en circulación en una edición abreviada –algo que puede ser plausible con las anotaciones a menudo repetitivas de Klemperer. Este efecto de repetición moroso y detallista klempereriano puede de entrada hacerse pesado, pero acaba creando en torno al lector una atmósfera envolvente, densa y obsesiva. Supongo que en esta nueva edición, que también es copiosa en papel, esa virtud que a ratos se hace pesada, se conserva, se preserva. 

Klemperer y Jünger son mis lecturas (mejor dicho, mis relecturas) de estos días en que observo con preocupación la situación general, no solo las adversidades y horrores de la guerra, sino cosas que venían ya de antes y que ya apuntaban a un desarrollo posiblemente cataclísmico. Los conflictos y retos que se nos plantean los juzgo irresolubles; sobre ello no me extenderé porque no es grato hacer el papel de Casandra. La serenidad no la busco, como sugiere Holderlin al final de su famoso poema El Archipiélago, en las profundidades del Mediterráneo, sino en los ecos de esos dos espíritus notables que se vieron en situaciones peores, de las que no se veía salida. Ninguna estrella brillaba en la noche solitaria: Jünger, obligado al servicio de un poder demoníaco y sabiendo que le iba a ser muy difícil salir del atolladero, mientras veía a su alrededor derruirse su mundo y morir sus amigos, pensaba de vez en cuando en la escapatoria del suicidio. Por su parte, Klemperer, como alemán de etnia judía,  pronto sabe, mientras sufre minuciosos agravios repugnantes de los que deja constancia, que el campo de exterminio es su destino, del que paradójicamente lo salvó el bombardeo de Dresde: rodeado de incendios y muerte por todas partes aprovechó el caos para arrancarse del abrigo la estrella amarilla y darse a la fuga. 

No solo la experiencia de uno y otro es muy diferente, también el tono. La terrible letanía de Klemperer es más materialista, Jünger lanza la mirada más lejos.

Voy alternando la lectura cotidiana de estos dos libros, a primera hora de la mañana, para empezar el día en serio. El efecto sobre las demás horas es impresionante.

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